La Convicción Necesaria por el Pecado

Tomado de: Revival! A People Saturated with God, por Brian Edwards.
Copyright 1990 Evangelical Press, Darlington, England.
Usado con permiso.

La Convicción y un Avivamiento de Santidad

La santidad nunca puede ser separada del avivamiento. Si alguna clase de la experiencia espiritual en un individuo, o entre una comunidad, tiene apegado el etiqueta de "avivamiento", siempre debemos de mirar a las vidas de los cristianos y de los nuevos conversos. ¿Son ellos unas personas santas que temen sólo a Dios y al pecado, y que permiten que la Palabra de Dios gobierne sus vidas? Si no, entonces no estamos mirando a un avivamiento. Ni el entusiasmo fuerte ni el silencio sombrío, y ni aún el amor y los regalos, son alguna evidencia necesaria de avivamiento.

Pero una convicción profunda del pecado y una santidad bíblica si son. Dios prefiere la luz a al ardor, y la santidad a la felicidad. Alguien ha descrito el avivamiento como la cima disipándose. Lo es, ¡pero no antes que el fondo se ha caído!

En 2 Crónicas 29 no sólo “santificáronse” los levitas (v. 15) pero ellos y los sacerdotes entraron “dentro de la casa de Jehová para limpiarla (vv. 15-16) Ellos entraron al santuario. La Versión Uniforme Revisada (inglés) lee, "la parte interior de la casa del Señor," y hay dos cosas de notar acercas de la parte interior de la casa del Señor.

Primero, fue esa parte del templo que estaba más lejano de los ojos de los hombres. Ellos podrían haber dejado pasar esto y pocos lo habrían visto. Los sacerdotes podrían haber movido con pala toda la tierra lejos del tribunal exterior y barrido inmaculadamente alrededor del gran altar afuera; ellos podrían haber vaciado el agua caducada y estancada en el gran baño delante del altar y llenadlo con agua fresca. Todos habrían sido muy impresionados.  

Pero en lugar de esto ellos entraron en el santuario y empezaron allí, más lejano de los ojos de los hombres. Dios juzga los secretos del hombre. Y la santidad empieza con una alarma del pecado que queda en acecho en los rincones oscuros de la vida.  

Pablo nunca alentó a sus lectores a solamente hacer promesas a Dios, sino siempre tomar medidas. Él escribe en una manera embotada a los cristianos en Roma: Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado por instrumento de iniquidad; antes presentaos á Dios como vivos de los muertos, y vuestros miembros á Dios por instrumentos de justicia(Romanos 6:13).

Cristo dijo, Bienaventurados los que lloran” (Mateo 5:4), que se refiere a los que sienten su pecado y lloran sobre ello. El pecado es siempre un problema para al cristiano quien esta anhelando el avivamiento, y el avivamiento siempre trata incómodamente con esas cosas el mundo alrededor de nosotros no ve. El avivamiento lanza la luz en los lugares oscuros.

En alentar sus congregaciones en Gales en 1904 en prepararse para avivamiento, Evan Roberts los recordaría que el Espíritu no vendría hasta que las personas fueran preparadas. "Debemos deshacer las iglesias de todo sentimiento malo -- toda malicia, la envidia, el prejuicio, y las equivocaciones. No se incline en oración hasta que todas las ofensas hayan sido perdonadas: pero si usted se siente que no puede perdonar, doblase al polvo, y pide por un espíritu perdonador. Usted entonces lo conseguirá”.

Pero la segunda cosa acercas del santuario es que es más cercano a los ojos de Dios. Era el lugar santo, representando la presencia de Dios entre su pueblo. Sólo el cristiano limpio puede vivir cercas de Dios. En el mismo versículo en 2 Crónicas 29 somos dichos que los levitas trataron con “toda la inmundicia”, y ellos tiraron toda la basura fuera al torrente de Cedrón”. El valle de Cedrón empieza al norte de Jerusalén, pasa el templo y el Monte de Olivos y termina en el Mar Muerto. La mayor parte del año el Valle de Cedrón es un cauce seco del río y cocido por el sol, pero en la estación de las lluvias llega a ser un torrente. Era el punto de basura para la ciudad, porque la basura dejada allí al fin sería barrida a las aguas abajo. El Cedrón representaba una eliminación total, una limpieza general completa. Estos levitas no sólo dejaban la basura fuera del templo.

Por la misma razón, Moisés molió el becerro de Aarón a polvo, el Rey Josías aplastó los altares paganos y los dispersó en el Valle de Cedrón, y los Efesios quemaron sus libros de magia. Cuándo Jesús habló de cortar un miembro ofendedor Él significó que no hay sacrificio demasiado grande para hacernos aptos para que Dios nos utilice. En el Avivamiento los cristianos llorarán sobre sus pecados -- los pecados que al presente ellos entretienen.

De hecho es esta vergüenza sobre los pecados que fueron una vez aceptables de lo que leemos en 2 Crónicas 30:15: Los sacerdotes y los Levitas se santificaron con vergüenza. Todo su pasado pareció venir antes ellos como una grande nube del pecado y ellos estuvieron harto de lo que habían estado entreteniendo por tanto tiempo. Cuándo Ezechías recordó a los líderes del pueblo de la vergüenza pasada (29:6-9), él lo hizo así para esta misma razón: él quiso aún que los líderes espirituales llegaran a ser dolorosamente enterados de cuán lejos la nación había caído -- ¡inclusive ellos mismos!

Debe ser admitido cuándo el avivamiento viene, aquellos quienes que más lo han deseado pueden sufrir lo mayor de las convicciones en ello. El avivamiento siempre toca la conciencia de los que anhelan servirle mucho más. Era mientras los sacerdotes y los levitas estaban dirigentemente ocupados en el avivamiento que ellos llegaron a ser más agudamente avergonzados de su pasado. Según 2 Reyes 18:4 los símbolos de la idolatría y el culto de la diosa de la fertilidad, Astarte, tuvo que ser quitado; los ídolos del dios Baal fueron quitados también (2 Crónicas 28:2). Peor todavía, muchos de ellos fueron recordados del sacrificio de niños que en una vez ellos consintieron (28:3)-- ¡sus propios niños puestos cruelmente a la muerte! Todo esto vinieron vívidamente antes ellos y se avergonzaron.

Es un hecho triste que en tiempos normales los cristianos guardan esas cosas que el avivamiento arrebatará de ellos. En Corea y Borneo los líderes cristianos guardaron sus fetiches y los encantos, pero el avivamiento los hizo tan avergonzado que estas cosas fueron confesadas públicamente. En el día presente los pecados secretos de los cristianos serán introducidos abiertamente en el avivamiento, o por lo menos en la mente del cristiano, y no habrá paz hasta que todo sea confesado y corregido.

Este deseo para ser santo llega a ser una pasión ardiente en el avivamiento, y los cristianos persisten en luchar contra el pecado en sus vidas: Y comenzaron á santificar el primero del mes primero, y á los ocho del mismo mes vinieron al pórtico de Jehová: y santificaron la casa de Jehová en ocho días, y en el dieciséis del mes primero acabaron (2 Crónicas 29:17).

 Aquí hubo una limpieza primaveral de dieciséis días hasta que todo lo que era impuro fue quitado del templo. ¡Los sacerdotes empezaron en el centro y una semana después ellos vinieron hasta el vestíbulo y entonces ellos volvieron a empezar desde cero! Ellos nunca dieron por perdido su guerra contra toda la basura que se había acumulado en el templo.

 Y los sacerdotes informaron a Ezechías, Ya hemos limpiado toda la casa de Jehová, el altar del holocausto, y todos sus instrumentos, y la mesa de la proposición con todos sus utensilios. Asimismo hemos preparado y santificado todos los vasos que en su prevaricación había maltratado el rey Achâz, cuando reinaba: y he aquí están delante del altar de Jehová” (vv.18-19).

El Avivamiento Empieza con la Convicción

El avivamiento es siempre un avivamiento de santidad. Empieza con una convicción terrible del pecado. Es a menudo la forma que lleva esta convicción que molesta a los que leen del avivamiento. A veces la experiencia es moliente. ¡La gente llora incontrolable y peor! Pero no existe el avivamiento sin lágrimas de convicción y pena.

En enero, 1907, Dios se movía en una manera poderosa en el Corea del Norte, y un misionero occidental recordó una escena particular: "Como la oración continuó, un espíritu de pesantez y pena por el pecado cayó sobre la audiencia. En un lado, alguien comenzó a llorar, y en un momento la audiencia entera lloraba. Hombre tras hombre se levantaba, confesaba sus pecados, y demolidos lloraban, y entonces caían al piso y lo golpeaban con puños en angustia perfecta de convicción.

"Mi propio cocinero trató de confesar, pero quebrantado en el medio de ello, lloró a mí a través del cuarto: 'Pastor, dígame, ¿hay esperanza para mí, puedo ser perdonado?' y luego él se tiró al piso y lloró y lloró, y casi chilló en agonía.

"A veces después de una confesión, la audiencia entera se prorrumpía en la oración audible, y el efecto de esa audiencia de centenares de hombres orando juntos audiblemente era algo indescriptible. Otra vez, otra confesión,  y ellos se prorrumpían en un llorar incontrolable, y todos llorábamos, no podíamos resistirlo. Y así que la reunión pasó hasta las dos en punto de la mañana, con el confesar y el llorar y la oración. ...”.

Él pasó a describir una reunión unas pocas noches después cuando muchos cristianos fueron traídos a una convicción profunda del pecado: "Mi último vislumbre de la audiencia es fotografiada de forma indeleble en mi cerebro. Algunos se tiraron a sí mismos a lo largo en el piso, y centenares se pararon con los brazos extendidos hacia el cielo. Cada hombre se olvidó del otro. Cada uno estaba cara a cara con Dios. Puedo oír todavía ese sonido temeroso de centenares de hombres implorando con Dios por la vida, por la misericordia. El grito salió sobre la ciudad hasta que los paganos estuvieron consternados".

Escenas como estas son típicas de casi todo avivamiento registrado. No habrá ningún avivamiento sin la convicción del pecado que sea profunda, incómoda y humillante. Es esta convicción terrible del pecado que llevó a los cristianos congoleños, durante el avivamiento de 1953, en cantar un coro de su propia composición:

Recibe la salvación hoy, Esto es la hora del juicio.

Los misioneros querían cambiar las palabras a 'Esto es la hora de la misericordia’, pero fueron dirigidos a Malaquías 3:2-3: Dios había venido “como fuego purificador”.....

Debemos tener plena conciencia de que esta convicción profunda y dolorosa del pecado es una parte inevitable del avivamiento verdadero. Si todo esto aparece ser una perspectiva espantosa, es de entender bien que Dios lo traerá, y que una convicción profunda, incómoda, y a veces agobiante, es una parte imprescindible del avivamiento. Nosotros a menudo tenemos una vista teñida del avivamiento como un tiempo de gloria y alegría y una hinchazón de números que hacen cola para entrar las iglesias. Eso es sólo parte de la historia.

Antes de la gloria y la alegría, hay la convicción, y esto empieza con el pueblo de Dios. Hay las lágrimas y el dolor según a Dios. Hay las injusticias para ser corregidas, las cosas secretas, más lejanas de los ojos de los hombres, de ser echados afuera, y las relaciones malas, escondidos durante años, de ser reparados abiertamente. Si no estamos preparados para esto, sería mejor no orar por un avivamiento. El avivamiento no es intentado para el placer de la iglesia, sino que es para su purificación.  

Nada de esto nos debe sorprender si entendemos los caminos de Dios en la Biblia. El juicio terrible sobre Uzza por su desprecio descuidado de la desobediencia (2 Samuel 6:6-7) es reflejado con la historia notable de Ananías y Safira en la iglesia primitiva (Hechos 5:1-11). El propósito era el mismo: Y vino un gran temor en toda la iglesia, y en todos los que oyeron estas cosas(Hechos 5:11).

En el avivamiento no hay ninguno en la iglesia y pocos en la comunidad que toma el pecado levemente. Dios hace volver Su ira a la misericordia pero todavía Él hace a Su pueblo "sentir" su pecado. Hoy en estos días tenemos una iglesia impía porque los cristianos no sienten el pecado ni lo temen. El Dios que castigó el pecado de Uzza, y antes de eso, de Achan y de Nadab y Abiú, es todavía tan santo ahora como Él era entonces; Su vista del pecado no ha cambiado.

En segundo lugar, debe ser entendido que esta experiencia de la convicción, y del llanto físico y desmayos que no raramente lo acompaña, puede ser copiada fraudulentamente por los hombres. Hay siempre el peligro que los hombres insensatos tratan de monear la obra del Espíritu Santo. En embarcarse para crear estas respuestas físicas, cualquier nombre que les damos a ellos, es un meter peligroso y pecaminoso con la obra de Dios.

No es difícil de excitar a personas hasta tal grado de intensidad que ellos muestran los síntomas de la convicción sin el fruto duradero de la paz en Cristo y de una vida santa. La convicción del pecado, y de todo que va consigo, es la obra de Dios, y es el líder cristiano sabio quien lo deja en Sus manos capaces. Los que más anhelan por el avivamiento deben empezar examinando sus corazones y vidas antes del faro de Dios y Su Palabra. Si cubrimos nuestro pecado y no lo confesamos ahora, cuándo venga el avivamiento puede ser que nos hallamos confesándolo a la iglesia.

La Presencia de Dios Trae la Convicción

Cuándo Dios vino al Congo en 1953, fue dos meses antes que el mundo incrédulo fue tocado, pero ésos fueron dos meses dolorosos para la iglesia, con misioneros, pastores, ancianos y evangelistas confesando su pecado. La razón por qué esta convicción profunda del pecado es tanta una parte del avivamiento verdadero es simplemente que la presencia de un Dios santo es tan real. Un Dios santo hace el cristiano cauto de la gravedad de aún los más pequeños pecados.

Cuándo Isaías entró al templo y se paró en la presencia de Dios, su respuesta fue tremendamente auto-condenar: “¡Ay de mí! que soy muerto; que siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos(Isaías 6:3). La razón que hay tan poco arrepentimiento entre nuestras congregaciones hoy en día no es porque nuestros sermones no son dirigidos contra el pecado, sino que Dios no es sentido entre nosotros. Aquellos que saben en sí mismos estar en la presencia de un Dios santo están siempre cautos del pecado personal. Daniel es un ejemplo: Hemos pecado, hemos hecho iniquidad, hemos obrado impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus juicios. No hemos obedecido á tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron á nuestros reyes, y á nuestros príncipes, á nuestros padres, y á todo el pueblo de la tierra” (Daniel 9:5-6).  

Nehemías fue aún más específico acercas de su propio pecado personal cuando él lloró a Dios por la ciudad decrépita de Jerusalén: Confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos contra ti cometido; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, y estatutos y juicios, que mandaste á Moisés tu siervo (Nehemías 1:6-7).

Una ilustración de esto es vista claramente en la experiencia en Barios en Borneo en 1973. Un cristiano nacional, Taman Ngau, registra el tiempo cuando la aldea entera pareció estar yendo a la iglesia: "Allí en la iglesia encontramos al Señor. El lugar entero estaba repleto del Espíritu del Señor. Los jóvenes oraban y adoraban. Algunos de ellos confesaban sus pecados y nosotros empezamos a confesar también. No nos habíamos dado cuenta de que habíamos pecado antes, pero vimos cuán mugriento estábamos en la presencia de un Dios santo".

Pero todo esto es sólo el comienzo. Duncan Campbell declaró una y otra vez que el avivamiento verdadero es un avivamiento de santidad y que la santidad es más deseable que la felicidad. Un hombre, convertido bajo de la predicación de Campbell, reclamó que su conversión le costo $10.000; él tuvo que volver a América y trabajar por un año "para hacer la restitución por las cosas que había hecho como un pecador".

Doscientos años antes Jonatan Edwards comentó que un efecto del avivamiento es de traer a los pecadores "a dejar inmediatamente sus prácticas pecadoras".

Esta obra profunda de la convicción siempre lleva a una libertad de alegría en la experiencia nueva hallada del perdón. Siguiendo el "golpear del corazón" viene el "prorrumpir de gozo de la salvación". No es nuestra felicidad con la cual Dios se preocupa, sino nuestra santidad; es imposible leer la historia de los avivamientos sin la comprensión de esto.

Si hay tres cosas que son comunes a todos los avivamientos verdaderos es la oración,  el predicar, y una convicción del pecado. Si habemos de esperar un avivamiento en estos días, debemos esperar que dolerá. En los años recientes, hemos estado ocupados de convencer al mundo con nuestros payasos y cómicos cristianos, y con nuestros grandes y felices acontecimientos, que la cristiandad es una diversión. ¡La razón por qué el mundo no toma la cristiandad seriamente no es porque los cristianos no lo hacen!

El avivamiento no persuade el mundo que la fe cristiana es una diversión, sino que es esencial. Hay una diferencia colosal. El primer trabajo del Espíritu no es de decirnos que podemos ser felices, sino que debemos ser santos -- porque Dios lo es.

La clase de hombres Dios ha utilizado en el avivamiento fueron hombres que temblaban del pecado y cuya conciencia era sensible a las entradas del pecado; hombres que no trataban de justificar sus hábitos perezosos y descuidados, sino que vivían vidas disciplinadas y determinadas. Si hay una cosa común de los hombres que Dios usa en el avivamiento es que ellos temen a nada más que a Dios y el pecado. La razón por esto es que el avivamiento es siempre un avivamiento de santidad, y por lo tanto los vasos que Dios usa deben ser santos.

Un hombre puede ser extremo o aún imprudente en su liderazgo, pero si él cruza la frontera al pecado entonces Dios lo pondrá a un lado. Humphrey Jones fue utilizado mucho en Gales en 1859 hasta que su orgullo robó a Dios de la gloria, y luego su ministerio efectivo fue terminado.

Como los líderes, así es la gente; no hay honor a Dios en una gente impía. Cuándo miramos a los frutos del avivamiento, veremos qué grande reformación un avivamiento trae a la sociedad. Pero la razón por la convicción profunda es para que la gente sienta su pecado y odiarlo. Lo más profundo el enterrar del martinete, lo más alto el edificio puede ser levantado.

Cuándo el avivamiento viene, las prioridades son enfocadas en lo que complace a Dios. Las casas públicas y salones de baile se cerraron, las casas de apuestas eran abandonadas, aún los deportes son puestos a un lado; las salidas del trabajo se aumentan, y la honradez es la norma. En Gales, durante el avivamiento temprano de este siglo, fue reclamado que los caballos de mina pararon de trabajar porque ya no entendían las órdenes de los hombres -- ¡nadie ya las maldecían!

A la luz de esto, ¿cuántos de nosotros están listos para el avivamiento? ¿Le hemos mostrado a Dios que queremos un avivamiento? Hay una preparación que debe empezar ahora, y un interés para ser santo mostrará a Dios que nos importa. Estaremos diciendo a Dios, "Señor, yo anhelo por un avivamiento, y esto es cuánto yo lo anhelo: Quiero ser tan santo como un pecador salvado puede ser". Y si todavía no hay avivamiento, por lo menos hemos hecho nuestro deber y Dios no nos pide que hagamos más que eso. El resultado es Suyo, la preparación es nuestra. 

Jehová dará también el bien; y nuestra tierra dará su fruto. La justicia irá delante de él; y sus pasos pondrá en camino" (Salmo 85:12-13).

Tomado de: Revival! A People Saturated with God, by Brian Edwards.
Copyright 1990 Evangelical Press, Darlington, England.
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