Avivamiento
Traducido
por Lasaro Flores
En
1855 el Rev. J. H. Moore, el pastor de la Iglesia Presbiteriana en
Connor, en Irlanda del Norte, instó uno de sus jóvenes a
hacer "algo
más" para Dios. "¿No podrías reunir por lo menos a
seis de tus
vecinos descuidados y gastar una hora con ellos en la lectura y el
escudriñar
de la Palabra de Dios?" El joven concordó en procurar "algo
más." Y el resultado era el comienzo de la escuela dominical de
Tannybrake.
Después de la labor de dos años, los maestros de esta
escuela pequeña hicieron
otra vez "algo más." Ellos pidieron a los padres de los
niños que
vinieran a una reunión para la oración y la lectura
Bíblica al cerrar de la
escuela. Sólo uno respondió al principio, pero la
reunión creció, y pronto la
Reunión de Oración de los Maestros de la Escuela
Dominical llegó a ser intensamente
interesante, porque el Espíritu de Dios vino vertiéndose
por este canal
recientemente abierto. "Cristo y la Cruz" llegó a ser el tema
absorbente de la reunión.
Un
deseo intenso para ganar almas para Cristo se agarró de los
obreros.
Entre esta gente de oración estaban cuatro jóvenes -
Meneely, Wallace, y
Carlisle – quienes estaban muy totalmente atados juntos en la
comunión de la
oración. La historia de George Mueller apresuró dentro de
ellos una fe poderosa
en Dios como el oyente de la oración. Ellos comenzaron a
reunirse regularmente
en la escuela vieja de Kells, derramando sus corazones en la
súplica apasionada
para un avivamiento. Hermanos del mismo pensar se unieron con ellos:
Ahora las
conversiones decididas que claramente seguían la oración
definida e insistente,
mucho los alentó. En 1858 vino las noticias del despertamiento
en América.
Ellos oyeron cómo en Nueva York 12.000 empresarios se juntaban
diariamente para
la oración. Como Jacob, ellos lloraron, "¡No te dejamos
ir, a menos que Tú
nos bendigas!" Ni fue la respuesta demorada. Las reuniones de
oración se
multiplicaron por todas partes alrededor de ellos: Conversiones diarias
sucedieron. Pronto Connor fue manifiestamente encendida con el fuego
santo. En
1859 el fuego celestial saltaba y se esparcía en todas
direcciones….
Había
una obra maravillosa entre los niños. La bendición
había venido a
Coleraine, y un día el profesor observó que un chico
estaba tan molestado que
él fue bastante inhabilitado para las lecciones. Él
bondadosamente lo mandó a
casa en la compañía de un chico más viejo que ya
había encontrado la paz. Cuando
los dos muchachos iban en su camino ellos vieron una casa vacía,
y entraron
para orar. Mientras ellos se arrodillaron, la carga dolorosa se
alzó del
corazón del chico. Él saltó a sus pies en un
transporte de alegría. Volviendo a
la escuela, él correo al maestro y con una cara radiante,
gritó, "Ah, ¡soy
tan feliz! Tengo al Señor Jesús en mi corazón”. El
efecto de estas palabras fue
muy inmenso. Chico tras chico se levantó y en silencio salieron
del cuarto. En seguida
el maestro los siguió y descubrió a sus chicos recorridos
al costado de la
pared del campo de juegos, ¡cada uno aparte y de rodillas! Muy
pronto las oraciones
silencias de ellos llegó a ser un grito amargo. Fue oído
por ésos dentro y
penetró los corazones. Ellos se lanzaron a sí mismos
sobre sus rodillas, y el grito
de ellos por la misericordia fue oído en el aula de las chicas
arriba. En unos
pocos momentos la escuela entera estaba sobre sus rodillas, y su gime
de pena
fue oído en la calle. Los vecinos y los transeúntes
vinieron congregándose, y
cuando ellos cruzaron el umbral, todos vinieron bajo el mismo poder de
convicción. Cada espacio fue llenado de hombres, mujeres, y los
niños que
buscaban a Dios.
Los ministros del pueblo y los
hombres de oración fueron llamados, y el día entero fue
gastado a dirigir estos
acompañantes dolientes al Señor Jesús. Esa escuela
resultó para muchos ser la
casa de Dios y la misma puerta del cielo. Complació a Dios para
utilizar, en
una manera muy notable, el testimonio sencillo de los cuatro
jóvenes de Connor.
Por ellos el avivamiento alcanzó la capital. Los ministros que
habían trabajado
duro en balde por años se encontraron a sí mismos de
repente rodeados por las
almas enfermas del pecado que claman por la Palabra vivificadora. Pero
por la
cooperación amorosa de maestros de la escuela dominical y otros
amigos, ellos
habrían sido agotados rápidamente con el trabajo.
Reuniones vastas y memorables
fueron tenidas. Los distritos notorios como las escenas de la
disensión del
partido, testificaron del triunfo del Evangelio de la paz. Los
adversarios amargos
se arrodillaron juntos a los pies del Salvador. Belfast llegó a
ser como una
ciudad de Dios.
(From Old Time
Revivals by
John Shearer).