La Mañana Y Tarde de Charles H. Spurgeon

Mayo

05/24/AM

“Bendito sea Dios, que no echó de sí mi oración, ni de mí su misericordia” (Salmo 66:20)

A mirar hacia atrás sobre el carácter de nuestras oraciones, si lo hacemos honestamente, seremos llenados de la maravilla que Dios jamás los ha contestado. Es posible que hay algunos que piensan que sus oraciones dignas de aceptación-como hacían los fariseos; pero el cristiano verdadero, en una reflexión más iluminada, llora sobre sus oraciones, y si él podría trazar de nuevo sus pasos él desearía de orar más seriamente. Recuerde, cristiano, cuán frías han sido sus oraciones. Cuándo en su armario hubiera de haber luchado como Jacob lo hizo; pero en lugar del mismo, sus peticiones han sido débiles y pocas-muy distantes de aquella fe humilde, creíble, perseverante, la que llora, 'No te dejaré, si no me bendices'. Todavía, maravilloso decir, Dios ha oído estas oraciones frías suyas, y no sólo oído, pero contestádolas. Refleja también, cuán infrecuentes han sido sus oraciones, a menos que ha estado en un apuro, y entonces usted ha ido a menudo al propiciatorio: pero cuándo ha venido la liberación, ¿dónde ha estado tu súplica constante? Todavía, a pesar de que usted ha dejado de orar como una vez antes oraba, Dios no ha dejado de bendecir. Cuándo usted ha descuidado del propiciatorio, Dios no lo ha desertado, sino la luz brillante del Shekinah siempre ha sido visible entre las alas de los querubines. ¡Oh! es maravilloso que el Señor haya de considerar esos espasmos intermitentes de la importunidad que vienen y van con nuestras necesidades. Qué Dios es Él así de oír las oraciones de los que vienen a Él cuando tienen las necesidades que aprietan, pero lo descuidan cuando ellos han recibido una misericordia; que se acerca cuando son forzados a venir, pero que casi se olvidan de dirigirse a Él cuándo las misericordias están abundantes y las penas son pocos. Permita que Su bondad amable en oír tales oraciones toque nuestros corazones, para que de aquí en adelante podamos ser encontrados 'orando en todo tiempo, con toda oración y súplica en el Espíritu'.