La Oración Lenta

Por  E.M. Bounds

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Nuestras oraciones no son medidas por el reloj, pero el tiempo es de su esencia. La habilidad de esperar, permanecer y adelantar esencialmente pertenece a nuestro trato con Dios. Las oraciones cortas son el enemigo de la piedad profunda. La calma, el alcance, la fuerza, nunca son los compañeros del apuro. Las oraciones cortas agotan el vigor espiritual, detienen el progreso espiritual, agotan las bases espirituales, y arruinan la raíz y la flor de la vida espiritual. Ellos son la fuente prolífica de la reincidencia, la indicación segura de la piedad superficial; ellos engañan, anieblan, pudren la semilla, y empobrecen el alma.

LaEs verdad que las oraciones de la Biblia son cortas, pero los hombres de oración de la Biblia estaban con Dios por muchas horas dulces y de luchas santas. Ellos ganaron por pocas palabras pero por esperar largo tiempo. Las oraciones que Moisés registra pueden ser cortas, pero Moisés oró a Dios con ayuno y llantos poderosos cuarenta días y noches.

La declaración del orar de Elías puede ser condensada a unos pocos párrafos breves, pero indudablemente Elías, que cuando "orando él oró," pasó muchos horas en la lucha ardiente y el tratar alto con Dios antes, con la audacia asegurada, él dijo a Acab, “No habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra” (1 Reyes 17:1). El registro de la Biblia de las oraciones de Pablo es corto, pero Pablo oró excesivamente noche y día.

El Padre Nuestro es un paradigma divina para los labios de niños. El hombre Jesucristo, oró muchos tiempos nocturnos antes que Su trabajo fuese cumplido, y Sus oraciones nocturnas y largo tiempos dieron a Su obra su fin y perfección, y a Su carácter la plenitud y la gloria de su divinidad.

El trabajo espiritual es trabajo tasador, y los hombres son desinclinados de hacerlo. Orar, la oración verdadera, cuesta un desembolso de la atención grave y de tiempo que la carne y la sangre no saborean. Pocas personas están hechas de tal fibra fuerte que ellos harán un desembolso costoso cuando el trabajo superficial pasará así tan bien como en lo público. Podemos ajustarnos a nuestro orar débil hasta que se mire bien a nosotros; por lo menos se mantiene al ritmo de una forma decente y se calma la conciencia — ¡el más mortal de opiatas! Podemos reducir nuestro orar, y no darnos cuenta del peligro hasta que los fundamentos son idos. Las oraciones apuradas debilitan la fe, hacen las convicciones débiles, y la piedad dudosa. En ser poco con Dios es de ser pequeño para Dios. En acortar el orar hace todo el carácter religioso corto, avaro y desaliñado.

Se toma buen tiempo para el flujo lleno de Dios al espíritu. Las oraciones cortas cortan el tubo del flujo lleno de Dios. Se toma tiempo en los lugares secretos para conseguir la revelación completa de Dios. El poco tiempo y el apuro estropean el cuadro.

Henry Martyn se lamento que "la falta de la lectura privada devocional y la brevedad de la oración por causa del hacer sermones incesante había producido mucho extraño entre Dios y mi alma". Él juzgó que había dedicado demasiado tiempo al ministerio público y demasiado poco a la comunión privada con Dios. Él fue mucho impresionado con la necesidad de poner aparte tiempos para el ayuno y para dedicar tiempo para la oración solemne. Resultando de esto, él registra: "Fui ayudado esta mañana para orar dos horas". Dijo William Wilberforce, el igual de reyes: "Debo asegurar más tiempo para las oraciones privadas. He estado viviendo demasiado público para mí. El acortamiento de las oraciones privadas mata de hambre el alma; se enflaquece y se desmaya. He estado manteniendo también tarde horas". De un fracaso en el Parlamento, él dice: "Permíteme registrar mi pena y vergüenza, y todo, probablemente, de las oraciones privadas contratadas, y así que Dios permitió mi tropiezo". Más soledad y las horas más tempranas fueron su remedio.

El más tiempo y las horas tempranas para la oración actuarían como la magia para revivir y revigorizar muchas vidas espirituales decaídas. El más tiempo y las horas tempranas para la oración serían manifiestas en un vivir santo. Una vida santa no sería tan rara ni tan difícil una cosa si nuestras oraciones no fueran tan cortas y apuradas. Un espíritu al imagen de Cristo en su perfume dulce y desapasionado no sería tan extranjero y desesperado una herencia si nuestro tiempo en el armario fuera alargado y fuera intensificado. Vivimos andrajosamente porque oramos mezquinamente. El tiempo alargado para banquetear en nuestros armarios traerá médula y gordura a nuestras vidas. Nuestra habilidad de permanecer con Dios en nuestro armario mide nuestra habilidad de permanecer con Dios fuera del armario. Las visitas apresuradas del armario son engañosas. No sólo somos engañados por ellos, pero somos perdedores por ellos en muchos sentidos y en muchos legados ricos. Demorando en el armario instruye y gana. Somos enseñados por ello, y las victorias más grandes son a menudo los resultados de gran esperar — esperando hasta que las palabras y los planes son agotados, y esperar silencioso y paciente gana la corona. Jesucristo pregunta con un énfasis afrontado, “¿Y no cobrará Dios venganza por sus escogidos, que claman a Él día y noche?”

El orar es la cosa más grande que podemos hacer, y para hacerlo bien debe haber la calma, el tiempo y la deliberación; de otro modo es degradado a las cosas más pequeñas. La oración verdadera tiene los resultados más grandes y la oración pobre lo menos. No podemos hacer demasiado mucho de la oración verdadera, no podemos hacer tan poco de la farsa. Debemos aprender de nuevo el valor de la oración, y entrar de nuevo en la escuela de la oración. No hay nada que toma más tiempo de aprender. Y si aprenderíamos el arte maravilloso, no debemos de dar un fragmento aquí y allá —"Un hablar pequeño con Jesús" como los santitos diminutos cantan — pero debemos demandar y agarrarnos con un agarra de hierro las mejores horas del día para Dios, o no habrá el orar digno del nombre.

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Este extracto breve es del capítulo 12 del libro de E M. Bounds Power Through Prayer.