¿PECAN LOS CRISTIANOS?

Por Lasaro Flores

Hace algunos años encontré a un joven que profesaba ser cristiano, y a quien habían enseñado en la iglesia de la cual él era un miembro, que él ya no podía pecar. Cuando traté de mostrarle con la Biblia que los cristianos todavía pueden pecar, y pecarán, él lo rechazó y afirmó que cualquier mal que él todavía hacía ya no era un pecado sino simplemente un error. Aún según a la enseñanza de ellos, él creía que un cristiano todavía podía perder su salvación. Cuando le pregunté como era posible ya que él afirmó que los cristianos ya no podían pecar, él no podía contestar sin contradecirse. Esto va sin decir que en cualquier tiempo que hay doctrina falsa con respecto a cualquier verdad de la Palabra de Dios, cualquiera que propaga cualquier error por sus doctrinas por lo general se encontrará yendo en círculos o con contradicciones. La razón que esto pasa es porque ellos no tienen un fundamento doctrinal sólido por donde comenzar, o ellos tratan de acomodar la Palabra de Dios con su razonamiento preconcebido carnal. Sin embargo, su creencia que los cristianos ya no pecan es una cuestión que debemos considerar seriamente.

Ahora, ¡yo creería que la mayor parte de cristianos profesos estarían de acuerdo conmigo que los cristianos todavía pecan! Incluso si ellos son ignorantes de esta doctrina Bíblica, ¡ellos tendrían que declarar de su propia experiencia que ellos están lejos de ser impecables! A menos que sus corazones hayan sido endurecidos con engaño de pecado (Hebreos 3:12, 13), o ellos tienen cauterizada la conciencia (1 Timoteo 4:2) o ellos son llenos de sus propias “justicias” (Isaías 64:6) como lo eran los Fariseos, la mayor parte de cristianos profesos tendrán que admitir con el apóstol Pablo, “¡Miserable hombre de mí! ¿quién me librará del cuerpo de esta muerte?(Romanos 7:24): y esto debido al pecado morador (vv.17, 18, 20). Es debido a esta verdad solemne y humillante que podemos decir sin cualquier duda que los cristianos verdaderos todavía pecan; y por qué somos tan susceptibles a la reincidencia en cualquier y cada día a menos que seamos sostenidos diariamente por la gracia de Dios en Cristo Jesús. Amén.

Pero vamos tener presente una verdad simple que es esencial en el entendimiento que los cristianos pecan realmente en sus vidas. Es que aunque podemos y todavía, pecamos, esa verdad no nos da una excusa para seguir en el pecado. Sólo porque la Palabra de Dios enseña verdaderamente que aunque somos nacidos de nuevo y somos “salvos en Jehová con salvación eterna” (Isaías 45:17) por la gracia de Dios mediante la fe en el Señor Jesucristo (Efesios 2:8) eso no significa que podemos justificarnos siempre que pequemos en abogando la verdad con la que tratamos en nuestro estudio como una razón de pecar todavía como cristianos. Ya ven, amados, en cualquier tiempo que pecamos lo hacemos deliberadamente, es decir, escogemos de hacerlo; o como Santiago dice: “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de Dios: porque Dios no puede ser tentado de los malos, ni él tienta á alguno: Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído, y cebado. Y la concupiscencia, después que ha concebido, pare el pecado: y el pecado, siendo cumplido, engendra muerte” (1:13-15). Cuando une esto con lo que Pablo dice sobre el pecado morador en el creyente (Romanos 7:15ff.), verá entonces que mientras estamos en este cuerpo carnal siempre habrá la tentación para pecar. O sea que resistimos o sea que nos rendimos al pecado depende en lo que escogemos de hacer: O sea seremos como José, quien fue tentado por la esposa de Potiphar, no sólo dijo, “¿Cómo, pues, haría yo este grande mal y pecaría contra Dios?”, sino que en ella persistiendo, él huyó de ella (Génesis 39:9, 13); o seremos como David, quien no sólo se rindió a su concupiscencia y cometió adulterio con Betsabé, pero tuvo que el esposo de ella fuera muerto como resultado de su pecado (2 Samuel 11, 12). Pero acordaos: Ambos eran “cristianos salvados”; no obstante, ellos podían todavía pecar; y como vemos, ¡uno de ellos peco en estos casos particulares!

Otra cosa que nos gustaría hacer con este estudio es ayudar a cristianos que se encuentran con dudas y miedos de su relación salvadora con el Señor porque ellos han cometido pecado. En muchos casos éstos son creyentes recién convertidos o aquellos que a pesar de algún tiempo en el Señor no han crecido espiritualmente en la Palabra de Dios; y en el uno o el otro caso, ellos no tienen una fundamento sólido de las verdades “del evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24) para estar firmes siempre que sean tentados a pecar. No mal entienda: No estoy tratando de hacer excusas por nuestros pecados como cristianos; sin embargo, hay tiempos que los cristianos se encuentran realmente en confusión y se preguntan si ellos son, o hayan sido, salvados. Por supuesto, esto puede pasar porque en la oscuridad del pecado es imposible ver la Luz gloriosa de Su gracia perdonadora en Cristo Jesús; y tenemos que decir que en muchos casos es debido a la carencia del conocimiento y entendimiento de Su Palabra Santa, que lámpara es á (nuestros) pies tu palabra, y lumbrera á (nuestro) camino” (Salmo 119:105) para conducirnos en los caminos del Señor. Aún, también tenemos que decir que si pecamos y seguimos en el pecado, Dios retirará Su presencia de nosotros y nos causará mucha consternación en el sentido de Ósea 5:15, Andaré, y tornaré á mi lugar hasta que conozcan su pecado, y busquen mi rostro. En su angustia madrugarán á mi”. Por lo tanto, es mi oración que Dios se agrade de usar este estudio para mostrarnos por qué pecamos; pero al mismo tiempo lo que el apóstol Juan escribió será verdadero de nosotros: Hijitos míos, estas cosas os escribo, para que no pequéis; y (Pero) si alguno (es decir, cualquier cristiano) hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, á Jesucristo el justo; Y él es la propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 2:1, 2). Amén.

Ahora, en este estudio trataremos con tres cosas específicas (a menos que Dios nos dé algo más que tenemos que saber); 1. NUESTRA NATURALEZA PECADORA ANTES DE LA REGENERACIÓN; 2. NUESTRA NATURALEZA PECADORA DESPUÉS DE LA REGENERACIÓN; y 3. LA ERRADICACIÓN DE NUESTRA NATURALEZA PECADORA EN LA GLORIFICACIÓN. Es mi esperanza que, a mínimo, seamos capacitados para ver que TODOS nuestros pecados han sido pagados por nuestro Redentor glorioso en la Cruz del Calvario, o sea nuestros pecados antes de que fuéramos salvados y después de que fuimos salvados. Por lo tanto podemos alabar a Dios por todo lo que Él ha hecho por nosotros en Su Hijo amado, el Señor Jesucristo, en perdonar nuestros pecados, aun cuando los cometemos como cristianos. Oh, ¡cómo nuestros corazones deberían rebosar con amor por nuestro Salvador en que Él ha hecho la provisión por todos ellos desde el principio hasta lo final! Al mismo tiempo, como deberíamos desear huir de cada tentación para pecar; y no ser hallados culpables de abusar la gracia de Dios por cedernos a ellos; y así que “dejando todo el peso del pecado que nos rodea, corramos con paciencia la carrera que nos es propuesta, Puestos los ojos en al autor y consumador de la fe, en Jesús” (Hebreos 12:1, 2), sabiendo que el Hijo de Dios nos ha hecho “verdaderamente libres”  (Juan 8:36) del poder del pecado; “porque el pecado no se enseñoreará de nosotros” (Romanos 6:14). ¡Aleluya!

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En continuar, vamos ahora mirar I. NUESTRA NATURALEZA PECADORA ANTES DE LA REGENERACION. En otras palabras, ahora consideraremos nuestra naturaleza pecadora antes que nacemos otra vez, o somos “nacidos del Espíritu” (Juan 3:3, 5, 6), es decir, antes de tener “arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21) y llegar a ser un cristiano. Seguramente, este estudio nos debe hacer ver una verdad muy importante, (y que incluye cada humano que ha nacido o nacerá); y es que todos y cada uno de la raza humana es un pecador por la naturaleza. Por lo tanto, absolutamente nunca habido una persona que ha andado esta planeta que no ha sido un pecador, excepto por Uno; y ese es el Señor Jesucristo, quien como el unigénito Hijo de Dios, no es sólo verdadero Dios, pero también verdadero Hombre, en quien no había “pecado en Él” (1 Juan 3:5), quien “no hizo pecado” (1 Pedro 2:22) y “que no conoció pecado” (2 Corintios 5:21). Por el otro lado, nuestra propia experiencia y seguramente, la Palabra inerrante de Dios, ¡declara infaliblemente que somos pecadores! Por ahora, un par de Escrituras hará esto claro. Eclesiastés 7:20 declara que ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque”; y en Romanos 3:21 leemos “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Así que no cabe duda que TODOS nosotros antes Dios somos pecadores; ¡si queremos admitirlo o no!

Primero, vamos empezar primero de la creación del hombre, es decir, Adán. Cuándo Adán fue creado, él era una persona impecable, es decir, él no tenía pecado. Eva fue también impecable porque ella fue tomada del lado de Adán, quien tenía una naturaleza impecable en aquel tiempo. Génesis 2:27; 2:7, 21-23. Pero algo radical sucedió en el Edén que cambió la naturaleza de Adán y de Eva. Pero “mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto comerás; mas del árbol de la ciencia del bien y el mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (2:17). Note que Dios advirtió a Adán que si él había de comer de este árbol particular él “ciertamente morirá”. Ahora, tenga presente que morir implica la separación, o sea físicamente o sea espiritualmente. Veremos esto más claro al continuar. Pero, ¿qué hizo Adán? En el tercer capítulo averiguamos lo que sucedió. Aquí vemos a Eva entra en una conversación con la serpiente (vv.1-5), quien es el mismísimo Satanás (ref. a Apocalipsis 12:9; y ella fue engañada (2 Timoteo 2:14, 15). Ella tomó de la fruta y dio a su marido (v.6). Como resultado, algo sucedió a la naturaleza de ellos. Ahora “fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto al aire del día; y Adán y su esposa se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto” (vv.7, 8). ¡Ellos ya no eran impecables porque habían pecado cuando Adán comió de la fruta en desobedecer lo que Dios había ordenado que no hicieran!

Por lo tanto, ellos murieron espiritualmente y llegaron a ser “ajenos a la vida de Dios” (Efesios 4:18); en otras palabras, ellos llegaron a ser separados de Dios, que es la consecuencia del pecado; “porque la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). Además, leemos que “el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (5:12). Consecuentemente, “el alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18:4). ¡Esto es lo que le sucedió a Adán y a Eva! La prueba que ellos murieron, es decir, fueron separados de Dios está en ellos tratando de esconderse de Dios; y que esto es muerte espiritual es mostrada por el hecho que él no fue muerto físicamente hasta que él era 930 años de edad (Génesis 5:5) después que fueron expulsados del Huerto de Edén y tuvieron hijos (3:23, 24; 5:1-5). Pero la tragedia era que tanto Adán como Eva eran ahora pecadores, y la naturaleza impecable de ellos había sido convertida en una naturaleza pecadora. Ahora todo lo que ellos podían parir eran hijos con una naturaleza pecadora; y esto es aclarado con sus primeros dos hijos, Caín y Abel, inclusive el resto de sus hijos. El hecho que cada uno de la raza humana se muere es la prueba que el pecado es la causa, ambos físicamente y espiritualmente.

Sigue, entonces en segundo lugar, desde que ya Adán y Eva son nuestros primeros padres y que somos descendidos de ellos (no, mis estimados lectores, nosotros no hemos venido de monos); y ya que ellos llegaron a ser pecadores antes de tener hijos, sigue también que cada niño que tuvieron después era un pecador por naturaleza. Eso quiere decir inequívocamente que cada uno de nosotros es un pecador por la naturaleza. Nosotros no somos pecadores porque pecamos; no, pecamos porque somos pecadores del momento de concepción. David dice en el Salmo 51 – “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre(v.5). Esto tiene que ver con la naturaleza del pecado, y no con el acto de concebir. En otro lugar leemos que todos nosotros “desde el vientre hemos sido llamado rebeldes” (Isaías 48:8). En otras palabras, desde Adán adelante todo lo que podemos producir es no sólo el pecado, pero también pecadores. Por lo tanto, a causa del pecado, no sólo morimos físicamente después del tiempo permitido que Dios nos da en esta vida, pero sin la regeneración estamos muertos espiritualmente, es decir, “muertos en…delitos y pecados” (Efesios 2:1).

Por lo tanto, podemos decir por la autoridad de la Palabra inerrante de Dios que a menos que algo radical suceda dentro del hombre, él se quedará con su naturaleza pecadora desde el momento de concepción hasta el día que muere; e incluso hasta la eternidad. No hay absolutamente nada que él pueda hacer acerca de ello. Además, si es dejado a él mismo, el hombre ni desea de cambiar su naturaleza pecadora. El hombre en este estado ama el pecado y se opondrá y resistirá todo que lo cambiará a menos que él sea convencido de que hay una mejor vida que vivir en el pecado. Pero, “¿quién podrá sacar algo limpio de lo inmundo? Nadie" (Job 14:4). En otras palabras, así como es imposible que “el árbol bueno no puede dar frutos malos, ni el árbol malo dar frutos buenos” (Mateo 7:18); porque “¿podrá el etíope mudar su piel, o el leopardo sus manchas? Entonces también vosotros podéis hacer bien, estando habituados a hacer mal” (Jeremías 13:23). ¡Definitivamente no! Así que la única esperanza que los pecadores tienen es de experimentar la regeneración, o como es referido en Juan 3 en “nacer otra vez” ___”Os es necesario nacer otra vez” (vv.3, 5, 8). Sin esto, entonces el hombre será condenado para permanecer un pecador muerto y condenado por toda la eternidad sin la esperanza del perdón del pecado y ser separado de Dios para siempre jamás; “por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”; “así que, como por el pecado de uno vino la condenación a todos los hombres” ; “porque como por la desobediencia de un hombre muchos fueron constituidos pecadores” (Romanos 5:12, 18, 19 ); y si ellos se quedan espiritualmente muertos sin el Señor Jesucristo, ellos serán “lanzados en el lago de fuego. Ésta es la muerte segunda” (Apocalipsis 20:14).

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Ahora, vamos a considerar II. NUESTRA NATURALEZA PECADORA DESPUES DE LA REGENERACION. Muchos tienen la concepción equivocada que una vez uno llega a ser cristiano ellos creen erróneamente que ya no son pecadores; o por lo menos, creen que han sido librados del poder del pecado en sus vidas de modo que ya no pecaran. De hecho, hay ésos dentro de la cristiandad profesa que realmente cree que ellos pueden alcanzar la 'santidad perfecta'. En otras palabras, ellos reclaman que cristianos pueden realmente obtener "impecabilidad" en sus vidas. También, ellos argüirán como algunos que he encontrado, que cualquier mal que ellos hacen no es "pecado", sino simplemente un error. Por supuesto, esto armoniza con la teología de ellos porque ya que ellos creen que los cristianos pueden perder su salvación, así que reclamando que ellos ya no pecan no pueden ser perdidos. No obstante, a pesar de reclamar que los cristianos pueden obtener la "impecabilidad", la Palabra inerrante de Dios reclama de otro modo. Los cristianos verdaderos pueden pecar, y pecaran, en sus vidas, aún aunque ellos han experienciado la regeneración, o han “nacido otra vez” (Juan 3:3, 7).

La pregunta es, ¿por qué? La doctrina Bíblica es esta: Creyentes que han nacido otra vez tienen todavía una naturaleza pecadora; y debido a esta naturaleza pecadora los cristianos verdaderos tienen todavía la habilidad de pecar; y tienen todavía la apetecibilidad a pecar a causa de la naturaleza pecadora en ellos. Por lo tanto, ¡podemos afirmar por la autoridad de la Palabra de Dios que los cristianos verdaderos pueden pecar! ¡Las Escrituras son enfáticas acerca de esto! De hecho, si negamos esta verdad, considere lo que haríamos: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros”; y “Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a Él mentiroso, y su palabra no está en nosotros” (1 Juan 1:8, 10). El apóstol Pablo confiesa de esta lucha con el pecado en su vida; y seguramente, esto es verdad de cada creyente verdadero. Note lo que él dice en el capítulo 7 de Romanos: “Porque lo que hago, no lo entiendo, pues no hago lo que quiero; sino lo que aborrezco, aquello hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí (esto es en mi carne) no mora el bien; porque en mí está el querer, mas no el hacer. Porque no hago el bien que quiero; sino el mal que no quiero, éste hago. Y si hago lo que no quiero, ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que mora en mí(vv. 15-20).

Es obvio que por lo que Pablo declara aquí es que el pecado todavía mora en él; y que eso sería también verdad para todo creyente nacido otra vez. ¡No hay ninguna excepción! Note que el apóstol también nos dice aquí que aún cuando deseamos de hacer el “bien”, simplemente hacemos lo contrario. Por lo tanto, todo cristiano verdadero mientras tiene este pecado morador, que es la naturaleza pecadora de la “carne” que todavía se queda en nosotros aún después de que llegamos a ser una “nueva criatura, o creación…en Cristo” (2 Corintios 5:17), nos causará que pequemos, o de rendirnos a pecar siempre que somos tentados de hacerlo; o como Pablo lo pone: Es la “ley en (nuestros) miembros” (Romanos 7:23) de nuestro cuerpo carnal pecador; o “este cuerpo de muerte” (v.24). En otras palabras, nuestro cuerpo físico aún después de que hayamos sido regenerados tiene todavía el principio del pecado en él y se goza “de los placeres temporales de pecado” (Hebreos 11:25) de que si vivimos para la “carne” el pecado nos viene a ser dulce por un tiempo. A causa de esta verdad, entonces podemos decir inequívocamente que los creyentes verdaderos en ciertos tiempos, siempre que sean tentados a pecar, pecarán porque los hace “sentirse bien". Si los cristianos verdaderos no tuvieran esta naturaleza pecadora dentro de ellos, entonces nunca jamás pecaríamos. Pero tu y yo, amados, sabemos mejor, ¿verdad?

Ahora, esta verdad no nos da licencia, ni excusa, para continuar en el pecado. Ya ven, la diferencia entre un creyente nacido otra vez y un incrédulo espiritualmente muerto es que el poder de la naturaleza pecadora sobre el cristiano verdadero ha sido destruido; o como Pablo lo pone: “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Él, para que el cuerpo de pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Romanos 6:6). El “viejo hombre” de cada creyente, que es lo que éramos antes de la regeneración, ha sido crucificado junto con Cristo y como resultado nuestro “cuerpo de pecado”, y todo que esto se refiere con respeto a nuestro pecado morador, “sea destruido”, o literalmente, 'sea rendido enteramente holgazán, o inútil'; “a fin de que no sirvamos más al pecado”, es decir, 'no ser aún más un esclavo al pecado'. Esto significa simplemente, amados, que como antes de la regeneración estábamos bajo el pecado y su poder de modo que no podíamos dejar de pecar ya que éramos sus esclavos; en otras palabras, cada pensamiento, cada palabra o cada acción que hacíamos como pecadores muertos espiritualmente era pecaminoso de modo que éramos “como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia (Isaías 64:6), pero ahora siendo librados de su poder, “el pecado no se enseñoreará de (nosotros)” (Romanos 6:14); porque siendo “libertados del pecado, (venimos) a ser siervos de la justicia” (v.18). Por lo tanto, no tenemos que pecar, no porque hemos llegado a ser impecables, sino porque el pecado no tiene derecho ni autoridad sobre nosotros; en un sentido, ha 'sido rendido enteramente holgazán, o inútil' sobre nosotros aunque todavía mora en nosotros.

No obstante, aún aunque como creyentes verdaderos en el Señor Jesucristo no deseamos pecar contra nuestro Dios y Padre celestial, mas tenemos que confesar que muchas veces fallamos de huir de la maldad como lo hizo José (Génesis 39:9, 12), sino en lugar de ello nos damos a pecar como David (2 Samuel 11); o ¡como Sansón y Lot lo hicieron! Oh, yo no implico que todos los cristianos verdaderos pecan al mismo grado… no, hay cristianos que son más espiritualmente maduros y más fuertes en la fe que otros al grano que hay una diferencia definida en su comportamiento, el carácter y las acciones; y será visto en la manera que ellos hablan y en lo que ellos hacen. No es que son "religiosos" (porque ésos abundan alrededor de nosotros); al contrario, su andar es uno de santidad, que es una indicación de ausentarse del pecado y más en ser conformado a la imagen del amado Hijo de Dios, el Señor Jesucristo (Romanos 8:29). Pero oh, cuántos de nosotros tenemos que ser honestos y reconocer como David que “me han alcanzado mis maldades, y no puedo levantar la vista; son más numerosas que los cabellos de mi cabeza” (Salmo 40:12). Todavía, oh santo luchador de Dios, permita que tu oración sea como la de David: “Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan; y digan siempre los que aman tu salvación: Jehová sea engrandecido. Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí. Mi ayuda y mi Libertador eres tú; Dios mío, no te tardes” (vv.16, 17) por amor de Jesucristo. Amén.

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La próxima cosa que queremos ahora considerar es III. LA ERRADICACION DE NUESTRA NATURALEZA PECADORA EN LA GLORIFICACION. Oh, ¡bendita la verdad en saber que un día glorioso yo ya nunca jamás pecare contra mi Dios! Pero esa, amados, es nuestra gran esperanza en nuestro Salvador precioso, en que nuestra naturaleza pecadora será erradicada completamente de nosotros. No más tropezándonos en, no más cometiendo, no más ofendiendo por, el pecado por toda la eternidad. En ese día de la glorificación, será cumplido completamente de lo que el apóstol Pablo se angustiaba: “¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios por Jesucristo nuestro Señor” (Romanos 7:24, 25). Sí, en nuestro Salvador glorioso, no sólo tenemos el perdón de TODOS nuestros pecados, pero también seremos librados completamente del poder y de la presencia del pecado en nuestras vidas en aquel Día cuando somos transferidos del tiempo a la eternidad donde “no entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación o mentira; sino sólo aquellos que están escritos en el libro de la vida del Cordero” (Apocalipsis 21:27). ¡Aleluya!

Permitimos notar algunas razones por qué esto es verdad para los elegidos de Dios en Jesucristo; y no necesariamente cronológicamente: La primera que viene a cuenta es que absolutamente nadie puede acercarse a Dios y estar delante de Él en su pecado. Aunque es verdad que cada creyente verdadero ahora puede acercarse a Dios en Jesucristo por Su sangre y justicia, mas sería imposible para que esto sea verdad en la gloria si el santo de Dios todavía tiene el pecado morador, lo cual prevendría la comunión personal con Él. De hecho, es dicho de Dios: “Muy limpio eres de ojos para ver el mal, y no puedes ver el agravio” (Habacuc 1:13); por lo tanto, es dicho: “Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; el malo no habitará junto a ti. Los insensatos no estarán delante de tus ojos; aborreces a todos los que obran iniquidad” (Salmo 5:4, 5). Para un santo de Dios todavía tener el pecado morador en el cielo, entonces, estaría en el mismo estado y condición como uno aquí en este mundo. El pecado todavía estará entre medio de Dios y Su pueblo. Pero en la glorificación, el pecado total será quitado para siempre para que ahora no sólo podemos “ver su rostro” (Apocalipsis 22:4), sino entraremos “a la casa del banquete, y su bandera sobre (nosotros es) amor” y en Su presencia “su izquierda estará debajo de mi cabeza, y su derecha me abrazará” (Cantares 2:4, 6). El pecado ya no puede prevenir eso. ¡Aleluya!

La segunda razón que vemos por qué el pecado será erradicado del pueblo de Dios es porque los elegidos han sido predestinados ser conformados al imagen del Hijo de Dios, el Señor Jesucristo. Romanos 8:29. Las Sagradas Escrituras lo hace muy claro que Cristo era, y quedo, impecable; porque “no hay pecado en Él” (1 Juan 3:5), “el cual no hizo pecado” (1 Pedro 2:22), y “que no conoció pecado” (2 Corintios 5:21). Esta “imagen”, es decir la "semejanza" de la naturaleza humana de nuestro Salvador precioso será, y sólo puede ser, completamente realizada en la gloria; o como John Gill lo pone: "Esto puede ser comprendido de la conformidad de los santos a Cristo en su naturaleza humana, aquí y de ahora en adelante: aquí en santidad; la imagen de Dios estaba en su primera creación, esto fue mutilado por el pecado; y en la regeneración, la imagen de Cristo es estampada, su gracia es forjado en ellos, su Espíritu es puesto en ellos, para permitirlos andar en él, y detrás de él: esto será completo en la otra vida, y consistirá en la santidad perfecta, siendo libertados del mismo ser, así como del poder y la culpa del pecado" (Comentario de Romanos). Por lo tanto, amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando Él apareciere, seremos semejantes a Él, porque le veremos como Él es (1 Juan 3:2).

Así, entonces, la tercera razón que sabemos que el pecado será erradicado totalmente del pueblo de Dios en la gloria es porque ellos tendrán un cuerpo glorioso como el Suyo. “Mas nuestra ciudadanía está en el cielo, de donde también esperamos al Salvador, el Señor Jesucristo; el cual transformará nuestro cuerpo vil, para que sea semejante a su cuerpo glorioso, según el poder con el cual puede también sujetar a sí todas las cosas” (Filipenses 3:20, 21). Notemos que para entrar el cielo necesitamos que tener “nuestro cuerpo vil” cambiado; y esto sucederá cuando el Señor Jesús vuelva. Él “lo causará que sea semejante a Su cuerpo de gloria”, significando que uno de los beneficios de ello es que será impecable; en otras palabras, ya no será susceptible a la tentación de pecar ya que no tiene una naturaleza pecadora. Otra manera de ponerlo: ¡En TODO que nuestro Salvador glorioso era como Hombre Perfecto así lo seremos en la gloria con Él! Verdaderamente, podremos cantar con el Salmista: “En cuanto a mí, yo en justicia veré tu rostro; quedaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza” (17:15).
¡Aleluya!

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Ahora, llegamos a la conclusión de nuestro estudio, ¿Pecan Los Cristianos? Creo que hemos contestado la pregunta que los cristianos pueden, y si, pecan. El apóstol Juan hace esto muy claro en su primera epístola cuando escribe, “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado; es decir, "Y si acaso cualquiera de los hijos de Dios peca", el cristiano que peca le es dicho que “abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”, quien es la propiciación por sus pecados. En otras palabras, amados, cualquier tiempo que uno de los hijos de Dios pecan (y tenga presente, que esto es único aplicable al cristiano verdadero que peca, y no a pecadores perdidos en general) sino a los hijos de Dios en “todo el mundo” (2:1, 2), nuestro Salvador precioso intercede por ellos. En cualquier tiempo que un hijo de Dios peca, somos prometidos que “si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1:9). Eso es uno de los beneficios gloriosos de ser “salvo en Jehová con salvación eterna” Isaías 45:17) en que “puede también salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25); y por lo tanto, como Pablo pregunta, “¿Quién es el que condenará?”, la respuesta es, “Cristo es el que murió, y más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Romanos 8:34) como nuestro Abogado. ¡Aleluya!

No obstante, O hijo de Dios, tenemos que siempre tener presente que aunque hemos nacido otra vez todavía tenemos la naturaleza pecadora con la cual nacimos. Mientras que antes, como hemos aprendido de las Escrituras, nosotros estábamos bajo el poder de nuestra naturaleza pecadora en nuestro estado irregenerado; y agregaríamos con mucho gusto el pecado cada día porque amábamos de pecar; especialmente desde que eso era nuestra naturaleza de hacerlo; y así que a menos que Dios interviniera en nuestro beneficio, nos quedaríamos pecadores viviendo jamás y para siempre bajo su poder. Pero como aprendimos, en la regeneración fuimos librados de su poder para que ahora podamos vivir, por la gracia de Dios, en la santidad y aparte del pecado aunque todavía tengamos morando el pecado en nosotros. Esa naturaleza pecadora se quedará con nosotros hasta que seamos glorificados.

Mientras vamos a tener la lucha continua con el pecado; o como Pedro lo llama una batalla “contra el alma” (1 Pedro 2:11). El apóstol Pablo experimentó esto en su vida; y igualmente cada hijo de Dios (Romanos 7:15-25). Habrá tiempos que nos rendiremos a pecar como David lo hizo (2 Samuel 11); o huir la tentación como José lo hizo (Génesis 39:7-12). Por supuesto, no significa que alcanzaremos la impecabilidad mientras que estamos en nuestro cuerpo carnal; pero por la gracia de Dios y el poder de Su Espíritu Santo podemos llegar a ser fuertes en el Señor para que podamos resistir la tentación del pecado y huir de su seducción. Por lo tanto, amados santos de Dios, “teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso, y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual, por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:1, 2) con la esperanza que un día glorioso nosotros también estaremos sentándonos juntos con Él en la gloria y sin más pecado (Efesios 2:6). ¡Aleluya!!!