Arad Para Vosotros Barbecho (Oseas 10:12).

Por Johnny Truelove

Traducido por Lasaro Flores

Oseas trabajó bajo una carga tremenda por sus oyentes. Él lo toma muy personalmente que sus parientes habían abandonado a Dios para consentir en la idolatría. Su mismo nombre quiere decir "ayuda" o más apropiadamente, "Dios es ayuda". El mensaje de Oseas era doble. El gran amor de Jehová para Su pueblo del pacto y del pecado terrible y la apatía hacia Jehová de la nación. Este libro no es solo los paseos intelectuales de un profeta campiña, sino un mensaje del corazón intentado para alcanzar el corazón. Ah, ¡qué Dios nos concediera a unos mas Oseas para llamar a esta generación de la cristiandad profesa a regresar a Dios!

Cuándo llegamos al capítulo 10 de Oseas, encontramos al pueblo de Dios asemejados a rameras quienes persiguen detrás de amores falsos. Ellos son prósperos, pero como la iglesia en Laodicea, están bancarrotados espiritualmente y moralmente.

En el verso 12 encontramos la llamada del profeta al arrepentimiento. Este es el mismo deber que hoy nosotros somos requeridos como los ministros del evangelio. Oseas estaba concernido por el estado y el bienestar espirituales de ellos, enterado de los resultados de ser obstinado con Dios. Esta no es su primera súplica de volver a Dios, porque hay muchos en los capítulos y versos anteriores.   <>Él los exhorta a “arad para vosotros barbecho”. Eso es, quebrantar los terrones y áreas duras de nuestros corazones. Como Matthew Poole tan aptamente lo pone, "sus corazones habían sido sobrecrecidos con malas hierbas y necesitaban ser arados y quebrantados y plantados con la semilla buena para que puédanos dar a luz fruto en una vida santa, de un corazón santo, y obtener la misericordia de Dios". 

¿Cuándo debe suceder esto? La indicación es -- ¡ahora! “Es el tiempo (ahora) de buscar á Jehová”. Dios se había retirado (5:6) a causa del pecado de ellos. Oseas los llama a arrepentirse y volver a Dios para que Él pueda volver a ellos en el poder de avivamiento. “Hasta que venga y os enseñe justicia” -- eso es -- derramar Su poder, la bondad, y la misericordia. Ah, ¡qué Dios limpiara nuestros corazones de sus afectos corruptos e hierbas asquerosas! Es el corazón quebrantado y contrito que Dios honra (Salmo 51:17). Nuestras iglesias están llenas de los que aran la maldad y siembran la iniquidad (Job 4:8; Gálatas 6:7). Como hemos sembrado al viento estamos al presente segando el torbellino (Oseas 8:7).

¿Y que si ellos/nosotros rehusamos de arad el barbecho? Qué si faltamos de arrepentirnos y de regresar, ¿habrá consecuencias? Los versos 14-15 hacen crónica para nosotros de la amenaza de la destrucción total y entera. Yo me asombro de la respuesta que recibo al discutir el estado patético de la iglesia del siglo XXI. A menos que reconozcamos que estamos en un apuro, no huiremos por el refugio y la ayuda. Oseas indica que ha habido una decadencia en el liderazgo (10:15), sus ciudades son débiles y han llegado a ser la fortaleza de los enemigos. El ejército ya no da un sentido de seguridad, y la maldad y el crimen están desenfrenados. Sus ministros o los líderes espirituales habían también caído en el pecado (4:9,10; 9:8,9). Ministros, hasta que nos estemos encontrando con Dios, no podemos esperar que nuestras gentes vivan en una atmósfera de avivamiento. Necesitamos arar y sembrar y cosechar con vistas a Dios y pedir al Señor de la cosecha que nos conceda el arrepentimiento y el avivamiento que tiene como resultado la santidad de la vida (Salmo 72:6).

Tomado de:  Morsels and Tidbits From Charles Vol 2 Issue 9

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