LAS EVIDENCIAS DE UNA CONDICION REINCIDIDA
Del Libro Revival, por Richard Owen Roberts
Traducido por Lasaro Flores

Cristianos reincididos son evidentes por todas partes. Están en las iglesias y fuera de las iglesias. Están en los bancos y en los púlpitos. Están en las juntas (boards) y están aburridos (bored). Están en los comités y enseñan la escuela dominical. El reincidido parece ser más numerosos que los rectos y su influencia a través del mundo infinitamente más profundo. Mientras reincidentes no manifiestan todo los mismos rasgos, las evidencias de su condición no son difíciles de localizar con toda precisión. Las características siguientes merecen nuestra atención grave.

1. Cuando la oración deja de ser una parte esencial de la vida de un cristiano profeso, la reincidencia esta presente. Nos sacude en darnos cuenta de que muchas iglesias no tienen reuniones de oraciones públicas de cualquier tipo. Más disgustado es el hecho que muchos cristianos individuales no tienen temporadas indicadas regulares de oración privada durante que se comunican solo con Dios. ¿Cómo puede una persona ser ambos cristiana y sin la oración? Sin embargo, la oración no necesita estar faltando enteramente de la vida de una persona para que la reincidencia prevalezca. Cuando la oración llega a ser superficial y sin la seriedad moral, hay más que evidencia amplia de la reincidencia. Aquellos quienes dicen sus oraciones cada día nunca oran. La formulación de pensamientos e ideas por líneas religiosas, el articular de palabras, el inclinarse de la cabeza y el cuerpo y de la repetición de frases, no constituyen la oración de por sí verdadera. Si el corazón no está en contacto seriamente con Dios, la oración genuina no esta presente. La mera repetición de oraciones escritas, por mucho que hermosamente construidos o aparentemente sinceros, no garantice la verdadera oración. Cuando el corazón del hombre y el corazón de Dios se juntan en la comunión, hay oración. La falta de la oración y la mera formalidad de orar son marcas inconfundibles de una condición reincidida.

UNA NOTA ADICIONAL DEL HNO. FLORES: Creía que orando por aproximadamente treinta minutos antes de acostarme significaba que estaba haciendo muy bien. Por supuesto, ni oraba después de despertar por la mañana. Quizás en un día bueno, lograba aproximadamente el tiempo de una hora. Agregue unos minutos en la iglesia, y yo me sentía realmente que era un cristiano verdadero de oración; y ¡esto aún como pastor! Ahora, ¡puedo ver por qué mi ministerio no fue bendecido por Dios! Lo que está tan triste acerca de esto es que en todos mis años en mi ministerio, ¡yo realmente nunca oí un ministro del Evangelio que dijera algo para animarme acercas de la oración como una práctica esencial de un pastor que orara por lo menos dos o tres horas del día! De hecho, lo siento de decir que oía algunos ministros favorecer la flojera en la oración personal y privada. Pero alabado sea Dios, Él me ha mostrado que cuando la oración llega a ser una delicia, entonces el tiempo no importa. Pasando el tiempo con el Señor en la oración puede en verdad continuar por horas; y entonces esas Escrituras preciosas de oración, como 1 Tesalonicenses 5:16 – "Orad sin cesar"; Romanos 12:12 – "Constantes en la oración"; Colosenses 4:2 – "Perseverad en la oración...”; Lucas 18:1 – “...es necesario orar siempre, y no desmayar" si llegan a ser una realidad y no una carga. Esta clase de orar no depende de nuestras fuerzas, sino en la gracia de Dios. No me mal entienda, yo no digo que habemos de orar las 24 horas del día en las rodillas; pero sí digo que si no oramos sin por sólo unos minutos por día, o sólo si tenemos tiempo o no estamos cansados, entonces obviamente estamos en una condición reincidida muy grave. Puede estar seguro de una cosa: ¡Sin la oración es igual a la impotencia en la vida cristiana! Amén.