MI PRIMER
AMOR
“ Has dejado tu primer amor"
(Apocalipsis 2:4)
Al
momento de la conversión, hay algo asombroso y maravilloso que
sucede en el
pecador arrepentido y creyente con respecto al Señor Jesucristo.
El creyente
recién nacido se enamora de Él. ¡Ahora Él
viene a ser su “primer amor” y lo vé “todo...codiciable” y “señalado
entre diez mil” (Cantares 5:16,10)! Así que, no es ninguna
sorpresa que
encontrarse a otros el cristiano enamorado, lleno de amor y de gozo, se
gloría
en Él y les dice, “Tal es mi amado, tal
es mi amigo” (v.16). En hecho, ¡hay todo deseo de agradarle
en todo, y de
obedecerle no importa qué! En tiempos el amor de ellos para
Jesús puede hacerse
tan irresistible, que no sólo serán dispuestos de
entregar todo por Él
(incluyendo sus propias vidas), pero aún aquellos de alrededor
podrán de verlos
como fanáticos. Eso, amado pueblo de Dios, ¡es la
experiencia (en diferentes
grados) de todo creyente verdadero!
Ahora,
vamos a ser recordados que esto sólo puede ser verdad si primero
experienciamos
el amor de Dios en nuestras vidas. Note que está escrito: “Nosotros le amamos á él, porque él nos
amó primero” (1 Juan
4:19). Al mismo tiempo, tenemos que recordar que el amor de Dios para
cualquier
de nosotros sólo puede ser posible en Su Hjo amado; porque es
SÓLO en Él que el
amor de Dios nos puede atraér á Él “con
cuerdas de amor” (Oseas 11:4), y la prueba de esto es en la Cruz: “Mas Dios encarece su caridad (amor) para
con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió
por nosotros” (Romanos
5:8). Esto el apóstol Pablo testificó, (y por cierto,
cada creyente puede hacer
lo mismo,) cuando escribió que el “Hijo
de Dios, el cual me amó, y se entregó á sí
mismo por mí” (Gálatas 2:20).
Pero,
¿qué es lo que sucede cuando el Señor Jesús
ya no es nuestro “primer amor”? ¿Qué
posiblemente pudiera
ocurido en nuestra relación de amor que lo pudo romper?
¿Quién, o qué, es
culpable? Sólo hay una respuesta; y ¡es el PECADO! A lo
menos, el pecado hace
dos cosas: Primero, nuestro amor para el Señor se
resfría; y secundariamente,
el corazón nuestro se endurece hacia al Señor. Eso en
seguida, no sólo nos
causa de dejarlo como nuestro “primer
amor”, pero ¡también de enviarlo de nosotros, (porque
eso también es el
sentido de la palabra “dejado” en el
griego, es a saber, de enviar adelante,
hacer marchar)! Ahora este pecado puede ser cualquier cosa que toma
el
lugar del Señor en nuestros corazones y vidas; especialmente “el peso del pecado que nos rodea” (Hebreos
12:1) que ocupa nuestros pensamientos, deseos, y acciones; o como nos
dice
Proverbios 14:14: “De sus caminos será
harto el
apartado de razón”.
Sin
imbargo, note que esto todavía puede suceder aún cuando
estamos ocupados en
servir al Señor y siendole “fiel” en muchas otras cosas. El
Señor mismo le dice
á estos cristianos: “Yo sé tus obras, y
tu trabajo y paciencia; y que tú no puedes sufrir los malos, y
has probado á
los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado
mentirosos; Y
has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado por mi nombre, y
no has
desfallecido” (Apocalipsis 2:2,3). Sí, podemos ser muy
activos en la
iglesia, y aún el Señor encomendarnos por ello, pero
así como Él les dijo a
estos miembros de esta iglesia, también nos puede decir: “Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor” (v.4).
Entonces, esto quiere decir que podemos ser muy “fieles” en la iglesia,
mientras al mismo tiempo estár en una condición
recaída; y ¡la prueba de esto
es que no amamos al Señor como lo amabamos al principio!
Déjame
preguntarte: ¿Amas al Señor Jesucristo como tu “primer amor”, o tienes que confesar honestamente como
muchos de
nosotros lo hemos hecho como Pedro lo hizo, cuando no podía
traerse a sí mismo
en decir que amaba al Señor con un amor agape,
lo cual envuelve todo el ser, sino sólo con el tipo de amor fileo como amigo. Cp. Juan 21:15-17;
Marcos 12:30. Tristemente, esto puede, y si le acontece, a los
cristianos. No
negamos que “amamos” al Señor, pero todavía al mismo
tiempo, no “admitimos” que
verdaderamente Él es nuestro “primer
amor”; y eso prueba que estamos recaídos. Pero, ¡lo
que es peor que podemos
estár tan recaídos que no nos molesta que el Señor
tiene esto encontra
nosotros! ¡ES esto tu caso? ¡Estás tan contento con
tu iglesiadad que quizas no
estás aún consciente de tu condición? Oh,
¡ojalá que no!
Quizas
alguien dirá: “Esta Escritura no tiene nada que ver con la
reincidencia. Oh, si
admito que mi amor para el Señor no es ferviente como antes,
pero todavía si
amo al Señor. Además de eso, no ando en el mundo en el
pecado grosero, sino que
todavía sirvo al Señor. En ser verdadero, todavía
hago todas las cosas normales
de cristiano”.
Sí,
probablemente que si las haces. Pero nota que el Señor
vió esto en estos
cristianos, y todavía les dice en el versículo 5, “Recuerda por tanto de dónde has
caído, y arrepiéntete, y haz las
primeras obras...”. En ser “caído” (Griego
– en desprenderse; especificamente hacer
salir del camino de uno), y ser
dicho “arrepiéntate” , quiere decir
no sólo que “has dejado tu primer amor”,
pero que algo, o alguien, ha reemplazado al Señor como tu “primer amor”. Amados, uno puede ser un creyente
verdadero del Señor
Jesucristo, pero al mismo tiempo, ¡haberse desprendido
de una relación íntima de amor con Él; o haberse salido del camino con respecto a ello! Lot,
Samsón, David,
y Solomon son ejemplos de esto.
No
obstante, el Señor en Sus misericordias condescendencias,
aún aunque tiene todo
derecho en dejarnos en el “engaño de
pecado” (Hebreos 3:13), y de ser castigado severamente por ello, y
a pesár
de cómo lo hemos tratado, todavía nos llama de “recuerda...de dónde has caído”; en otras
palabras, ‘Piensa y recuerda
cómo era antes que me dejaras como
tu “primer amor”. En hacer esto,
ejerce tu memoria para ver que te causó que te hizo desprender,
o te hizo
salir, de nuestra relación de amor.’ Si hacemos esto, y oramos
como David: “Examíname, oh Dios, y conoce mi
corazón:
Pruébame y reconoce mis pensamientos: Y ve si hay en mí
camino de perversidad,
Y guíame en el camino eterno” (Salmo 139:23,24), “él
que conoce los
secretos del corazón” (44:21), nos mostrará que es lo que
vino entremedio de
nosotros y de Él. Podemos estár seguros de uno cosa, sea
lo que sea, ¡ES EL
PECADO!
¿Por
qué digo eso? Bueno, nota que el Señor dice “arrepiéntate”,
es a saber, debemos de pensar
diferentemente, eso es, reconsiderar,
en sentir compunción, por dejar cualquier
cosa en venir entre Él y
nosotros; y si también notas, que en arrepentirte, quiere decir
que la problema
comenzó en nuestros pensamientos y en nuestros deseos, lo cual
enclava una cuña
entre nosotros y el Señor, hasta al punto que ya no amamos al
Señor como en el
principio. Si somos honestos con nosotros mismos, tenemos que admitir
que
nuestros pensamientos ya no perseveran en el Señor, o nuestro
corazón no está
fijo sobre Él, porque han sido distraídos; y eso,
¡sabemos nos causará de no ver “al Rey en su hermosura” (Isaías 33:17) y como “todo él codiciable” (Cantares 5:16! Eso nos
llamará al
arrepentimiento, ¿verdad? Sí, ¡debemos de tener “un
cambio de mente” con un “dolor que es según Dios”
(2 Corintios
7:10) si el Señor Jesús no es nuestro “primer
amor” como de primero!
Pero,
¡nota que el Señor no simplemente nos deja que nos
“siéntamos tristes” por ser
infiel a Él y por tener nuevos amados! (Cp. Oseas 2:13). No,
Él nos dice que “haz las primeras obras” (Apocalipsis
2:5). ¿Qué quiere decir esto? Bueno, “recuerda”
que en enamorarte con el Señor Jesús al principio,
¡nos deleitábamos en
hacer Su voluntad y de agradarle en todo! ¿Te acuerdas de la
dulzura de la
comunión que tenías con Él en la oración?
¿Qué del deleite que tenías en
estudiar y en meditar en Su Palabra? Muy ciertamente, te acuerdas del
gozo que
tenías en decirle a otros de tu precioso Salvador,
¿verdad? Además de esto, por
causa de nuestro amor por Él guardábamos Sus mandamientos
y Su Palabra (Juan
14:15,21,23,24). Lo amábamos tanto que “sus
mandamientos no son penosos” (1 Juan 5:3). Eso, querido creyente,
¡son las “primeras obras” que deben de ser
reales
en nuestras vidas si el Señor Jesús es nuestro “primer amor”!
Ahora,
se levanta una pregunta: ¿Qué serio es para un cristiano
estár en esta
condición reincidente? Quizas alguno pensará que no lo
es, especialmente si uno
es muy activo en “servir al Señor en la iglesia” (?), pero
considera lo que el
Señor mismo hará si persistimos en nuestra reincidencia.
Él nos avisa que si no
nos “arrepentimos”, Él nos quitará como Su testigos: “pues si no, vendré presto á ti, y
quitaré tu candelero de su lugar, si
no te hubieres arrepentido” (v.5). Acuérdanse, debemos
resplandecer “como luminares en el mundo” (Filipenses
2:15), pero solo lo podemos hacer, si Jesús, quien es “la luz del mundo” (Juan 8:12), resplandece por medio
de, y en,
nosotros; y últimamente, solo puede ser verdad si Él es
nuestro “primer amor”. Sabes, una de las cosas
más tristes que le puede suceder a un creyente es de ser muy
activo en la
iglesia, mientras al mismo tiempo no tener de todo un testimonio del
amor del
Señor Jesucristo. Triste de decir, nuestros últimos
días puede ser como los de
Lot (cp. Génesis 13:10,11; 19:1,36), o Samsón (Jueces 16)
y Solomon (1 Reyes
11:4), quizas no hasta ese extremo; no obstante, el Señor
simplemente podrá
solo hacernos a un lado, o quitarnos del medio, como lo dice
aquí, ¡si no nos
arrepentimos!
Pero,
habiendo dicho esto, en tanto que tú eres concernido,
verdaderamente puedes
decir que el Señor Jesús es tu “primer
amor”; y en hecho, el Señor mismo dice de tí, como “Jehová dijo á Satán: ¿No has
considerado á mi siervo Job, que no hay
otro como él en la tierra, varón perfecto y recto,
temeroso de Dios, y apartado
de mal?” (1:8); en otras palabras, por la gracia de Dios, no solo
haz sido
fiel en servirle, pero también te haz retirado de cualquier cosa
que podrá
venir entre tí y Él. Á tí te digo:
Quédate humilde delante de Señor, y como
Proverbios 3:5-7 dice, “Fíate de Jehová
de todo tu corazón, Y no estribes en tu prudencia.
Reconócelo en todos tus
caminos, Y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu
opinión: Teme á
Jehová, y apártate del mal”. Guárdate cercas
al Señor en oración y no
desmayes (Lucas 18:1), sed “criado en las
palabras de la fe y de la buena doctrina” (1 Timoteo 4:6), y “creced en la gracia y conocimiento de
nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18), y “puestos los ojos en al autor y consumador de la fe, en
Jesús” (Hebreos
12:2). Si por la gracia de Dios haces esto, puedes estár seguro
de esto: Él “es poderoso para guardaros sin
caída, y
presentaros delante de su gloria irreprensibles, con grande
alegría” (Judas
1:24). ¡¡¡Aleluya!!!
Pero ¡ay!, ¡qué tantos de nosotros
tenemos que
confesar que nos hemos caído de esa preciosa relación de
amor con el Señor, y
nos hemos recaído a una vida religiosa resfriada! Como hemos
notado antes,
podemos ser muy activos en la iglesia, y todavía estár
“sin amor” hacia al
Señor. ¿Podrá ser dicho de nosotros como se dijo
de aquellos en el tiempo de
Ezequiel: “Y vendrán á ti como viene el
pueblo, y se estarán delante de ti como mi pueblo, y
oirán tus palabras,” (las
palabras del predicador), “y no las
pondrán por obra: antes hacen halagos (hablan
de mucho amor – Versión Inglés)
con sus bocas, y el corazón de ellos anda
en pos de su avaricia” (33:31)?
¿Podrá ser esto verdad de tí? Dices que amas al
Señor, no obstante, tu corazón
está fijo sobre otras cosas; y como dije antes, ¡puede ser
CUALQUIER COSA que
toma el lugar que le pertenece al Señor en tu corazón!
¿Estás concernido de
esto?
Quizas
tú eres uno que honestamente confesarás que tu amor para
el Señor se ha resfriado,
y que haz sido negligente en tu relación con Él.
“¿Qué tengo que hacer?” podrás
preguntár. Aquí está la respuesta: “Recuerda por tanto de dónde has caído, y
arrepiéntete, y haz las
primeras obras” (v.5); y todavía, esto es imposible de
hacerlo aparte de la gracia de Dios. Sabes esto: En uno resbalarse
atrás es muy
fácil y podemos hacerlo, pero en regresar para atrás al
Señor para que otra vez
venga a ser nuestro “primer amor”, es
más allá de nuestras fuerzas y habilidad. Lo que es
verdad de ocuparnos en
nuestra salvación, es también verdad en regresar al
Señor; “Porque Dios es el que en vosotros obra
así el querer como el hacer, por su buena voluntad”
(Filipenses 2:13).
David reconoció esto cuando oró: “¿No
volverás tú á darnos vida, Y tu pueblo se
alegrará en ti?” (Salmo 85:6); y
“Vivifícame según tu palabra” (119:25).
¡Tenemos que mirar hacia á Dios y clamar á
Él si deseamos de regresár á Él!