¿PECAN
LOS CRISTIANOS?
Por
Lasaro
Hace
algunos años encontré a un joven que profesaba ser
cristiano, y a quien habían
enseñado en la iglesia de la cual él era un miembro, que
él ya no podía pecar.
Cuando traté de mostrarle con la Biblia que los cristianos
todavía pueden
pecar, y pecarán, él lo rechazó y afirmó
que cualquier mal que él todavía hacía
ya no era un pecado sino simplemente un error. Aún según
a la enseñanza de
ellos, él creía que un cristiano todavía
podía perder su salvación. Cuando le
pregunté como era posible ya que él afirmó que los
cristianos ya no podían
pecar, él no podía contestar sin contradecirse. Esto va
sin decir que en
cualquier tiempo que hay doctrina falsa con respecto a cualquier verdad
de la
Palabra de Dios, cualquiera que propaga cualquier error por sus
doctrinas por
lo general se encontrará yendo en círculos o con
contradicciones. La razón que
esto pasa es porque ellos no tienen un fundamento doctrinal
sólido por donde
comenzar, o ellos tratan de acomodar la Palabra de Dios con su
razonamiento preconcebido
carnal. Sin embargo, su creencia que los cristianos ya no pecan es una
cuestión
que debemos considerar seriamente.
Ahora,
¡yo creería que la mayor parte de cristianos profesos
estarían de acuerdo
conmigo que los cristianos todavía
pecan! Incluso si ellos son ignorantes de esta doctrina
Bíblica, ¡ellos
tendrían que declarar de su propia experiencia que ellos
están lejos de ser impecables! A menos que sus corazones
hayan sido “endurecidos con engaño de pecado” (Hebreos
3:12, 13), o ellos “tienen cauterizada la conciencia” (1 Timoteo 4:2) o ellos son llenos
de sus propias “justicias” (Isaías
64:6) como lo eran los Fariseos, la mayor parte de cristianos profesos
tendrán
que admitir con el apóstol Pablo, “¡Miserable
hombre de mí! ¿quién me librará del cuerpo
de esta muerte?” (Romanos
7:24): y esto debido al pecado morador (vv.17, 18, 20). Es debido a
esta verdad
solemne y humillante que podemos decir sin cualquier duda que los
cristianos
verdaderos todavía
pecan; y por
qué somos tan susceptibles a la reincidencia en cualquier y cada
día a menos
que seamos sostenidos diariamente por la gracia de Dios en Cristo
Jesús. Amén.
Pero
vamos tener presente una verdad simple que es esencial en el
entendimiento que los cristianos pecan realmente en sus vidas. Es que
aunque
podemos y todavía, pecamos, esa verdad
no nos da una excusa para seguir en
el pecado. Sólo porque la Palabra de Dios enseña
verdaderamente que aunque
somos nacidos de nuevo y somos “salvos en
Jehová con salvación eterna” (Isaías
45:17) por la gracia de Dios mediante
la fe en el Señor Jesucristo (Efesios 2:8) eso no significa que
podemos
justificarnos siempre que pequemos en abogando la verdad con la que
tratamos en
nuestro estudio como una razón de pecar todavía como
cristianos. Ya ven, amados,
en cualquier tiempo que pecamos lo hacemos deliberadamente, es decir,
escogemos
de hacerlo; o como Santiago dice: “Cuando
alguno es tentado, no diga que es tentado de Dios: porque Dios no puede
ser
tentado de los malos, ni él tienta á alguno: Sino que
cada uno es tentado,
cuando de su propia concupiscencia es atraído, y cebado. Y la
concupiscencia,
después que ha concebido, pare el pecado: y el pecado, siendo
cumplido,
engendra muerte” (1:13-15). Cuando une esto con lo que Pablo
dice sobre el
pecado morador en el creyente (Romanos 7:15ff.), verá entonces
que mientras
estamos en este cuerpo carnal siempre habrá la tentación
para pecar. O sea que
resistimos o sea que nos rendimos al pecado depende en lo que escogemos
de
hacer: O sea seremos como José, quien fue tentado por la esposa
de Potiphar, no
sólo dijo, “¿Cómo, pues,
haría yo este
grande mal y pecaría contra Dios?”, sino que en ella
persistiendo, él huyó
de ella (Génesis 39:9, 13); o seremos como David, quien no
sólo se rindió a su
concupiscencia y cometió adulterio con Betsabé, pero tuvo
que el esposo de ella
fuera muerto como resultado de su pecado (2 Samuel 11, 12). Pero
acordaos:
Ambos eran “cristianos salvados”; no obstante, ellos
podían todavía pecar; y como vemos,
¡uno de
ellos peco en estos casos particulares!
Otra
cosa que nos gustaría hacer con este estudio es ayudar a
cristianos que se
encuentran con dudas y miedos de su relación salvadora con el
Señor porque
ellos han cometido pecado. En muchos casos éstos son creyentes
recién
convertidos o aquellos que a pesar de algún tiempo en el
Señor no han crecido
espiritualmente en la Palabra de Dios; y en el uno o el otro caso,
ellos no
tienen una fundamento sólido de las verdades “del
evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24) para estar
firmes siempre que sean tentados a pecar. No mal entienda: No estoy
tratando de
hacer excusas por nuestros pecados como cristianos; sin embargo, hay
tiempos
que los cristianos se encuentran realmente en confusión y se
preguntan si ellos
son, o hayan sido, salvados. Por supuesto, esto puede pasar porque en
la
oscuridad del pecado es imposible ver la
Ahora, en este estudio trataremos con tres cosas específicas (a menos que Dios nos dé algo más que tenemos que saber); 1. NUESTRA NATURALEZA PECADORA ANTES DE LA REGENERACIÓN; 2. NUESTRA NATURALEZA PECADORA DESPUÉS DE LA REGENERACIÓN; y 3. LA ERRADICACIÓN DE NUESTRA NATURALEZA PECADORA EN LA GLORIFICACIÓN. Es mi esperanza que, a mínimo, seamos capacitados para ver que TODOS nuestros pecados han sido pagados por nuestro Redentor glorioso en la Cruz del Calvario, o sea nuestros pecados antes de que fuéramos salvados y después de que fuimos salvados. Por lo tanto podemos alabar a Dios por todo lo que Él ha hecho por nosotros en Su Hijo amado, el Señor Jesucristo, en perdonar nuestros pecados, aun cuando los cometemos como cristianos. Oh, ¡cómo nuestros corazones deberían rebosar con amor por nuestro Salvador en que Él ha hecho la provisión por todos ellos desde el principio hasta lo final! Al mismo tiempo, como deberíamos desear huir de cada tentación para pecar; y no ser hallados culpables de abusar la gracia de Dios por cedernos a ellos; y así que “dejando todo el peso del pecado que nos rodea, corramos con paciencia la carrera que nos es propuesta, Puestos los ojos en al autor y consumador de la fe, en Jesús” (Hebreos 12:1, 2), sabiendo que el Hijo de Dios nos ha hecho “verdaderamente libres” (Juan 8:36) del poder del pecado; “porque el pecado no se enseñoreará de nosotros” (Romanos 6:14). ¡Aleluya!
************************************************************************************************************************29.¿
En
continuar, vamos ahora mirar I. NUESTRA NATURALEZA PECADORA ANTES
DE LA
REGENERACION. En otras palabras, ahora consideraremos nuestra
naturaleza
pecadora antes que nacemos otra vez, o somos “nacidos
del Espíritu” (Juan
3:3, 5, 6), es decir, antes de tener “arrepentimiento
para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo”
(Hechos 20:21) y llegar a ser un cristiano. Seguramente, este estudio
nos debe
hacer ver una verdad muy importante, (y que incluye cada humano que ha
nacido o
nacerá); y es que todos y cada uno de la raza humana es un
pecador por la naturaleza.
Por lo tanto, absolutamente nunca habido una persona que ha andado esta
planeta
que no ha sido un pecador, excepto por Uno; y ese es el Señor
Jesucristo, quien
como el unigénito Hijo de Dios, no es sólo verdadero
Dios, pero también
verdadero Hombre, en quien no había “pecado
en Él” (1 Juan 3:5), quien “no
hizo pecado” (1 Pedro 2:22) y “que
no conoció pecado” (2 Corintios
5:21). Por el otro lado, nuestra propia experiencia y seguramente, la
Palabra inerrante
de Dios, ¡declara infaliblemente que somos pecadores! Por
ahora, un par
de Escrituras hará esto claro. Eclesiastés 7:20 declara
que “ciertamente no hay hombre justo en la
tierra, que
haga el bien y nunca peque”; y en
Romanos 3:21 leemos “por
cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de
Dios”. Así que no
cabe duda que TODOS nosotros antes
Dios somos pecadores; ¡si queremos admitirlo o no!
Primero,
vamos empezar primero de la creación del hombre, es decir,
Adán. Cuándo Adán
fue creado, él era una persona impecable, es decir, él no
tenía pecado. Eva fue
también impecable porque ella fue tomada del lado de
Adán, quien tenía una
naturaleza impecable en aquel tiempo. Génesis 2:27; 2:7, 21-23.
Pero algo
radical sucedió en el Edén que cambió la
naturaleza de Adán y de Eva. Pero “mandó
Jehová Dios al hombre, diciendo: De
todo árbol del huerto comerás; mas del
árbol de la ciencia del bien y el mal no comerás; porque
el día
que de él comieres, ciertamente morirás” (2:17).
Note que Dios advirtió a Adán que si él
había de comer de este árbol particular
él “ciertamente morirá”.
Ahora, tenga
presente que morir implica la separación,
o sea físicamente o sea espiritualmente. Veremos esto más
claro al continuar.
Pero, ¿qué hizo Adán? En el tercer capítulo
averiguamos lo que sucedió. Aquí
vemos a Eva entra en una conversación con la serpiente (vv.1-5),
quien es el
mismísimo Satanás (ref. a Apocalipsis 12:9; y ella fue
engañada (2 Timoteo
2:14, 15). Ella tomó de la fruta y dio a su marido (v.6). Como
resultado, algo
sucedió a la naturaleza de ellos. Ahora “fueron
abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces
cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. Y oyeron la
voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto al aire del
día; y Adán y su
esposa se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los
árboles del
huerto” (vv.7, 8).
¡Ellos ya no eran impecables porque habían
pecado cuando Adán comió de la fruta en desobedecer lo
que Dios había ordenado
que no hicieran!
Por
lo tanto, ellos murieron espiritualmente y llegaron a ser “ajenos
a la vida de Dios” (Efesios
4:18); en otras palabras, ellos llegaron a ser separados
de Dios, que es la consecuencia del pecado; “porque
la paga del pecado es muerte”
(Romanos 6:23). Además, leemos que “el
pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la
muerte, y así la
muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”
(5:12).
Consecuentemente, “el alma que pecare,
esa morirá” (Ezequiel 18:4). ¡Esto es lo que le
sucedió a Adán y a Eva! La
prueba que ellos murieron, es decir, fueron separados
de Dios está en ellos tratando de esconderse de Dios; y que esto
es muerte espiritual es mostrada por el
hecho que él no fue muerto físicamente
hasta que él era 930 años de edad (Génesis 5:5)
después que fueron expulsados
del Huerto de Edén y tuvieron hijos (3:23, 24; 5:1-5). Pero la
tragedia era que
tanto Adán como Eva eran ahora pecadores, y la naturaleza
impecable de ellos
había sido convertida en una naturaleza pecadora. Ahora todo lo
que ellos
podían parir eran hijos con una naturaleza pecadora; y esto es
aclarado con sus
primeros dos hijos, Caín y
Sigue,
entonces en segundo lugar,
desde que ya Adán y Eva son nuestros primeros padres y que somos
descendidos de
ellos (no, mis estimados lectores, nosotros no hemos venido de monos);
y ya que
ellos llegaron a ser pecadores antes
de tener hijos, sigue también que cada niño que tuvieron después era un pecador por naturaleza. Eso quiere
decir
inequívocamente que cada uno de nosotros es un pecador por la
naturaleza.
Nosotros no somos pecadores porque pecamos; no, pecamos porque somos
pecadores
del momento de concepción. David dice en el Salmo 51 – “He aquí, en maldad he sido formado, y en
pecado me concibió mi
madre” (v.5). Esto tiene que ver con la naturaleza del
pecado, y no con
el acto de concebir. En otro lugar leemos que todos nosotros “desde el vientre hemos sido llamado
rebeldes” (Isaías 48:8). En otras palabras, desde
Adán adelante todo lo que
podemos producir es no sólo el pecado, pero también
pecadores. Por lo tanto, a
causa del pecado, no sólo morimos físicamente
después del tiempo permitido que
Dios nos da en esta vida, pero sin la regeneración estamos
muertos
espiritualmente, es decir, “muertos
en…delitos y pecados” (Efesios 2:1).
Por lo tanto, podemos decir por la autoridad de la Palabra inerrante de Dios que a menos que algo radical suceda dentro del hombre, él se quedará con su naturaleza pecadora desde el momento de concepción hasta el día que muere; e incluso hasta la eternidad. No hay absolutamente nada que él pueda hacer acerca de ello. Además, si es dejado a él mismo, el hombre ni desea de cambiar su naturaleza pecadora. El hombre en este estado ama el pecado y se opondrá y resistirá todo que lo cambiará a menos que él sea convencido de que hay una mejor vida que vivir en el pecado. Pero, “¿quién podrá sacar algo limpio de lo inmundo? Nadie" (Job 14:4). En otras palabras, así como es imposible que “el árbol bueno no puede dar frutos malos, ni el árbol malo dar frutos buenos” (Mateo 7:18); porque “¿podrá el etíope mudar su piel, o el leopardo sus manchas? Entonces también vosotros podéis hacer bien, estando habituados a hacer mal” (Jeremías 13:23). ¡Definitivamente no! Así que la única esperanza que los pecadores tienen es de experimentar la regeneración, o como es referido en Juan 3 en “nacer otra vez” ___”Os es necesario nacer otra vez” (vv.3, 5, 8). Sin esto, entonces el hombre será condenado para permanecer un pecador muerto y condenado por toda la eternidad sin la esperanza del perdón del pecado y ser separado de Dios para siempre jamás; “por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”; “así que, como por el pecado de uno vino la condenación a todos los hombres” ; “porque como por la desobediencia de un hombre muchos fueron constituidos pecadores” (Romanos 5:12, 18, 19 ); y si ellos se quedan espiritualmente muertos sin el Señor Jesucristo, ellos serán “lanzados en el lago de fuego. Ésta es la muerte segunda” (Apocalipsis 20:14).
*************************************************************************************************************************************************************************************************
Ahora,
vamos a considerar II. NUESTRA NATURALEZA PECADORA DESPUES DE LA
REGENERACION. Muchos tienen la concepción equivocada que una
vez uno llega
a ser cristiano ellos creen erróneamente que ya no son
pecadores; o por lo menos,
creen que han sido librados del poder del pecado en sus vidas de modo
que ya no
pecaran. De hecho, hay ésos dentro de la cristiandad profesa que
realmente cree
que ellos pueden alcanzar la 'santidad perfecta'. En otras palabras,
ellos
reclaman que cristianos pueden realmente obtener "impecabilidad" en
sus vidas. También, ellos argüirán como algunos que
he encontrado, que
cualquier mal que ellos hacen no es "pecado", sino simplemente un
error. Por supuesto, esto armoniza con la teología de ellos
porque ya que ellos
creen que los cristianos pueden perder su salvación, así
que reclamando que
ellos ya no pecan no pueden ser perdidos. No obstante, a pesar de
reclamar que
los cristianos pueden obtener la "impecabilidad", la Palabra inerrante
de Dios reclama de otro modo. Los cristianos verdaderos pueden pecar, y
pecaran,
en sus vidas, aún aunque ellos han experienciado la
regeneración, o han “nacido
otra vez” (
La
pregunta es, ¿por qué? La doctrina Bíblica es
esta: Creyentes que han nacido
otra vez tienen todavía una naturaleza pecadora; y debido a esta
naturaleza
pecadora los cristianos verdaderos tienen todavía la habilidad
de pecar; y
tienen todavía la apetecibilidad a pecar a causa de la
naturaleza pecadora en
ellos. Por lo tanto, ¡podemos afirmar por la autoridad de la
Palabra de Dios
que los cristianos verdaderos pueden pecar! ¡Las
Escrituras son
enfáticas acerca de esto! De hecho, si negamos esta verdad,
considere lo que
haríamos: “Si
decimos que no
tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no
está en
nosotros”; y “Si
decimos que no hemos pecado, le hacemos a Él mentiroso, y su
palabra
no está en nosotros” (1
Es
obvio que por lo que Pablo declara aquí es que el pecado
todavía mora
en él; y que eso sería también verdad para todo
creyente nacido otra vez. ¡No
hay ninguna excepción! Note que el apóstol también
nos dice aquí que aún cuando
deseamos de hacer el “bien”, simplemente
hacemos lo contrario. Por lo tanto, todo cristiano verdadero mientras
tiene
este pecado morador, que es la naturaleza pecadora de la “carne”
que todavía se queda en nosotros aún después de
que
llegamos a ser una “nueva criatura, o
creación…en
Cristo” (2 Corintios 5:17), nos causará que pequemos,
o de rendirnos a pecar
siempre que somos tentados de hacerlo; o como Pablo lo pone: Es la “ley en (nuestros) miembros” (Romanos 7:23)
de nuestro cuerpo carnal pecador; o “este
cuerpo de muerte” (v.24). En otras palabras, nuestro cuerpo
físico aún
después de que hayamos sido regenerados tiene todavía el
principio del pecado
en él y se goza “de los placeres
temporales de pecado” (Hebreos 11:25) de que si vivimos para
la “carne” el pecado nos viene a ser dulce
por un tiempo. A causa de esta verdad, entonces podemos decir
inequívocamente
que los creyentes verdaderos en ciertos tiempos, siempre que sean
tentados a
pecar, pecarán porque los hace “sentirse bien". Si los
cristianos
verdaderos no tuvieran esta naturaleza pecadora dentro de ellos,
entonces nunca
jamás pecaríamos. Pero tu y yo, amados, sabemos mejor,
¿verdad?
Ahora,
esta verdad no nos da licencia, ni excusa, para continuar en el
pecado. Ya ven, la diferencia entre un creyente nacido otra vez y un
incrédulo
espiritualmente muerto es que el poder de la naturaleza pecadora sobre
el
cristiano verdadero ha sido destruido; o como Pablo lo pone: “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue
crucificado con Él, para que el cuerpo de pecado sea destruido,
a fin de que no
sirvamos más al pecado” (Romanos 6:6). El “viejo
hombre” de cada creyente, que es lo que éramos antes
de la
regeneración, ha sido crucificado junto con Cristo y como
resultado nuestro “cuerpo de pecado”, y
todo que esto se
refiere con respeto a nuestro pecado morador, “sea
destruido”, o literalmente, 'sea rendido enteramente
holgazán,
o inútil'; “a fin de que no sirvamos
más
al pecado”, es decir, 'no ser aún más un
esclavo al pecado'. Esto significa
simplemente, amados, que como antes de la regeneración
estábamos bajo el pecado
y su poder de modo que no podíamos dejar de pecar ya que
éramos sus esclavos;
en otras palabras, cada pensamiento, cada palabra o cada acción
que hacíamos
como pecadores muertos espiritualmente era pecaminoso de modo que
éramos “como suciedad, y todas nuestras
justicias como trapo de inmundicia” (Isaías 64:6),
pero ahora siendo
librados de su poder, “el pecado no se
enseñoreará de (nosotros)” (Romanos 6:14);
porque siendo “libertados del pecado, (venimos) a
ser
siervos de la justicia” (v.18). Por lo tanto, no tenemos que
pecar, no
porque hemos llegado a ser impecables, sino porque el pecado no tiene
derecho
ni autoridad sobre nosotros; en un sentido, ha 'sido rendido
enteramente
holgazán, o inútil' sobre nosotros aunque todavía
mora en nosotros.
No obstante, aún aunque como creyentes verdaderos en el Señor Jesucristo no deseamos pecar contra nuestro Dios y Padre celestial, mas tenemos que confesar que muchas veces fallamos de huir de la maldad como lo hizo José (Génesis 39:9, 12), sino en lugar de ello nos damos a pecar como David (2 Samuel 11); o ¡como Sansón y Lot lo hicieron! Oh, yo no implico que todos los cristianos verdaderos pecan al mismo grado… no, hay cristianos que son más espiritualmente maduros y más fuertes en la fe que otros al grano que hay una diferencia definida en su comportamiento, el carácter y las acciones; y será visto en la manera que ellos hablan y en lo que ellos hacen. No es que son "religiosos" (porque ésos abundan alrededor de nosotros); al contrario, su andar es uno de santidad, que es una indicación de ausentarse del pecado y más en ser conformado a la imagen del amado Hijo de Dios, el Señor Jesucristo (Romanos 8:29). Pero oh, cuántos de nosotros tenemos que ser honestos y reconocer como David que “me han alcanzado mis maldades, y no puedo levantar la vista; son más numerosas que los cabellos de mi cabeza” (Salmo 40:12). Todavía, oh santo luchador de Dios, permita que tu oración sea como la de David: “Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan; y digan siempre los que aman tu salvación: Jehová sea engrandecido. Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí. Mi ayuda y mi Libertador eres tú; Dios mío, no te tardes” (vv.16, 17) por amor de Jesucristo. Amén.
*************************************************************************************************************************
La
próxima cosa que queremos ahora considerar es III. LA
ERRADICACION DE NUESTRA
NATURALEZA PECADORA EN LA GLORIFICACION. Oh, ¡bendita la
verdad en saber
que un día glorioso yo ya nunca jamás pecare contra mi
Dios! Pero esa, amados,
es nuestra gran esperanza en nuestro Salvador precioso, en que nuestra
naturaleza pecadora será erradicada completamente de nosotros.
No más tropezándonos
en, no más cometiendo, no más ofendiendo por, el pecado
por toda la eternidad.
En ese día de la glorificación, será cumplido
completamente de lo que el
apóstol Pablo se angustiaba: “¡Miserable
hombre de mí! ¿Quién me librará de este
cuerpo de muerte? Gracias doy
a Dios por Jesucristo nuestro Señor” (Romanos
7:24, 25). Sí, en nuestro Salvador glorioso, no sólo
tenemos el perdón de TODOS
nuestros pecados, pero también seremos librados completamente
del poder y de la
presencia del pecado en nuestras vidas en aquel Día cuando somos
transferidos
del tiempo a la eternidad donde “no
entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace
abominación o
mentira; sino sólo aquellos que están escritos en el
libro de la vida del
Cordero” (Apocalipsis 21:27). ¡Aleluya!
Permitimos
notar algunas razones por qué esto es verdad para los elegidos
de Dios en
Jesucristo; y no necesariamente cronológicamente: La primera
que viene a cuenta es que absolutamente nadie puede
acercarse a Dios y estar delante de Él en su
pecado. Aunque es verdad que cada creyente verdadero ahora puede
acercarse
a Dios en Jesucristo por Su sangre y justicia, mas sería
imposible para que esto
sea verdad en la gloria si el santo de Dios todavía tiene el
pecado morador, lo
cual prevendría la comunión personal con Él. De
hecho, es dicho de Dios: “Muy limpio eres de ojos
para ver el mal, y
no puedes ver el agravio” (Habacuc 1:13); por lo tanto, es
dicho: “Porque tú no eres un Dios que se
complace
en la maldad; el malo no habitará junto a ti. Los
insensatos no estarán delante de tus ojos; aborreces a todos los que obran iniquidad” (Salmo 5:4,
5). Para un santo de Dios todavía tener el pecado morador en el
cielo,
entonces, estaría en el mismo estado y condición como uno
aquí en este mundo.
El pecado todavía estará entre medio de Dios y Su pueblo.
Pero en la
glorificación, el pecado total será quitado para siempre
para que ahora no sólo
podemos “ver su rostro” (Apocalipsis
22:4), sino entraremos “a la casa del
banquete, y su bandera sobre (nosotros es) amor” y en Su
presencia “su izquierda estará debajo de mi
cabeza, y
su derecha me abrazará” (Cantares 2:4, 6). El pecado
ya no puede prevenir
eso. ¡Aleluya!
La
segunda razón que vemos por qué el pecado
será erradicado del pueblo de Dios es porque los
elegidos han sido predestinados ser conformados al imagen del Hijo
de Dios, el Señor Jesucristo. Romanos 8:29. Las Sagradas
Escrituras lo hace
muy claro que Cristo era, y quedo, impecable; porque “no
hay pecado en Él” (1
Así,
entonces, la tercera razón que
sabemos que el pecado será erradicado totalmente del pueblo de
Dios en la
gloria es porque ellos tendrán un cuerpo
glorioso como el Suyo. “Mas nuestra
ciudadanía está en el cielo, de donde también
esperamos al Salvador, el Señor
Jesucristo; el
cual transformará nuestro cuerpo vil, para que sea semejante a
su cuerpo
glorioso,
según el
poder con el cual puede también sujetar a sí todas las
cosas”
(Filipenses 3:20, 21). Notemos que para entrar el cielo necesitamos que
tener “nuestro cuerpo vil” cambiado; y
esto
sucederá cuando el Señor Jesús vuelva. Él “lo
causará que sea semejante a Su cuerpo de gloria”,
significando que uno de
los beneficios de ello es que será impecable; en otras palabras,
ya no será susceptible
a la tentación de pecar ya que no tiene una naturaleza pecadora.
Otra manera de
ponerlo: ¡En TODO que nuestro Salvador glorioso era como Hombre
Perfecto así lo
seremos en la gloria con Él! Verdaderamente, podremos cantar con
el Salmista: “En cuanto a mí, yo en justicia
veré tu
rostro; quedaré satisfecho cuando despierte a tu
semejanza” (17:15).
¡Aleluya!
************************************************************************************************************************************************************************************************
Ahora,
llegamos a la conclusión de nuestro estudio, ¿Pecan Los
Cristianos? Creo que
hemos contestado la pregunta que los cristianos pueden, y si, pecan. El
apóstol
No
obstante, O hijo de Dios, tenemos que siempre tener presente que aunque
hemos nacido otra vez todavía tenemos la naturaleza pecadora con
la cual nacimos.
Mientras que antes, como hemos aprendido de las Escrituras, nosotros
estábamos
bajo el poder de nuestra naturaleza pecadora en nuestro estado
irregenerado; y
agregaríamos con mucho gusto el pecado cada día porque
amábamos de pecar;
especialmente desde que eso era nuestra naturaleza de hacerlo; y
así que a
menos que Dios interviniera en nuestro beneficio, nos
quedaríamos pecadores
viviendo jamás y para siempre bajo su poder. Pero como
aprendimos, en la
regeneración fuimos librados de su poder para que ahora podamos
vivir, por la
gracia de Dios, en la santidad y aparte del pecado aunque
todavía tengamos
morando el pecado en nosotros. Esa naturaleza pecadora se
quedará con nosotros
hasta que seamos glorificados.
Mientras
vamos a tener la lucha continua con el pecado; o como Pedro lo llama
una
batalla “contra
el alma” (1
Pedro 2:11). El apóstol Pablo experimentó esto en su
vida; y igualmente cada
hijo de Dios (Romanos 7:15-25). Habrá tiempos que nos rendiremos
a pecar como
David lo hizo (2