EL
VALLE DE HUESOS SECOS
Este pasaje de las Sagradas Escrituras es uno que ha
sido predicado con frecuencia por muchos con respecto al Avivamiento y
el
Despertamiento Espiritual. Verdaderamente podemos concordar que es muy
apropiado para tal; y qué necesidad más grande hay de
ello para hoy. ¿Quién
puede negar que al ver la condición espiritual de la cristiandad
de hoy lo es
como un 'valle de huesos secos'? Temo que mucho, verdaderamente mucho,
de lo
que es llamado la Iglesia de Jesucristo esta muy seca espiritualmente.
No sólo
es debido a la falta del rocío de los cielos, pero aún la
medula de la gracia se
ha tan secado 'para que hubiera (refiriéndose a Israel de
antiguo) ninguna
probabilidad ni la esperanza, hablando humanamente, de ellos ser
avivados:
éstos son un símbolo conveniente de los hombres en un
estado de la naturaleza y
irregeneración, que no tiene ninguna vida espiritual, sino que
están muertos en
los delitos y pecados; no tienen ningún sentido del pecado o el
peligro;
ninguna fuerzas para redimirse y regenerarse a sí mismos, o
hacer nada que es
espiritualmente bueno; no tienen ningún movimiento espiritual;
ningunos deseos
internos detrás de Dios, o afectos para él; ningún
levantar del corazón a él, o
saliendo del alma en fe y en amor a Cristo; sino enteramente sin vida,
impotentes, y desesperados en sí mismos' (Comentario de Juan
Gill). ¿Se
encuentra usted en este valle, mi estimado lector?
Quizás alguien se opondrá a aplicar este
pasaje a los
que profesan ser cristianos, y así que sería más
aplicable a pecadores que
están lejos de Dios. Sí, concordaría que muchos
pensarían eso; porque no es muy
sabroso para nosotros que somos miembros de la iglesia en pensar que
podríamos
llegar a este punto. Pero note que Dios mismo no se refiere a los
paganos en
este pasaje, sino a Su pueblo: "Díjome
(es saber, a Ezequiel) luego: Hijo
del hombre, todos estos huesos son la casa de Israel” (v.11); o “pueblo mío” (versículos 12, 13). Por lo
tanto, este valle de huesos secos no son pecadores perdidos y malvados,
sino
son aquellos que profesan ser el pueblo de Dios, como descrito por el
mismo
Señor en 2 Crónicas 7:14, “Mi pueblo,
sobre los cuales mi nombre es invocado…”. Podemos, entonces,
aplicar este
pasaje a los que reclaman el Nombre de Cristo, es decir, a los que
profesan ser
cristianos; y así que aquí vemos un cuadro de lo que
profesa ser la Iglesia
Cristiana, que puede ser referida como el pueblo de Dios; y no
cualquier otra
religión de que hoy sabemos en este mundo, ¡no importa
quienes ellos quizás
sean! Permítame que lo ponga de esta manera: Si usted profesa
ser un cristiano,
entonces este pasaje es para USTED, ¡o sea que si se "siente" que
está
en este estado particular de condición espiritual o no!
Vamos hacer algunas observaciones, no necesariamente
cronológicamente,
y ver cómo ellas nos hablan: Primero,
considera los “huesos secos”. Como sabe,
los huesos son necesarios para el sostén del cuerpo. Saque los
huesos y el
cuerpo se caerá___, no puede sostenerse a sí mismo. Pero
note la
"sequedad" de estos huesos___, ellos ya no estaban “regados
de tuétano” (Job 21:24). ¡No
hay vida en ellos! Ellos están totalmente desesperados e
incapaces de hacer
algo de sí mismos; y el cuadro de estos huesos secos dispersados
en el valle
representa las multitudes de cristianos reincidentes "matados" por el
pecado y el mundo hasta al punto, que ya no hay una
manifestación de su
profesión como cristianos (compare el v. 6, es decir, no hay “nervios…, carne,” y “piel”), pero
también del Espíritu (no
hay “espíritu”) en sus vidas.
Ah, pueblo de Dios, ¡que cuadro tan gráfico del
resultado de nuestras reincidencias al pecado y de la rebelión
contra nuestro Dios
que no sólo perdemos nuestra identidad como cristianos, pero
aún nuestro Dios
retirará Su Espíritu y la gracia de nosotros para que
lleguemos a ser como “huesos secos”! Por supuesto, una
vez
que nosotros llegamos a ser como “huesos
secos”, no hay absolutamente nada que podemos hacer para
levantarnos de
nuestra caída desesperada, e incluso sostener nuestra
profesión como
cristianos; o como Isaías dice: “Nadie
hay que invoque tu nombre, que se despierte para tenerte” (64:7);
porque
así como los huesos son necesarios para el apoyo del cuerpo,
¡esto es también
verdad espiritualmente! ¿Qué pueden hacer los “huesos
secos”? Eso, amados, ¡es el peligro de la reincidencia!
La segunda
observación que hacemos tiene que ver con los “nervios,
la carne” y la “piel”
del cuerpo. Esto, por supuesto, es la cubierta exterior de los huesos,
y
aquello que los protegen. Pero como ustedes saben, hay ciertas
enfermedades que
pueden infectar nuestro cuerpo y penetrar finalmente los huesos.
¿Puedo decir que
esto puede ser también verdad en un sentido espiritual; y
aplicar esto para
nuestro caso? Ahora, los “nervios” tienen
que ver con las fuerzas, la “carne”
con nuestra naturaleza, y la “piel” con
nuestra protección de nuestro cuerpo físico. Ahora,
hablando espiritualmente, los
cristianos han de ser fuertes “en la
gracia que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 2:1), y tener una
nueva
naturaleza que es “nacido del Espíritu”
(Juan 3:6) y ser cubrido con “la sangre
de Jesucristo” (1 Pedro 1:2); no obstante, sabemos que cristianos
pueden, y,
pecan. Si el cristiano persiste en pecar, entonces lo que fue
simplemente una
"enfermedad" llega a ser un "cáncer terminal"; y eso, oh
pueblo de Dios, ¡es el valle de huesos secos que vemos alrededor
de nosotros!
El pecado debilitará los “nervios, la carne”
y la “piel” espirituales del
cristiano reincidente que a menos que Dios intervenga, ellos
caerán en este
valle. Pero sea recordado que no es la Gracia, el Espíritu, y la
Sangre que es
el problema, no, son las iniquidades que han separado los cristianos
reincidentes de Dios (Isaías 59:2); y cuando esto ocurre entre
la relación de
ellos con Dios, ¿que es el resultado sino ser entregados a las
consecuencias de
su rebelión? Tememos que ésos que se encuentren a
sí mismos en el valle de los
huesos secos pueden ser dichos de haber recibido “en vano
la gracia de Dios” (2 Corintios 6:1), que han andado “conforme
á la carne” y no “conforme al espíritu”
(Romanos 8:4), “y tuvieron por inmunda la sangre del
testamento, en la cual fueron santificados” (Hebreos 10:29).
Tristemente,
mi estimado lector, ¡eso es el caso terrible de tantos que
profesan el Nombre
de Cristo, no sólo fuera de las paredes de la iglesia, pero
aún dentro de sus
paredes! Ah, ¡cómo necesitamos orar como el profeta
Habacuc 3:2 – “En la ira acuérdate de la
misericordia”
por amor de Jesucristo! Amén.
Ahora, considera nuestra tercera
observación: La desesperanza de la cual serán conscientes
los cristianos reincidentes; porque sería una
contradicción para un hijo
reincidente de Dios en tener una “plena
certidumbre de fe” (Hebreos 10:22) mientras andando “en
tinieblas” (1 Juan 1:6). Ah, habrán "cristianos" que
se convencerán a sí mismos que todo esta bien con ellos
mientras se gozan en su
pecado; pero por el otro lado, siempre que un hijo de Dios es condenado
de las
profundidades de sus reincidencias voluntariosas, y cuán
gravemente ellos han
ofendido a su Dios, ellos confesarán con mucha
desesperación como Israel de
antiguo: “He aquí, ellos dicen: Nuestros
huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo
talados” (Ezequiel
37:11). En otras palabras, esto es el reconocimiento dolorido de la
incapacidad
total de poder hacer algo acerca de ello y de habiendo perdido todas
las
promesas de Dios de la esperanza eterna. No sólo eso, ellos se
ven a sí mismos
desechados de Dios a causa de su rebelión. Ah, estimado lector, “no os engañemos: Dios no puede ser burlado:
que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.
Porque el que siembra
para su carne, de la carne segará corrupción…”
(Gálatas 6:7, 8). No hágase
ilusiones, cristiano compañero, si persistimos en nuestro pecado
no habrá
consuelo para nuestras almas; de hecho, como Dios nos muestra nuestra
condición
desesperada en el valle de huesos, en la desesperación
diríamos 'es del todo con
nosotros; somos perdidos y somos arruinados' (Comentario de Juan Gill).
Quizás haya algunos de ustedes que están
leyendo estas
palabras que se encuentra en este atroz 'valle de huesos secos'; y
debido a la
oscuridad que usted está a causa de su reincidencia, no puede
ver el rostro de
Dios y el perdón de sus pecados en Jesucristo. Todo de lo que
está consciente es
de Su ira y el juicio justo del cual reconoce usted es digno y merece
ser
lanzado en el infierno más profundo por su rebelión.
Incluso si al presente
usted no pueda encontrar ningún consuelo de la Palabra de Dios;
sí, usted diría
aún con el Salmista, “Mi alma rehusaba
consuelo” (77:2) de ella, no obstante de las profundidades de sus
pecados,
incluso si está por lo más profundo en su
situación, clame al SEÑOR; porque hay
el perdón con Él, y está listo para perdonar.
Aún en su oscuridad, espera al
SEÑOR más que aquellos que miran por la mañana, y “nacerá el Sol de justicia, y en sus alas
traerá salud”; “porque en Jehová hay
misericordia. Y
abundante redención con él. Y él redimirá
á Israel De todos sus pecados” (Salmo
130:1, 4, 7, 8; Salmo 86:5; Malaquías
4:2). Recuerde, “la sangre de Jesucristo
(el Hijo de Dios) nos limpia de todo
(es saber, cada, cualquiera, todo, y el entero del pecado que hemos
cometido) pecado"
(1 Juan 1:9). De sus profundidades levanta sus ojos y busca el
rostro de
Dios en Jesucristo, y usted encontrará que no es en balde
(Isaías 45:19);
porque la promesa es: “Y al que á mí
viene, no le hecho fuera” (Juan 6:37). Amén.
Al
continuar, ahora miramos, no sólo en cómo, pero
también lo que Dios ve en este ' valle de huesos secos'. Otra
vez, haremos
algunas observaciones con respecto al pasaje y haremos algunas
aplicaciones de
ella al pueblo de Dios que se encuentra a sí mismo en una
condición de
reincidencia. No obstante, es muy importante que mantenemos esto en
cuenta: ¡El
cuadro que vemos aquí o es de cristianos verdaderos que se han
tan reincidido
que al ojo ellos parecen como no ser nada "cristiano; o son los que
profesan ser cristianos que realmente no son verdaderos "cristianos"!
La razón que puedo decir esto es que la Palabra de Dios hace
esta distinción.
Recuerde la parábola de "la cizaña"
y "el trigo" (Mateo 13:24-30);
y el Señor Jesús mismo dice:
“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en
el reino de los cielos: mas
el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (7:21).
Además, en Romanos 9 la distinción es hecha muy
clara: “Porque no
todos los que son de Israel son Israelitas; Ni por ser simiente de
Abraham, son
todos hijos; mas: En Isaac te será llamada simiente. Quiere
decir: No los que
son hijos de la carne, éstos son los hijos de Dios; mas los que
son hijos de la
promesa, son contados en la generación” (vv. 6-8).
Así que pueden ver entonces, amados, la
seriedad de nuestro tema.
Ahora,
la primera observación que hacemos
es que el mismo SEÑOR ve y sabe la condición de los “huesos secos”; y esto lo sabemos a causa de la pregunta
que le
hizo á Ezequiel en el versículo 3: “Hijo
del hombre, ¿vivirán estos huesos?” Por supuesto,
esta no es una pregunta
de Dios no sabiendo o si ellos pueden vivir o no, amados; porque la
respuesta
de Ezequiel es: “Señor Jehová, tú lo
sabes”.
En otras palabras, Dios sabe si estos huesos pueden vivir o no; porque
no es
imposible para que Él dé la vida al muerto, incluyendo a “huesos secos”. Esta pregunta es algo como la que
Él preguntó a
Adán cuando ellos corrieron para esconderse de Él
después de pecar: “¿Dónde
estás tú?” (Génesis 3:9). Él
sabía
donde ellos estaban; y por lo tanto, Él sabe si estos huesos
pueden vivir otra
vez o no. Pero ¿por qué las preguntas? Yo creo hay dos
razones: 1) Para mostrarnos la imposibilidad
total del hombre de poder hacer algo acercas de un estado tan
desesperado;
porque así como Adán no podía esconderse de Dios;
lo mismo es también verdad
que el hombre no puede revivirse de
su condición reincidida; y ¡aún lo podemos aplicar
a su salvación! Cuándo somos
traídos para ver esto, entonces, y sólo entonces,
perderemos la esperanza en
nosotros mismos y en nuestros propios esfuerzos. Así que 2), para mostrarnos que nuestra única esperanza
para el Avivamiento
y el Despertamiento Espiritual SÓLO reposa en Él quien,
según la oración de
Anna es Él quien “mata, y…da vida” y
“hace descender al sepulcro, y hace subir” (1 Samuel 2:6). No
sólo esta
nuestra vida física en las manos del Señor, pero muy
ciertamente nuestra vida
espiritual. ”¿Vivirán estos huesos?”
¡Ah, mi estimado lector, puédanos nosotros con igual fe
como la de Ezequiel
responder, “Señor Jehová, tú lo sabes”;
especialmente mucho más, al ver El Valle de Huesos Secos
alrededor de nosotros;
y quizás aún nosotros seamos uno de los “huesos
secos”!
Ahora,
la segunda observación que hacemos
tiene que ver con el predicar la “palabra
de Jehová” (v. 4). En otras palabras, la única
esperanza que los
reincidentes y los pecadores perdidos tienen es de oír la
palabra de Dios;
porque “la fe es por el oír; y el oír por
la palabra de Dios” (Romanos 10:17). La fe es requerida en ambos
casos y es
sólo por medio de la Palabra de Dios que somos hechos vivo;
porque ellas “son espíritu y son vida” de modo
que
tenemos que decir con Pedro: “Señor,
¿á
quién iremos? tú tienes palabras de vida eterna”
(Juan 6:63, 68). Por lo
tanto, nosotros tenemos que tener cuidado de nunca evitar el predicar
de la
Palabra de Dios; porque es por ella que la convicción es
traída a nuestros
corazones de nuestra condición pecaminosa desesperada y
desesperanzada, pero
también es sólo por ella que somos dados la esperanza del
poder de Dios en Su
gracia y misericordia de levantarnos de la muerte en Su Hijo, el
Señor
Jesucristo, Quién es el “Autor de la
vida, al cual Dios ha resucitado de los muertos” (Hechos 3:15). En
tanto
como en el Avivamiento como en el Despertamiento Espiritual, el poder
de la
Resurrección del Señor Jesucristo es influido sobre el
reincidente y en pecador
espiritualmente muerto; en uno para revivir, renovar y restaurar de la
"sequedad" que ellos están; y en el otro para traerlos de la “muerte á vida” (Juan 5:24). Pero esta
esperanza sólo puede ser encontrada en la Santa Biblia, la cual
sólo tiene el
evangelio de la muerte y de la resurrección del Señor
Jesucristo (1 Corintios
15:1-4). Amen.
Con
esto, hacemos nuestra tercera
observación; y no sólo es de la promesa de
Dios, pero también de Su poder. “Así
ha dicho el Señor Jehová á estos
huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y
viviréis. Y pondré
nervios sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os
cubriré de
piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y
sabréis que yo soy Jehová.
Profeticé pues, como me fué mandado; y hubo un ruido
mientras yo profetizaba, y
he aquí un temblor, y los huesos se llegaron cada hueso á
su hueso. Y miré, y
he aquí nervios sobre ellos, y la carne subió, y la piel
cubrió por encima de
ellos…” (vv.5-8). Amados, podemos estar seguros de esto:
Cuándo Dios ha
determinado a Revivir a un reincidente, o para Salvar a un pecador,
¡esto sucederá!
Note la promesa: “Yo hago entrar…,
pondré…, haré subir…, os
cubriré…, y pondré en vosotros espíritu, ¡y
viviréis!” Luego vemos
el poder: ¡”Hubo un ruido…, un
temblor…, los huesos se llegaron” uno al otro,
los “nervios…, la carne…, y la piel
cubrió” los huesos! Aquí
vemos la
prueba de la promesa y del poder de Dios de Lucas 18:27 – “Lo
que es imposible para con los hombres, posible es para Dios”. En otras palabras, por imposible e
increíble parecen ser las cosas al mirar 'el valle de huesos
secos' alrededor
de nosotros, vamos nosotros creer a Dios; “porque
todas las promesas de Dios son en (Jesucristo) Sí, y en
él Amén…” (2 Corintios
1:19, 20); y así que podemos creer cuando Él dice: “He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne;
¿encubriráseme (será
difícil – Hebreo) á mí alguna cosa?"
(Jeremías 32:27). ¡Definitivamente que no!
¡¡¡ALELUYA!!!
Pero
luego, notamos en nuestra cuarta
observación: Siempre que Dios es complacido en enviar el
Avivamiento Verdadero y
la Salvación Verdadera, ¡es una obra completa que
Él hace! Hoy oímos mucho de
avivamiento y de muchos siendo salvos, mas tenemos que decir que es una
obra de
la carne, es a saber, es el hacer del hombre. Temo que terriblemente
mucho de lo
que es percibido como avivamiento y despertamiento espiritual a causa
del ruido
y del sacudir que es asociado con ellos es producido, no por el
Espíritu de
Dios, pero por espíritus seductivos y engañosos en
ésos que son dados al
emocionalismo y la sensualidad. Sí, quizás haya una
"apariencia" que
parece indicar que Dios esta trabajando entre ellos, mas habrá
algo que falta
que será muy evidente a ésos que tienen ojos para ver.
Notamos que en decir á
Ezequiel lo que Él iba a hacer, el SEÑOR prometió
que El “pondría espíritu en (ellos), y
(ellos) vivirían” (vv. 5, 6, 9,
10). Permítame ponerlo de esta manera: Es posible que haya mucho
ruido, el
sacudimiento y el profesar de ser "cristiano", pero a menos que Dios “sopla sobre estos muertos, y vivirán”
(v. 9), no sólo permanecerán en 'el valle de huesos
secos', pero también en sus
“sepulcros” (vv. 12, 13). Este “soplo” no
es nada más que el Espíritu
Santo precioso de Dios; porque la promesa a Su pueblo es que Él “pondrá (su) espíritu en (ellos), y
vivirán”
(v. 14). Ah, ¡cuántos están reclamando el
Avivamiento y la Salvación y todavía
están "secos" y "muertos"!
Seguimos
con nuestra quinta observación; y es
que cuando Dios hace Su obra en un cristiano reincidido o en un pecador
perdido, ellos sabrán que han
experimentado el Avivamiento y/o la Salvación. Dios no deja
á ésos sobre quienes
Él ha vertido Su gracia y la misericordia a dudas y temores. A
través de las
Sagradas Escrituras somos dichos que el pueblo de Dios pueden saber, no sólo de su relación personal
e íntima que ellos tienen con Él, ¡pero
también lo que Él ha hecho para ellos y
en ellos! “Y sabréis que yo soy
Jehová, cuando abriere vuestros sepulcros, y os
sacare de vuestras sepulturas, pueblo mío…, y sabréis
que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová” (vv.13,
14). Pero esta “plena certidumbre de fe”
(Hebreos 10:22) SOLO puede ser verdad para uno que ha sido “nacido
otra vez” y “del
Espíritu” (Juan 3:3, 5-7). Al mismo tiempo, esta certeza no
es dejada a
nuestras emociones ni sentimientos, pero es dependiente sobre la
Palabra de
Dios y de Su Espíritu Santo; y la prueba de esto es que ya no
estamos en 'el
valle de huesos secos' o muertos en la ‘tumba del pecado'. Ah, amados,
que
nosotros que hemos sido bautizados en Cristo Jesús andemos en
esa novedad de vida
que tenemos del Espíritu de vida que mora en nosotros; y
qué puédanos hacerlo
así por amor al Señor Jesucristo. Amén.
Ahora,
permíteme cerrar diciendo que aunque hay mucho más que
podemos aprender de
nuestro pasaje del texto, que sea suficiente con lo que hemos
compartido, con
la bendición del Señor, nos cause a orar con el Salmista:
“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón:
Pruébame y reconoce mis
pensamientos: Y ve si hay en mí camino de perversidad, y
guíame en el camino
eterno” (139:23, 24). “Crea en mí, oh
Dios, un corazón limpio; y renueva un espíritu recto
dentro de mí” (51:10).
Pero ¿qué si usted no conoce al Señor Jesucristo
como su Salvador? Sea como el
publicano quién a causa de la carga de sus pecados
“no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería
su pecho,
diciendo: Dios, sé propició á mí pecador” (Lucas
18:13), y haz la pregunta
como el carcelero de Filipos: “Señores,
¿qué es menester que yo haga para ser salvo?” La
ÚNICA respuesta que hay es
“cree en el Señor Jesucristo, y serás
salvo tú” (Hechos 16:31). En ambos casos, si usted es una
cristiano
reincidente o un pecador perdido, su única esperanza está
en la sangre preciosa
del Señor Jesús que puede limpiarlo de TODO pecado, y de
Su resurrección
gloriosa para que no sólo usted pueda conocer el poder de Su
resurrección, pero
vivir en su poder. “El que tiene al Hijo,
tiene la vida: el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida” (1
Juan
5:12). Amén.