Mi Amigo Celestial
Por Jórge Müeller

Traducido por Lasaro Flores

El precioso Señor Jesucristo es nuestro amigo. Oh, ¡vamos a buscar en realizar esto! No es meramente una declaración o frase religiosa, sino que verdaderamente Él es nuestro amigo. Él es el Hermano que para la angustia es nacido” (Proverbios 17:17), Aquél quien es “más conjunto que el hermano” (18:24). Quien nunca nos dejará o que nunca nos desamparará.

Qué precioso aún en la tierra tener una amigo celestial, porque esto ahora nos traé en un grado peqüeno los gozos del cielo a nuestros corazones. Esto es exacto lo que nuestro Padre celestial desea en cuanto a Sus hijos, que ellos puedan ser tan feliz como son capaces mientras están aquí en el cuerpo. Si hubiéramos entrado en esto, que Aquél quien es “todo él codiciable” (Cantares 5:16), está dispuesto hora por hora en ser nuestro Amigo.

Cuando no podemos dormir en la noche, díle a Cristo, “Mi precioso Amigo celestial, ¿no me darás un poco de dormir?” Cuando en dolor, díle, “Mi precioso Amigo celestial, si te agrada, ¿no me quitarás éste dolor? Pero si no, si ves que es mejor que continue, ¡sostenme, ayúdame, y fortalézame, mi precioso Amigo celestial!” Cuando nos sentimos solos y cansados, retorna al precioso Señor Jesús; Él está dispuesto en ser nuestro amigo en nuestra soledad. Por sesenta-dos años y cinco meses, he tenido una amada esposa, y ahora en mi año noventa y dos, estoy solo. Pero al andar por mi cuarto, me voltéo a mi precioso Señor Jesús, y le digo, “Mi precioso Señor Jesús, estoy solo, pero todavía no solo, porque Tú estás conmigo; Tú eres mi amigo; ahora Señor, confortame y fortalezame, dá a Tu pobre siervo todo lo que Tú ves que él necesita.”

¡Oh, esta es una realidad, no una fábula, que el Señor Jesucristo es nuestro amigo! No debemos de estár satisfechos hasta cuando somos traídos a esto, que experienciamente conocemos al Señor Jesucristo en ser nuestro amigo y habitualmente de ser nuestro amigo. Habitualmente, nunca dejándonos, nunca abandonándonos, en todos tiempos y bajo todas circunstancias dispuesto para probarse en ser nuestro amigo.

No meramente está dispuesto para concedernos esto por unos cuantos de meses, o por un año o dos, sino hasta el mismo fin de nuestra peregrinaje terrenal. David, en el Salmo 23, dice: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo” (v.4). Oh, ¡qué precioso es esto! Porque éste “Bello” viene otra vez, y pronto. Pronto vendrá otra vez; y luego nos llevará a nuestro hogar y allí estaremos con Él para siempre. Oh, ¡qué precioso es ese prospecto glorioso y brillante! Aquí otra vez el punto práctico es de apropiar esto para nosotros mismos. “Él viene para llevarme a mi – pobre, culpable, indigno, merecido del infierno -  Él viene para llevarme para sí mismo.” Y al grado en que entramos a estas cosas gloriosas, ¡los gozos del cielo ya han comenzado!

Referencia: Extracto de un mensaje dado en la Conferencia Clifton, 1896