Traducido por Lasaro Flores
Los caracteres distintivos de los movimientos de
avivamiento sobre la superficie varían extensamente,
quizás por el resulto de diferentes
engastaduras, pero todavía, en verdad, se parece que Dios se
deleita en la
variedad. Sin embargo, al nivel del análisis más
profunda, hay factores
constantes que pueden ser reconocidos en todos los avivamientos
bíblicos y
posbíblicos, sea lo que sea sus engastes culturales, raciales, e
históricos. Son
cinco por número, y son delineados en seguida.
Una conciencia de la presencia de Dios. El carácter distintivo fundamental y primero
en el avivamiento es el sentido de que Dios se ha acercado temiblemente
en Su
santidad, misericordia, y poder. Esto es sentido como el cumplimiento
de la
oración de Isaías 64:1ff: “Oh si rompiese los cielos, y
descendieras, y á tu presencia se escurriesen los montes, … para
que hicieras
notorio tu nombre á tus enemigos, y las gentes temblasen
á tu presencia”.
Dios “viene”, “visita”, y se “acerca” á
Su pueblo, y hace conocer Su majestad. El efecto es el mismo como era
para Isaías,
cuando él vio “al Señor sentado sobre un
trono alto y sublime” en el templo y oyó el canto de los
ángeles – “Santo, santo santo” – y era forzado
á
clamar, “Ay de mí! que soy muerto; que siendo hombre inmundo de
labios, y
habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos” (Isaías
6:1-5). Es
esta manifestación abrasador y escudriñador de la
presencia de Dios con la cual
comienza el avivamiento, y por su continúo que el avivamiento es
sostenido.
Respondiendo á la Palabra de Dios. El sentido de la presencia de Dios imparte
nueva autoridad á Su verdad. El mensaje de la Escritura la cual
anteriormente
sólo hacía un impacto superficial, aún si eso,
ahora escudriñe sus oidores y
lectores hasta lo profundo de su ser. La declaración que
“la palabra
de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de
dos filos: y que
alcanza hasta partir el alma, y aun el espíritu, y las
coyunturas y tuétanos, y
discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”
(Hebreos 4:12) es verificada una y otra vez más. El mensaje de
Dios – el
llamado del evangelio á el arrepentimiento, á la fe y
santidad, á la alabanza y
la oración, el testimonio y adoración – se autentica a
sí misma indudablemente
á las consciencias de los hombres, y no hay lugar para media
medidas en
responder.
La Sensibilidad al Pecado.
Un saber profundo de que cosas son pecaminosas y que tan pecadores
somos es la
tercera característica del avivamiento que nos llama a notar.
Ningún levantar
de incitamiento o interés religioso merece ser llamado
avivamiento si no hay un
sentido profundo del pecado en su corazón. La venida de Dios, y
el impacto consecuente
de Su Palabra, hace a los cristianos mucho más sensitivos al
pecado de lo que eran
anteriormente: las conciencias se enternecen y una humillación
profunda sucede.
La perversidad, lo feo, la inmundicia y la culpa del pecado son vistos
y
sentidos con una vivacidad nueva. Debajo de las condiciones del
avivamiento las
conciencias son tan avivadas que la convicción de la propia
pecaminosidad de
cada persona viene a ser fuerte y terrible, produciendo agonías
del pensamiento
que son más allá de imaginar hasta cuando acontecen. El
evangelio del perdón
por medio de la cruz de Cristo, viene a ser amada como nunca antes,
según la
gente ve su falta de ella tanto mucho más claramente.
Pero la convicción del pecado es un medio, no un
fin;
el Espíritu de Dios convence del pecado para producir
arrepentimiento, y una de
las características más seguras de los movimientos de
avivamiento es la
profundidad del arrepentimiento á la cual son llevados ambos los
santos y los
pecadores. El arrepentimiento, como lo conocemos, no es
básicamente el gemir y
el remordimiento, sino el voltear y el cambio. Los escuchadores de
Pedro en el
día de Pentecostés “fueron
compungidos de corazón” ,
lo cual literalmente quiere decir
ser infligido con
un golpe violento, un imagen vivo de una experiencia dolorosa
agudamente. Destrozada,
la
congregación clamo, “Varones hermanos,
¿qué haremos?” Pedro les mostró el
camino de la fe, el arrepentimiento, y el discipulado por medio de
Jesucristo,
y tres mil de ellos lo tomaron (Hechos 2:37-41). El avivamiento siempre
incluye
una conciencia profunda de la pecaminosidad de uno propio,
llevándolo á un
arrepentimiento profundo y un abrazar de corazón del Cristo
glorificado, amador,
y perdonador.
La Viveza en la
Comunidad. Una iglesia avivada esta llena de la
vida, del gozo, y del poder del Espíritu Santo. Con la venida
del Espíritu, la
comunión con Cristo es traída al mero centro de nuestra
adoración y devoción;
el Cristo glorificado es mostrado, conocido, amado, servido, y
exaltado. El
amor y la generosidad, la unidad y el gozo, la seguridad y el denuedo,
un
espíritu de alabanza y de oración, y una pasión
para alcanzar en ganar a otros
son marcas repetidas de una gente que experiencia el avivamiento.
Así es el
poder divino en sus predicadores, un poder que no tiene nada que ver
con la
elocuencia natural.
La Fructiferidad
en el Testimonio. El avivamiento siempre
tiene un derramamiento ético y evangelístico en el mundo.
Cuando Dios aviva la
iglesia, la vida nueva se rebosa de la iglesia para la
conversión de los de
afuera y la renovación de la sociedad. Los cristianos vienen a
ser intrépidos
en testificar y incansables en el servicio de su Salvador. Ellos
proclaman por
palabra y hecho el poder de la vida nueva, almas son ganadas, y surge
una
conciencia de comunidad informada por valores cristianos.
También en tiempos de
avivamiento Dios actúa rápidamente; Su obra se accelara.
La verdad se extiende,
y gentes son nacidos de nuevo y crecen en Cristo, con una rapidez
maravillosa.
Tal en diseño es el modelo constante por el cual los movimientos
genuinos de
avivamiento se identifican á sí mismos. Los cristianos en
avivamiento son en
efecto hallados viviendo en la presencia de Dios (coram Deo),
atendiendo á Su Palabra, sintiendo un interés agudo
acercas del pecado y de la justicia, regocijando en la seguridad del
amor de
Cristo y de su propia salvación, espontáneamente
constantes en la adoración, e
incansables activos en testificar y en el servicio, abasteciendo estas
actividades por la alabanza y la oración. La pregunta que nos
urge es si el
avivamiento es desplegada en la actualidad en las vidas de la
comunidades e
individuos cristianos: si esta calidad de la vida cristiana está
allí o no.