Cristianos reincididos son
evidentes por todas partes. Están en las iglesias y fuera de las
iglesias.
Están en los bancos y en los púlpitos. Están en
las juntas (boards) y están
aburridos (bored). Están en los comités y enseñan
la escuela dominical. El
reincidido parece ser más numerosos que los rectos y su
influencia a través del
mundo infinitamente más profundo. Mientras reincidentes no
manifiestan todo los
mismos rasgos, las evidencias de su condición no son
difíciles de localizar con
toda precisión. Las características siguientes merecen
nuestra atención grave.
1. Cuando
la oración deja de ser una parte esencial de la vida de un
cristiano profeso,
la reincidencia esta presente. Nos sacude en darnos cuenta de que
muchas
iglesias no tienen reuniones de oraciones públicas de cualquier
tipo. Más
disgustado es el hecho que muchos cristianos individuales no tienen
temporadas
indicadas regulares de oración privada durante que se comunican
solo con Dios.
¿Cómo puede una persona ser ambos cristiana y sin la
oración? Sin embargo, la
oración no necesita estar faltando enteramente de la vida de una
persona para
que la reincidencia prevalezca. Cuando la oración llega a ser
superficial y sin
la seriedad moral, hay más que evidencia amplia de la
reincidencia. Aquellos
quienes dicen sus oraciones cada día nunca oran. La
formulación de pensamientos
e ideas por líneas religiosas, el articular de palabras, el
inclinarse de la
cabeza y el cuerpo y de la repetición de frases, no constituyen
la oración de
por sí verdadera. Si el corazón no está en
contacto seriamente con Dios, la
oración genuina no esta presente. La mera repetición de
oraciones escritas, por
mucho que hermosamente construidos o aparentemente sinceros, no
garantice la
verdadera oración. Cuando el corazón del hombre y el
corazón de Dios se juntan
en la comunión, hay oración. La falta de la
oración y la mera formalidad de
orar son marcas inconfundibles de una condición reincidida.
UNA NOTA
ADICIONAL DEL HNO. FLORES: Creía que
orando por aproximadamente treinta minutos antes de acostarme
significaba que
estaba haciendo muy bien. Por supuesto, ni oraba después de
despertar por la
mañana. Quizás en un día bueno, lograba
aproximadamente el tiempo de una hora.
Agregue unos minutos en la iglesia, y yo me sentía realmente que
era un
cristiano verdadero de oración; y ¡esto aún como
pastor! Ahora, ¡puedo ver por
qué mi ministerio no fue bendecido por Dios! Lo que está
tan triste acerca de
esto es que en todos mis años en mi ministerio, ¡yo
realmente nunca oí un
ministro del Evangelio que dijera algo para animarme acercas de la
oración como
una práctica esencial de un pastor que orara por lo menos dos o
tres horas del
día! De hecho, lo siento de decir que oía algunos
ministros favorecer la
flojera en la oración personal y privada. Pero alabado sea Dios,
Él me ha
mostrado que cuando la oración llega a ser una delicia, entonces
el tiempo no
importa. Pasando el tiempo con el Señor en la oración
puede en verdad continuar
por horas; y entonces esas Escrituras preciosas de oración, como
1
Tesalonicenses 5:16 – "Orad sin cesar"; Romanos 12:12 –
"Constantes en la oración"; Colosenses 4:2 – "Perseverad
en la
oración...”;