El precioso Señor
Jesucristo es
nuestro amigo. Oh,
¡vamos a buscar en realizar esto! No es
meramente una declaración o frase religiosa, sino que
verdaderamente Él es
nuestro amigo. Él es el Hermano que “para la
angustia es nacido”
(Proverbios 17:17), Aquél quien es “más
conjunto que el hermano” (18:24). Quien nunca nos
dejará o que
nunca nos desamparará.
Qué
precioso aún en la tierra tener una amigo
celestial, porque esto ahora nos traé en un grado peqüeno
los gozos del cielo a
nuestros corazones. Esto es exacto lo que nuestro Padre celestial desea
en
cuanto a Sus hijos, que ellos puedan ser tan feliz como son capaces
mientras
están aquí en el cuerpo. Si hubiéramos entrado en
esto, que Aquél quien es “todo él
codiciable” (Cantares 5:16),
está dispuesto hora por hora en ser nuestro Amigo.
Cuando no
podemos dormir en la noche, díle a Cristo,
“Mi precioso Amigo celestial, ¿no me darás un poco de
dormir?” Cuando en dolor,
díle, “Mi precioso Amigo celestial, si te agrada, ¿no me
quitarás éste dolor? Pero
si no, si ves que es mejor que continue, ¡sostenme,
ayúdame, y fortalézame, mi
precioso Amigo celestial!” Cuando nos sentimos solos y cansados,
retorna al
precioso Señor Jesús; Él está dispuesto en
ser nuestro amigo en nuestra
soledad. Por sesenta-dos años y cinco meses, he tenido una amada
esposa, y
ahora en mi año noventa y dos, estoy solo. Pero al andar por mi
cuarto, me
voltéo a mi precioso Señor Jesús, y le digo, “Mi
precioso Señor Jesús, estoy
solo, pero todavía no solo, porque Tú estás
conmigo; Tú eres mi amigo; ahora
Señor, confortame y fortalezame, dá a Tu pobre siervo
todo lo que Tú ves que él
necesita.”
¡Oh,
esta es una realidad, no una fábula, que el Señor
Jesucristo es nuestro amigo! No debemos de estár satisfechos
hasta cuando somos
traídos a esto, que experienciamente conocemos al Señor
Jesucristo en ser
nuestro amigo y habitualmente de ser nuestro amigo. Habitualmente,
nunca
dejándonos, nunca abandonándonos, en todos tiempos y bajo
todas circunstancias
dispuesto para probarse en ser nuestro amigo.
No meramente
está dispuesto para concedernos esto por
unos cuantos de meses, o por un año o dos, sino hasta el mismo
fin de nuestra
peregrinaje terrenal. David, en el Salmo 23, dice: “Aunque
ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno;
porque tú estarás conmigo” (v.4). Oh, ¡qué
precioso es esto! Porque
éste “Bello” viene otra vez, y pronto. Pronto
vendrá otra vez; y luego nos llevará a nuestro hogar y
allí estaremos con Él
para siempre. Oh, ¡qué precioso es ese prospecto glorioso
y brillante! Aquí
otra vez el punto práctico es de apropiar esto para nosotros
mismos. “Él viene
para llevarme a mi – pobre, culpable, indigno, merecido del infierno - Él viene para llevarme para sí
mismo.” Y al
grado en que entramos a estas cosas gloriosas, ¡los gozos del
cielo ya han
comenzado!
Referencia:
Extracto de un mensaje dado en la
Conferencia Clifton, 1896