¡ANDANDO CON DIOS!

(Escrituras Seleccionadas) 

Nosotros, que profesamos el Nombre del Señor Jesucristo, debemos tener una relación tan íntima y apegada con nuestro Señor que nuestro testimonio a los de alrededor de nosotros es que andamos con Dios. ¡Es bastante diferente para uno profesar ser un "cristiano" que para uno exhibir una vida tan santa que sería aparente a ésos que nos ven cada día que "andamos el hablar", es decir vivimos realmente lo que reclamamos de ser!

Pero honestamente, ¿de cuántos de nosotros "cristianos" se puede decir como fue dicho de algunos de los santos en las Sagradas Escrituras que ellos andaban con Dios? No obstante, temo que nuestro testigo se ha tan empeorado que raramente se pueden encontrar hombres y a mujeres verdaderamente santos en nuestro tiempo y edad. Con todo, es dicho de Enoc que él “caminó…con Dios” (Génesis 5:22, 24); y como también de Noah que él “con Dios caminó” (6:9).

Por supuesto, eso no significa que no habían algunos otros santos que andaban con Dios simplemente porque no es dicho específicamente que ellos andaban con Dios. De Abraham es dicho que él era “Amigo de Dios” (Santiago 2:23); y luego David mismo dice, “Mi corazón está firme, oh Dios, mi corazón está firme” (Salmo 57:7), indicando que “porque de él (es decir, el corazón) mana la vida” (Proverbios 4:23) “su corazón está firme, confiado en Jehová” como dice en otro lugar (Salmo 112:7). No nos olvidemos del apóstol Pablo cuando digo: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1:21). Todo esto sólo puede ser verdad para uno que anda con Dios. ¿Puede ser eso verdad de nosotros; especialmente es verdad de mí?

Amados, teniendo en cuenta los tiempos en que estamos, yo creo que es de la suma importancia que nos encontremos andando con Dios. ¿Por qué? Porque si no estamos, ¡entonces tenemos que confesar que andamos aparte de El! Si eso es el caso, podemos encontrarnos en una posición muy precaria; porque ¿cómo podemos tener la “plena certidumbre de fe” (Hebreos 10:22) si no andamos con Él? Es sólo cuando andamos con Él, que “aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo” (Salmo 23:4). Andar con Dios es la garantía que no importa lo que atravesemos, saldremos al otro lado en victoria; porque como leemos en Isaías: “Cuando pasares por las aguas, yo seré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pasares por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti” (43:2). ¡Aleluya!

Ahora, ¿qué es el andar con Dios? Aunque mucho pueda ser aprendido estudiando de Enoc y de Noe en cuanto a su andar con Dios, iría más allá del alcance de nuestro mensaje para hacerlo en este momento. Lo qué querríamos hacer es en contestar la pregunta por mirar a algunas cosas que son implicadas en andar con Dios. Tan verdadero como lo era con estos dos santos, también podemos decir que debe ser verdad de cada uno de nosotros que profesamos el Nombre del Señor Jesucristo. Lo qué es verdad de Enoc, Noe, Abraham, David, Pablo, etc. será evidente en nuestras vidas si andamos con Dios. Por lo tanto, para contestar nuestra pregunta tenemos que mirarnos a la luz de las Sagradas Escrituras para ver si nosotros también andamos con Dios.

Así que, la primera cosa que encontramos acercas de andar con Dios es que "por fe andamos, no por vista" (2 Corintios 5:7). De hecho, es dicho que “sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6). Tanto Enoc como Noe, y los demás, son llamados hombres de fe (Hebreos 11). Pero es importante notar en que esa “fe” no es simplemente "creer"; ¡sino también tener una persuasión, la convicción, la dependencia en el que uno tiene “fe”! ¡Sin esta clase de “fe” es imposible andar con Dios! Por el otro lado, ¡teniendo la fe verdadera en Dios causará que el creyente no sólo fíese de Él, pero también obedecerle para agradarle! La pregunta de ser contestada es esta: ¿Es esta la clase de fe que tengo que muestra que ando con Dios? Ya ven, muchos pueden reclamar que ellos tienen fe en Dios, y ¡todavía sus vidas demuestran que ellos no andan con Él! Pero no nos olvidemos que esta “fe” sólo puede ser verdad en el Señor Jesucristo; porque andar con Dios es vivir “en la fe del Hijo de Dios” (Gálatas 2:20).  

La segunda cosa que vemos es que andar con Dios tiene que ver con el acuerdo. Note lo que el profeta Amos nos dice en el capítulo 3, verso 3: “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” En otras palabras, es una imposibilidad andar con Dios a menos que hay una unidad fija con Él. Es decir, de nuestro lado nosotros concordamos en andar con Él como Él quiere que nosotros andemos; pero de Su lado Él concuerda que andamos como Él ha determinado que habemos de andar. Para ponerlo en otra manera: Si nuestras vidas están de acuerdo con una semejanza de Cristo, entonces tenemos el testimonio que andamos con Dios; pero cualquier desobediencia de cualquier forma a este acuerdo es de hacer lo que el apóstol Juan dice: “Si decimos que tenemos comunión con Él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad” (1 Juan 1:6). ¡Cómo podemos aseguramos que andamos de acuerdo con Dios cada día si no andamos con el Señor Jesús de día a día!

Luego, en el tercer lugar, para andar con Dios es de andar conforme a Su Palabra. ¿Puede imaginarse uno reclamar andar con Dios, pero al mismo tiempo vivir contrario a Su Palabra? El Señor Jesús pregunta: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” (Lucas 6:46). La fe y el acuerdo son elementos muy esenciales en nuestra obediencia a Dios. ¿Cómo podemos decir que creemos a, y concordamos con, Dios y todavía desatendemos al mismo tiempo Su Palabra a nosotros? Su Palabra nos dice cómo debemos andar con Él, mientras al mismo tiempo Su Palabra nos muestra si andamos con Él. Recuerde: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105). Por lo tanto, como andamos en la Palabra de Dios, entonces estamos andando con Él; porque eso es lo que somos enseñados por Su Palabra: “Éste es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda” (Isaías 30:21). Pero otra vez, no nos olvidemos que para andar en la Palabra Escrita, también es de andar con la Palabra Viva, quien “fue hecho carne” (Juan 1:14), es decir el Señor Jesucristo como nuestro Salvador; “porque sin (él) nada podéis hacer” (15:5).

En el cuarto lugar, para andar con Dios es de andar en la santidad. Pedro nos dice en su primera epístola: “Así como Aquél que os llamó es santo, así también vosotros sed santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1:15, 16). ¡”Toda…manera de vivir” simplemente significa que en todo aspecto de nuestras vidas debemos de ser santos! Otra vez, es imposible andar con Dios sin la santidad en nuestras vidas. Por supuesto, esto no significa que nunca vendremos a llegar ser corto de ello, ni nunca fallamos; pero habrá un curso general de la santidad en nuestras vidas en mantenernos cercas a Él. Pero no yerre: La santidad es un elemento esencial en nuestra relación con Dios, que es determinado por la clase de relación que tenemos con el Señor Jesucristo en nuestro andar diario con Él; por lo tanto, seamos recordados que debemos “seguir…la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14).

Subsiguientemente, en el quinto lugar, para andar con Dios es de andar en el Espíritu. Leemos en Gálatas que “si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu” (5:25). Me gusta la manera que el Comentario de Barnes lo pone: "Nosotros que somos cristianos profesamos de estar bajo las influencias del Espíritu Santo. Por sus influencias y agencia es nuestra vida espiritual. Profesamos de no estar bajo el dominio de la carne; no ser controlado por sus apetitos y deseos. Entonces actuemos en esta manera, y como si creemos esto. Vamos a rendirnos a sus influencias, y mostrar que somos controlados por ese Espíritu". Andar con Dios es de andar llenó del Espíritu Santo; o como Pablo nos dice en Romanos 8:5, “Porque los que son de la carne, en las cosas de la carne piensan; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu”. Por lo tanto, para andar con Dios es de ser morado por el Espíritu Santo, que es la promesa que nos es dada en Jesucristo. Gálatas 3:14; compare 5:22, 23.

Luego, hallamos que en el sexto lugar para andar con Dios es de andar en Su amor. “Sed, pues, seguidores de Dios como hijos amados; y andad en amor, como también Cristo nos amó…” (Efesios 5:1, 2). De hecho, la característica sobresaliente del andar del cristiano con Dios es el AMOR. Algún tiempo pasado leí en algún lugar el testimonio que fue dado de los creyentes primitivos por alguien, "Ven, ¡cómo ellos se aman uno al otro"! Aún el Señor Jesús nos dice que “en (el amor) conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:35). Es verdad que debemos de amar a nuestros enemigos (Mateo 5:44) y nuestro prójimo (Mateo 22:39); pero oh, ¡cómo debemos de amarnos el uno al otro en la familia de Dios! Sí, para andar con Dios es de amarnos unos al otro con Su amor; y ¡qué ejemplo más grande hay que del Señor Jesucristo, “el cual (nos) amó y se entregó a sí mismo por (nosotros)” (Gálatas 2:20)! Si ando en el amor, entonces estoy andando con Dios en Jesucristo. Amén.

Por último, en el séptimo lugar, para andar con Dios es de andar con el Señor Jesucristo como Salvador. Por este punto quiero acentuar que tiene que haber una relación personal de salvación con Él para que uno puede andar con Dios, como notado de Enoc y Noé. Aunque sea triste decirlo, la frase "andando con Dios" puede a veces ser aceptado en una manera muy genérica; pero para uno verdaderamente "andar con Dios", SOLO puede ser verdad en Cristo. Tiene que haber un tiempo cuando una persona experimenta la gracia de Dios en la que Él nos hace aceptos en Su amado Hijo (Efesios 1:6), y por fe en Él entramos en una relación de salvación con Dios para que ahora podamos andar con Él. Aparte de esta salvación, usted y yo no podemos andar con Dios. El Señor Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Si no podemos ir al Padre sino por Él, ¡cuánto más no podemos andar con Dios aparte de Él!

¡Ahora, en terminar, ¿puedo decir yo que estas cosas son verdad de mí en mi propia vida? ¿Verdaderamente estoy yo andando con Dios de modo que cualquiera que me ve puede decir que lo estoy? ¿Soy yo suficiente confiado que podría poner mi nombre en lugar de Enoc o Noé? ¡Temo que muchos de nosotros tendríamos que colgar hacia abajo nuestras cabezas y confesar que no lo estamos! ¡Hemos permitido que demasiadas cosas del mundo e incluso nuestros propios pecados tal nos dictan, e incluso cediéndonos ante ellos, que nos han robado del gozo y la victoria que podemos tener andando con el Señor en cada día! Ah, ¿qué podemos hacer? Hay sólo un curso que podemos tomar: Tenemos que humillarnos y reconocer nuestra necesidad de avivamiento, la renovación, la restauración y la reformación en nuestro andar con Dios. ¡Puedan nuestros corazones y labios exclamar por la misericordia y el perdón al buscar Su rostro en la oración ferviente con la determinación de voltearnos de nuestros malos caminos; porque tales son ellos si no estamos andando con Dios! Pero no esperemos otro día, otra hora, aún otro minuto…. ¡Vamos hacerlo AHORA! Sí, amados, vamos a comenzar ANDAR CON DIOS para que Su gracia resplandezca para Su gloria en Jesucristo. Amén.