MÁS DULCE
QUE LA MIEL
“¡Cuán dulces
son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca” (Salmo 119:103).
El avivamiento es el probar de la bondad del Señor en el alma. Estar en un estado reincidido es de estar en la amargura del pecado; porque es imposible para un reincidente disfrutar del dulzor de la Palabra de Dios. Pero la Palabra de Dios sólo puede ser dulce cuando pueden probar que el Señor es “bueno” y “benigno” (Salmo 34:8; 1 Pedro 2:3). Por lo tanto, podemos decir que cuando Dios trae avivamiento a Su pueblo reincidido, lo cual ha hecho muchas veces, entonces una vez más Su Palabra llega a ser "más dulce que la miel” a ellos. En un estado reincidido, la Palabra de Dios llega a ser dura y desagradable porque llega a ser como un fuego y un martillo (Jeremías 23:29); y también es una espada de doble filo (Hebreos 4:12) que cortará y penetrará y herirá el alma para la causa de nuestras muchas reincidencias. No es de extrañar que siempre que nos encontremos en el pecado y en la rebelión hacia Dios, NO queremos oír que Dios nos hable con Su Palabra; y así que por lo tanto, no podemos decir con el Salmista: “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca” Amén.