Por Jay
Rogers
Publicado Noviembre 1989
Traducido por Lasaro
Uno
de los versos mejores conocidos en la Biblia es Habacuc 2:14: “Porque la tierra será llena del
conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el
mar”.
Pero
hay un verso menos conocido en Habacuc: “Oh
Jehová, he oído tu palabra, y temí: Oh
Jehová, aviva tu obra en
medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer; En la ira
acuérdate de la misericordia” (Habacuc 3:2).
La
oración de Habacuc es un requisito necesitado con
anticipación para
que la gloria de Dios llene la tierra. Antes que tal grande
despertamiento
suceda tiene que haber un avivamiento grande de oración en la
Iglesia.
Avivamiento
Desde
que yo he sido un cristiano, he oído mucho acerca de
avivamiento.
He oído a personas orando por avivamiento y hablando acercas de
avivamiento. He
leído muchos libros con respecto del avivamiento. Todavía
pocos de los
cristianos con quienes he hablado pueden reclamar de haber
experimentado avivamiento.
Parece ser tan evasivo. El consenso es que hay un batir sucediendo y
muchos
anticipan un movimiento fuerte del Espíritu Santo en la Iglesia.
Va haber un
avivamiento en la tierra. Pero yo a menudo me he preguntado,
"¿De verdad
sabemos lo qué es un avivamiento?”
Salmo
85:6 dice: “¿No volverás a
darnos vida, para que tu pueblo se regocije en ti?”
El
avivamiento viene de la palabra "avivar" cuál significa
literalmente "vivir otra vez" o "regresar a vida". La falta
de la presencia de Dios en reuniones de la iglesia y los numerosos
problemas en
la iglesia son vistos ser evidencia de la necesidad de avivamiento.
Pero yo a
menudo me pregunto – si nosotros nunca hemos experimentado el
avivamiento,
entonces ¿cómo sabemos lo que es? Y si nosotros no
sabemos lo que es, entonces ¿cómo
podemos estar tan seguros que deseamos el avivamiento?
Aplique
esta ilustración a usted mismo. El avivamiento significa de
regresar a vida. Pero esto implica algo más – decir que
usted necesita de
regresar a vida es de decir que usted está muerto. Esta es una
revelación
sorprendente. El avivamiento sólo puede venir cuando usted
admite que usted
está muerto y muy lejos de Dios. ¿Necesita usted el
avivamiento hoy? ¿En verdad
sí?
Si
usted mismo se ve como vivo y todavía siente que algo falta en
su
vida espiritual, entonces es la vida natural, o la carne, que
todavía tiene que
morirse.
"El
yo es el velo opaco que oculta el rostro de Dios de nosotros.
Sólo puede ser quitado en la experiencia espiritual, nunca por
mera
instrucción. Tan bien nosotros trataríamos de instruir la
lepra fuera de
nuestro sistema. Debe haber una obra de Dios de destrucción
antes que seamos
puestos en libertad. Nos recordaremos que cuando hablamos de romper el
velo que
hablamos en una figura, y el pensamiento de ello es poético,
casi agradable,
pero en la realidad no hay nada agradable acerca de ello. Nunca es un
divertido
morirse. En rasgar por lo que es estimado y tierno de lo cuál la
vida es hecha
nunca puede ser nada sino profundamente doloroso. Mas esto es lo que la
cruz
hizo a Jesús y es lo que la cruz haría a cada hombre para
ponerlo en libertad"
(A.W. Tozer, The Pursuit of God).
¿Cuánto
de su propia vida es actividad solamente religiosa y cuánto de
ella verdaderamente nace de Dios? ¿Permite usted al
Espíritu Santo realizar su
vida? ¿O tiene usted su propio orden del día? Usted puede
estar sobresaliendo
espiritualmente comparado con otros, pero sin avivamiento esta es
todavía una
experiencia de estado existente. Incluso si usted sea por encima de lo
mediano
comparado a otros, todavía es muy religioso.
Esta
revelación desafía todo lo que parece ser un movimiento
del
Espíritu Santo en la Iglesia. Aunque muchos parezcan tener una
medida de la
Presencia de Dios en sus vidas, la mayoría de los cristianos
dependen de la
fuerzas de su propia carne y mucha de su
actividad está desprovisto de la Presencia del Espíritu
Santo.
Antes Que Venga El Avivamiento la Iglesia Tiene Que
Morir
El
contraste entre una experiencia religiosa y un avivamiento verdadero
es visto en
Simon
el Fariseo esta contento en tener a Jesús, un gran profeta, a su
mesa y oír su enseñanza. Quizás él
podrá picotear Su cerebro por alguna materia
interesante de sermón, o ganar algún conocimiento
profundo de las escrituras. Él
es perturbado por esta mujer, una pecadora repulsiva, quien
continúa a los pies
de Jesús. A su consternación, Jesús no parece
tener cuidado y sigue enseñando:
“Entonces respondiendo Jesús,
le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él dijo:
Di,
La
mujer en este pasaje no tiene nombre. Ella es de ninguna
posición en
la sociedad; ella tiene ninguna reputación. Simon era un hombre
de gran
reputación – un maestro entre los judíos, el pueblo
escogido de Dios. Mas la
mujer fue más estimada sumamente en los ojos de Jesús.
“Vuelto (Jesús) a la mujer,
dijo a Simón: ¿Ves esta mujer?” Jesús
pudo alabar la persona
de estima baja porque ella vio su posición desesperada en la
vida. Ella se
humilló, bajándose a los pies de Jesús' y muda
muchas lágrimas. Su amor por Jesús
consistió en un gran conocimiento de su necesidad y un
agradecimiento profundo
por Jesús como Salvador suya.
Simon
el Fariseo, por el otro lado, fue farisaico. Él ya había
llegado a
una posición alta en la vida y no percibía una grande
necesidad espiritual en
él mismo. Él se vio como ya teniendo gran favor con Dios.
Simon miró a Jesús
únicamente para el estímulo intelectual. Simon fue
absorbido en Jesús'
enseñando y descuidó de su gran necesidad para la
salvación espiritual. Jesús
volteo a Simon y lo reprendió, “No me
diste agua para mis pies;… No me diste beso,… No ungiste
mi cabeza con aceite”.
Ahora
yo le pregunto – sed honesto con usted mismo – cuál
de estas
personas se parece usted más – ¿Simon o la mujer?
¿Cuándo fue la última vez que
usted verdaderamente lloró ante el Señor?
¿Cuándo fue la última vez que
verdaderamente usted dio gracias a Jesús por redimir su vida del
hoyo? ¿Es usted
como la mujer pecadora que bañó los pies de Jesús
con sus lágrimas? – O ¿es
usted como Simon que miró a Jesús para alimentar su
intelecto? Aunque la cabeza
era hinchada con la teología, su corazón estaba encogido
y tibio.
La
mujer en esta historia trajo una caja de alabastro de ungüento.
Haya
en aquellos días el perfume era muy carísimo – una
persona tendría que gastar
los ahorros de una vida para comprar suficiente perfume para ungir a
otra
persona. La mujer vino con sólo un propósito –
adorar a Jesús. Ella vertió su
vida a Sus pies, entonces al limpiarlo con sus lágrimas y pelo,
el perfume de
Dios regresó sobre ella.
Si
usted desea el perfume de Dios en su vida entonces debe pasar tiempo
amando
a Jesús y vertiendo su vida para Él. Dios no es
impresionado con sus talentos
naturales ni su intelecto. La chapa brillante de la religión es
más repulsiva a
Jesús que el pecado de una ramera. Usted puede tener tres grados
y un
coeficiente intelectual colosal pero si usted no es íntimo con
Él entonces está
muerto y necesita avivamiento.
Así, ¿Qué Es Avivamiento?
Es
una realización de una grande necesidad de perdón, una
convicción
profunda del pecado, seguido por el arrepentimiento y una experiencia
fresca de
una obediencia alegre. Esta experiencia empieza con la santidad
personal y
tiene como resultado la transformación de la sociedad. A.W.
Tozer ha dicho,
"El avivamiento cambia el clima moral de una comunidad".
“¿No volverás a darnos vida,
para que tu pueblo se regocije en ti?”
La
característica más grande de avivamiento es el gran gozo
hallado en el
pueblo de Dios por la obra que Él ha hecho en sus vidas. Un
pueblo avivado habla
sólo de amar a Jesús. Ellos tienen un conjunto de
doctrinas pero éstos son
meramente enseñanzas primarias. Ellos han pasado a una
relación apasionada de
amor con el Salvador suyo. Sus vidas son un testimonio de su santidad.
Por
supuesto, es importante recibir la enseñanza bíblicamente
equilibrada.
Pero si usted es como la mayoría de los cristianos en
América hoy, usted ya ha
sido hundido en suficiente enseñanza para salvar a China. La
gran necesidad
para la Iglesia de hoy no es más enseñaza, sino la
realización de la necesidad
y la convicción.
Hemos
llegado a ser como la iglesia en Laodicea. Jesús nos llama, “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo”.
Aunque parezcamos ser ricos en Dios en lo superficie, en nuestros
corazones hemos
llegado a ser miserables, despreciables, pobres, ciegos y desnudos.
Muchas iglesias
en América hoy son entre las más ricas y más
prósperas que jamás ha parecido en
el mundo. Y ¡todavía Jesús esta golpeando a la
puerta! Mientras muchos
sobresalen entre sus iguales, pocos están cambiando el clima
moral de nuestra
nación. La mayoría de las experiencias espirituales se
quedan dentro de las
cuatro paredes del edificio de la iglesia, pero poco surge a fuera.
Sólo
necesitamos mirar a los grandes despertamientos de siglos pasados para
ver que la Iglesia se ha caído de grandes alturas. Los hombres
que dirigieron
estos grandes despertamientos eran hombres ordinarios. Ellos eran
inteligentes,
pero ellos no llevaban ninguna de las marcas distintivas que
acompaña los que
son capaces de cambiar una nación. No hay dinero ni fama
aquí – ni el poder ni
el prestigio. De hecho, la característica más grande de
estos hombres fue que
ellos estaban consumidos con un amor apasionado para Jesucristo. Ellos
eran
hombres humildes que amaban la santidad de Dios. Ellos eran celosos de
la
gloria de Dios y se negaron a ceder con los que bajarían el
estándar de Su
santidad. Si nosotros sólo seguiríamos el ejemplo de
ellos entonces la Iglesia sería
reintegrada a un lugar de poder y el mundo sería sacudido por
nuestro
testimonio.
De
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