¿QUEREMOS REALMENTE UN AVIVAMIENTO?

(Lucas 14:26-33) 

Me atrevo decir que la mayoría de los cristianos profesos contestarían en lo afirmativo diciendo "Sí". Pero temo que para la mayoría de ellos su punto de vista de Avivamiento sería basado por la mayor parte en las emociones o sentimientos. En otras palabras, ¡su pensar del Avivamiento sería considerado simplemente una "experiencia religiosa" que sería limitada a cosas que deben ser "normales" en la vida cristiana, es decir orando, estudiando la Palabra de Dios, yendo a la iglesia o ser activos como "cristianos"! Así que si ellos hubiesen "experimentado" Avivamiento, entonces estas cosas quizás sean aumentadas en sus vidas porque sus emociones y los sentimientos han sido suscitados con respecto a ellos; y así que darían más tiempo a ellas. Por supuesto, ¡por un tiempo ellos andarían en un "alto espiritual" porque han sido "avivados"! Mas la pregunta es: ¿Han sido verdaderamente avivados?

Pero la pregunta que necesitamos realmente contestar por ahora es esta: ¿Queremos realmente un avivamiento? Si entendemos verdaderamente de qué consiste un avivamiento verdadero, ¿verdaderamente desearíamos y oráramos fervorosamente por ello? La razón porque debemos hacer estas preguntas, amados, es porque el avivamiento verdadero no es simplemente ir a unos servicios especiales y oír a un "predicador de avivamiento"; al contrario, es una obra poderosa de Dios que sólo Él puede producir. ¡Las Sagradas Escrituras y la historia tienen probado que siempre que el avivamiento verdadero sucede las vidas del pueblo de Dios son cambiados radicalmente! Entonces, eso significa que hay un "costo" implicado en cualquier tiempo que un avivamiento ocurre. En otras palabras, habrá cosas que nos costarán si queremos que el avivamiento suceda en nuestras vidas. Esa es la razón por la pregunta: ¿Queremos realmente un avivamiento?

En Lucas 14 leemos de dos ilustraciones que el Señor Jesús da del costo para ser Su discípulo. Primero, note cuánto cuesta si queremos verdaderamente ser Sus discípulos: "Si alguno viene á mí, y no aborrece á su padre, y madre, y mujer, é hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su vida, no puede ser mi discípulo. Y cualquiera que no trae su cruz, y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo" (vv.26, 27). En otras palabras, amados, no podemos permitir ninguna fijación terrenal; y en cuanto a eso, ninguna relación terrenal, que venga entre nosotros y el Señor Jesús para seguirlo, y para aprender de Él, que es lo que es significado en ser Su discípulo. ¡Hay mucho que renunciar y que nos costará si queremos verdaderamente ser considerados Sus discípulos! En otro lugar Él pone de esta manera: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame(Lucas 9:23).

<>Luego Él sigue a ilustrar esto en referirse a uno que empieza a construir una torre: “Porque ¿cuál de vosotros, queriendo edificar una torre, no cuenta primero sentado los gastos, si tiene lo que necesita para acabarla? Porque después que haya puesto el fundamento, y no pueda acabarla, todos los que lo vieren, no comiencen á hacer burla de él, Diciendo: Este hombre comenzó á edificar, y no pudo acabar” (Lucas 14:28-30). La idea que sobresale es simplemente esto: Si uno hace planes para construir algo, entonces tienen que cerciorarse que ellos tienen todo que necesitan para terminar lo que empezaron. He visto algunos comenzar añadir a su casa, o han empezado a construir algo en su propiedad, entonces después de un tiempo veo que pararon lo que empezaron a causa de algún problema imprevisto; cualquier cosa que hubiera sido. Tristemente, ¡esto ha sido verdad en la profesión cristiana! Ah, ¡cuántos han empezado aparentemente seguir tan bien a Jesús, y entonces han averiguado que el costo era simplemente demasiado para ellos y así que renuncian! ¡Lo qué es verdad en cuanto al discipulado, amados, es también verdad en orar por un avivamiento! 

Pero considera también la otra ilustración: “¿O cuál rey, habiendo de ir á hacer guerra contra otro rey, sentándose primero no consulta si puede salir al encuentro con diez mil al que viene contra él con veinte mil? De otra manera, cuando aun el otro está lejos, le ruega por la paz, enviándole embajada” (vv.31, 32). La idea que vemos aquí es que en llegar a ser a un discípulo del Señor Jesucristo entramos en una guerra…, una guerra contra el pecado, contra el mundo, contra el diablo y sus huestes. Nosotros no los podemos vencer en nuestro propio…, necesitamos que ser “confortaos en el Señor, y en la potencia de su fortaleza” (Efesios 6:10). Pero para que esto sea verdad, amados, necesitamos que rogar “por la paz”; y esta “paz” tiene que ser, no con “otro rey”, sino con Dios para que estemos en Su lado; de otro modo, ¡seremos deshechos! Por lo tanto, es imprescindible que consideremos las fuerzas de nuestros adversarios y sus números si queremos ser un discípulo del Señor Jesús, porque es sólo cuando tenemos la paz con Dios que podemos “sufrir trabajos como fiel soldado de Jesucristo”; porque "ninguno que milita se embaraza en los negocios de la vida; á fin de agradar á aquel que lo tomó por soldado" (2 Timoteo 2:3, 4). Note lo que nos cuesta: Nosotros no debemos de ser “ahogados de los cuidados y de las riquezas y de los pasatiempos de la vida” y ser "cargados…de los cuidados de esta vida” (Lucas 8:14; 21:34).

Ahora, amados, los principios implicados aquí con respecto al discipulado (como dije antes), pueden ser aplicados también al Avivamiento. Permítame preguntarle: ¿Qué tanto, (en cuanto a eso, NOSOTROS), estamos dispuestos a renunciar para que Dios nos envíe un Avivamiento? Es verdad que el Avivamiento tiene que venir porque le complace a Dios de Su beneplácito de enviarnos uno, es decir de Su gracia; no obstante, es también verdad que Dios utiliza medios para hacerlo; y estos medios es lo que Su pueblo que son llamados por Su Nombre están haciendo para obtener Avivamiento; que son los efectos de Su gracia sobre ellos. ¡Yo nunca he leído en las Escrituras, y en la historia de los Avivamientos, que ellos simplemente vienen de dondequiera! De hecho, ¡a través de las Escrituras somos ordenados lo que habemos de hacer si nos encontramos reincididos y nos hemos apartado de nuestro Dios por causa de nuestros pecados y la rebelión! 2 Crónicas 7:14 – “Si se humillare mi pueblo, sobre los cuales ni nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”; Jeremías 3:22 – “Convertíos, hijos rebeldes, sanaré vuestras rebeliones. He aquí nosotros venimos á ti; porque tú eres Jehová nuestro Dios”; y Ósea 14:1, 2, 4 – “Conviértete, oh Israel, á Jehová tu Dios: porque por tu pecado has caído. Tomad con vosotros palabras, y convertíos á Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien, y daremos becerros de nuestros labios…Yo medicinaré su rebelión, amarélos de voluntad: porque mi furor se apartó de ellos".

Habiendo dicho eso, vamos ahora considerar algunas cosas que magnificará cuánto nos costará si deseamos verdaderamente el Avivamiento. Es mi esperanza que en hacerlo así esto nos hará ver que si no estamos dispuestos para renunciar todo, entonces no podemos esperar que Dios nos suministre nuestra necesidad; y qué necesidad más grande hay, amados, de que Dios mande a las nubes a llover una vez más sobre Su pueblo, de enviar a Sus lluvias de bendición como Él ha hecho tantas veces antes. Pero también, es mi esperanza que nos causará de enamorarnos con Él al ver a nuestro Rey en Su belleza y nos haga dispuestos a renunciar cualquier cosa y todo por Él y por amor del Evangelio. Qué puédanos ver que a pesar del gran costo que nuestro Salvador precioso tuvo que sufrir y darse “á sí mismo por nuestros pecados para librarnos de este presente siglo malo, conforme á la voluntad de Dios y Padre nuestro” (Gálatas 1:4), Él todavía lo hizo a causa de Su gran amor por nosotros. Ah, pueblo precioso de Dios, vamos mirar atrás a la Cruz y oír esas palabras compasivas que Él pronunció cuando Él oró al Padre: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Verdaderamente, amados, eso es lo que la reincidencia nos hace… ¡nos entorpece tanto que no podemos ver nuestra necesidad! Pero todavía, si ponemos los ojos en Jesús, quien es el autor y el consumador de nuestra fe, entonces sabemos que podemos renunciar cualquier cosa por Él, ¡no importa el costo! Amén.

*************************************************************************************************

Ahora, vamos a considerar algunas cosas que nos costarán y lo que tenemos que renunciar si queremos realmente un avivamiento. Por supuesto, verá que estas cosas son verdaderamente prácticas… ellas no son simplemente cosas que tienen que ver con nuestros sentimientos y emociones. Oh, podemos ir por todos rumbos concordando y reclamando que necesitamos el avivamiento y el despertamiento espiritual, pero la pregunta es, "¿Qué estamos haciendo acerca de ello"? ¿Podemos decir que al mirar la condición espiritual de la Iglesia hoy en día, inclusive la nuestra propia, nos hace tan concernidos y desesperado acerca de ello, que nos causa querer renunciar cualquier cosa para ser un instrumento, o ser cualquier medio, Dios utilizará para el Avivamiento y el Despertamiento Espiritual? ¿Puedo decir, con un corazón quebrantado y espíritu contrito, exclamar a Aquél quien sólo puede causar a las nubes que lluevan otra vez, "Aquí estoy, oh Señor; utilíceme como Tu vaso de misericordia, no sólo para el bien de Tu pueblo y de los pecadores perdidos, pero sobre todo, para Tu gloria? ¡Doy mi todo a Ti para que Tú puedas utilizar mi todo para Ti! ¡Amén!"

Primero, vamos a considerar nuestro tiempo. Como notado en nuestro texto, no sólo tenemos que asegurarnos que tenemos suficiente para terminar, pero hacer también las preparaciones correctas para lo que está adelante; y eso, amados, tomará nuestro tiempo. En otras palabras, ¡en ser un discípulo del Señor Jesucristo significa que nuestro tiempo viene a ser de Él! Recuerde que Él dijo, “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada día (el TIEMPO de cada día), y sígame" (Lucas 9:23). Cuándo el Salmista dice, “En tu mano están mis tiempos (31:15), que significa cualquier tiempo en toda área de nuestra vida, ellos pertenecen a nuestro Señor; y así que Él tiene todo derecho en decirnos cómo debemos de gastar nuestro tiempo. Por eso es que hay un costo altísimo para seguir a Cristo, y por qué Él nos dice de estar seguros que entendemos esto: Sí, ¡nos costará los tiempos de nuestra propia vida! 

En contestar la pregunta si realmente queremos un avivamiento, así que entonces, tenemos que considerar el elemento del tiempo. ¿Qué tanto tiempo estamos dispuesto de gastar para clamar a Dios por un avivamiento? Si nuestros tiempos están en Su mano, ¿tenemos el derecho de dividir esos tiempos en algún tiempo para Él y lo demás para nosotros? Amados, ¡temo que nosotros los cristianos hacemos eso! Es verdad que nuestro tiempo durante el día implica un trabajo y otras responsabilidades legítimas; no obstante, es, y debe ser, bajo el contexto de “En (la mano de Dios) están mis tiempos (31:15). Pero siempre que malgastamos y perdemos el tiempo en las actividades que tienen que ver con amando los deleites más que amando a Dios (2 Timoteo 3:4); y sí, en las “comodidades temporales de pecado” (Hebreos 11:25), entonces NO PODEMOS decir sinceramente que “en (la mano de Dios) están mis tiempos (Salmo 31:15). ¿Qué tanto tiempo gasto mirando la televisión? ¿Qué tanto tiempo utilizo para la recreación? En cuanto a eso, ¿cuánto tiempo malgasto haciendo nada para el Señor? O aún, ¿para mi propio bienestar espiritual? Pero para desear verdaderamente el avivamiento, no sólo para mí personalmente, pero también para el pueblo de Dios, ¡me va costar mi tiempo! Por lo tanto, cada minuto; si, cada segundo de mi vida pertenece a mi Salvador precioso; y tanto como Él estuvo dispuesto para dar Su TODO por mí, entonces yo debo estar dispuesto a darle todo mi tiempo a Él; ¡por más que sea el costo!

En el segundo lugar, nos costará nuestro orgullo. Lo qué es verdad en el discipulado es también verdad para el avivamiento. Para aprender del, y para seguir al, Señor Jesús, la humildad es requerida. Para ser Su discípulo, el pecador arrepentido y creyente dirá con Pablo: “Señor, ¿qué quieres que haga?” (Hechos 9:6); que sólo puede ser verdad de uno que ha sido humillado. El orgullo es ése pecado que dirá a Dios, "Yo lo puedo hacer de mi propio; y cualquier cosa que necesito lo proveeré de mi mismo". Es de ser como ésos de la iglesia de Laodicea que se jactaban: “Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa” (Apocalipsis 3:17). Pero la esencia de nuestro texto en Lucas 14 es la repudiación del "Yo, el Mí y el Yo mismo" para ser un discípulo verdadero de Cristo: “Cualquiera de vosotros que no renuncia á todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo” (v.33). El orgullo prevendrá eso; por el otro lado, para ser humilde es de reconocer que toda nuestra suficiencia para hacer lo que es requerido de nosotros tiene que venir de la gracia de Dios; porque la promesa es: “Dios resiste á los soberbios, y da gracia á los humildes” (Santiago 4:6). Ya ven, amados, son “las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7) que nos da la suficiencia para terminar lo que comenzamos en Cristo y nos da la victoria en Él. ¡Aleluya!

En 2 Crónicas 7:14 donde somos dichos que ciertas cosas tienen que suceder antes que Dios nos envíe un avivamiento, el primero es que debemos de humillarnos: “Si se humillare mi pueblo, sobre los cuales ni nombre es invocado,…” es indicio del cristiano reincidido. Proverbios 14:14 nos dice que “de sus caminos será harto el apartado de razón (el reincidente), que es un cuadro de uno que está lleno de orgullo. Subsiguientemente, el orgullo prevendrá el avivamiento; y la razón es que nos mantendrá de orar, de buscar el rostro de Dios y de apartarnos de nuestros malos caminos, como expresado en 2 Crónicas 7:14. Temo que esto es el gran pecado de hoy en la gran mayoría parte de los que profesan ser cristianos que puede ser dicho de ellos como fue dicho de Israel: “Y la soberbia de Israel testificará contra él en su cara: y no se tornaron á Jehová su Dios, ni lo buscaron con todo esto” (Óseas 7:10). Sí, Dios ha ordenado a las nubes de no llover sobre Su pueblo (Isaías 5:6) y como Él amenazó a Su pueblo antiguo, así que Él lo esta haciendo con nosotros hoy en día a causa de nuestra rebelión: “Y quebrantaré la soberbia de vuestra fortaleza, y tornaré vuestro cielo como hierro, y vuestra tierra como metal” (Levítico 26:19). Pero cuán diferente es si nosotros nos humillamos antes de Él: “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Isaías 57:15).  

Ahora, a este punto antes de considerar algunas de las otras cosas que nos costarán si realmente queremos el avivamiento, permítame insertar algunos pensamientos con respecto a nuestro tema. En el Señor Jesucristo dándose Él mismo por nosotros pecadores, Él nos dejó “ejemplo, para que…sigáis sus pisadas” (1 Pedro 2:21). En el contexto de esta Escritura, tiene que ver con el sufrimiento. Para ser un discípulo del Señor Jesucristo incluye el sufrimiento, que implica la abnegación, como notado en nuestro texto en Lucas 14. No es fácil de uno renunciar su tiempo y orgullo; porque nosotros como pecadores creemos que el tiempo es para mí vivirlo como quiero, y el orgullo me dice que el “YO” soy el UNO por quien vivir. Aún como cristianos tenemos esa lucha en nuestras vidas diariamente. Por eso es que muchos de los discípulos verdaderos de Cristo se encuentran a sí mismos tropezando y cayendo a causa de las tentaciones y desobediencia. Por supuesto, la razón por eso que es debido al “pecado que mora en (nosotros)” (Romanos 7:17, 20); y eso causará mucho dolor y angustia en nosotros si nos oponemos a ello que exclamaremos con Pablo, “Miserable hombre de mí! ¿quién me librará del cuerpo de esta muerte?” (v.24). Encontramos, entonces, que en hacer “el bien”, a lo que Pablo se refiere en Romanos 7, que podemos aplicar no sólo al discipulado, pero también en querer realmente el avivamiento, causará mucho sufrimiento en el cristiano verdadero.  

¿Por qué? ¡Porque el tiempo y el orgullo son esas amadas fijaciones y relaciones de nuestras vidas que tanto amamos! Lo qué el Señor dijo en Lucas 14 acercas de renunciar estas cosas para ser Su discípulo, podemos decir también que si queremos verdaderamente el avivamiento entonces tenemos que renunciar estas cosas; más específicamente, ¡tenemos que romperlas de nosotros! Oh, ¡cómo nos dolerá hacerlo! Es verdad que el Señor Jesús no tenía pecado y nunca pecó y no podría pecar; no obstante Él sufrió mucho cuando “vino al mundo para salvar á los pecadores” (1 Timoteo 1:15) en que Él, “siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual á Dios: Sin embargo, se anonadó á sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante á los hombres; y hallado en la condición como hombre, se humilló á sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:6-8), no solo dejó la gloria que tenía con el Padre, pero también entró el Tiempo para dar TODO DE SU TIEMPO para hacer la voluntad del Padre como Él dijo: “No busco mi voluntad, mas la voluntad del que me envió, del Padre” (Juan 5:30). ¿Somos nosotros, pues, dispuestos a renunciar nuestro tiempo y orgullo, en el cual nos gloriamos, para buscar el rostro de Dios para un avivamiento? Sí, nos dolerá en descartarlos de nosotros porque nuestro propio pecado nos luchará por ellos; pero ¡oh! ¡La promesa de la victoria de “Dios, por Jesucristo Señor nuestro” (Romanos 7:25)! Ya ven, amados, el avivamiento es simplemente regresar a aprender del, y de seguir al, Señor Jesucristo cada y todos los días de nuestras vidas, andando en el Poder de la Cruz y de Su Resurrección gloriosa. Amén.

********************************************************************************************

A continuar, en el tercer lugar, encontramos que si queremos realmente el avivamiento, nos costará nuestros pecados apreciados. Si nota en nuestro texto de Lucas 14 que el Señor Jesús hace referencia que en ser Su discípulo tenemos que "aborrecer" nuestras relaciones de familia, e incluso nuestra propia vida (Lucas 14:26) para serlo. Esto significa simplemente, amados, que si llegamos a ser verdaderamente Su discípulo, entonces nuestro amor para Él es de tal intensidad que cualquier amor que tengamos para cualquiera puede ser, en un sentido, ser llamado “aborrecer”. No es que no "amamos" nuestras familias, pero cuando el Señor Jesucristo viene a ser “el todo, y en todos” (Colosenses 3:11) en nuestras vidas, entonces Él es nuestro “primer amor” (Apocalipsis 2:4); y eso significa que Él es “primero” en nuestras vidas en comparación con todo el resto de nuestras relaciones, inclusive los mencionados en Lucas 14:26. Por lo tanto, lo que esto significa es que si queremos seguir a Jesús, tenemos que dar nuestras espaldas a nuestros “amados”, inclusive estar dispuestos a morir a nosotros mismos; especialmente mucho más, si en cualquier manera ellos interponen o han de impedir vivir para y servir al Señor Jesucristo encima sobre cualquiera o cualquier cosa. 

En Proverbios 14:14 leemos que “de sus caminos será harto el apartado de razón” (el reincidente); y eso, amados, incluirá esos pecados en nuestro vidas tan apreciados que los adherimos a nuestros corazones; o ellos tienen tanto control sobre nuestras vidas, que sería casi imposible de voltearnos de ellos, que es requerido para el avivamiento, según 2 Crónicas 7:14 – “Se convirtieren de sus malos caminos”. En Hebreos 12 leemos acerca “del pecado que nos rodea” (v.1), es decir, un pecado que tan fácilmente rodea nuestras vidas porque lo mantenemos tan cercas a nosotros en que tanto nos encantamos en el. De hecho, hay pecados que quizás estamos dispuestos a renunciar, pero oh, ¡no toques el primer amor de mi vida! Puede ser cualquier pecado en particular, mas ¡cuántos de nosotros mantenemos "harenes" de pecados en nuestras vidas! ¿Puede ser dicho de muchos cristianos reincidentes que son como Salomón, que “amó, á…muchas mujeres extranjeras” (1 Reyes 11:1) y “a éstas pues se juntó Salomón con amor” (v.2); y a causa de esto “sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos; y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios” (v.4)? ¿No es esto un cuadro de un reincidente cristiano? ¡Temo que si lo es!

Por eso en contestar nuestra pregunta, ¿Queremos Realmente Un Avivamiento?, tenemos que decir que nos costará nuestros pecados apreciados. Seguramente tenemos que dar nuestra espalda a todo pecado; pero oh, ¡qué inclinado somos de mantener por lo menos ése que es "el amor de mi vida"! Pero el principio del discipulado de Lucas 14 es también verdad para el avivamiento: Tenemos que renunciar todo pecado, inclusive nuestros pecados más apreciados, si queremos realmente un avivamiento. En “convertirnos de (nuestros) malos caminos” significa eso: No dice algunos de ellos, sino ¡TODOS nuestros “malos caminos”! En volvernos a Dios, damos nuestra espalda a todo pecado, ¡por más que lo amamos! Así que la pregunta tiene que ser contestada de su lado: ¿Está USTED dispuesto a renunciar a cada pecado en su vida para el avivamiento? ¿Aún ese pecado en particular que es tan apreciado por usted? No se haga ilusiones: Así como no podemos ser discípulos de verdad del Señor Jesucristo si alguien o algo está entre nosotros, así que Dios no nos mandará Avivamiento y Despertamiento Espiritual si el pueblo de Dios no está dispuesto de “convertirse de sus malos caminos” (2 Crónicas 7:14).

Finalmente, encontramos que en el cuarto lugar, nos costará mucha oración. Si nota en nuestro texto de Lucas 14 que el rey que hacía guerra contra un rey más fuerte es ilustrado mandando a un embajador a “rogar por la paz” (vv.31, 32). Creo que podemos referirnos a esto como "orando". Si esto es verdad en el discipulado, que después de considerar el costo alto de ser un seguidor del Señor Jesucristo y que estamos en guerra con Él a causa de nuestro pecado, oramos “por la paz”, que podemos obtener si estamos dispuesto a hacer tiempo por ello, estar dispuestos a humillarnos para pedirlo; y por supuesto, estar dispuesto a renunciar a cualquiera o lo que sea que lo prevendrá, ¿cuán verdadero es también para el Avivamiento? En hecho, cada discípulo verdadero de Cristo confesará que en rendirse a Él como Señor y Salvador, todo empezó con la oración. En ese mismo momento de renunciar TODO para seguirlo, no sólo lo vimos como el Único y Todo-Suficiente Salvador por nuestros pecados, pero también como el Único SEÑOR quien era digno de ser obedecido; y esto nos causó orar: “Dios, sé propició á mí pecador” (Lucas 18:13), y “Señor, “qué quieres que haga” (Hechos 9:6).

Por lo tanto, amados, podemos decir inequívocamente, que si realmente queremos Avivamiento; nos costará mucha oración. No hay manera podemos aminorar este requisito, mucho menos descuidarlo. Es sólo después de mucha oración que Dios, de Su gracia libre y soberana, nos bendecirá con avivamiento. ¡Esa es la promesa que nos es dada en 2 Crónicas 7:14, 15! Pero encontrará en las Escrituras que mucha oración tiene un costo alto; porque ¡hay mucho que tenemos que renunciar si queremos realmente el avivamiento! Pero temo que mucho de lo que es llamado "oración" por profesantes cristianos es realmente "oración sin orar", como referido por Arturo W. Pink en uno de sus libros. Todavía, considera el costo alto de la oración verdadera: Lucas 18:1 – “Es necesario orar siempre, y no desmayar”; o literalmente, "Es necesario orar (a Dios) en todos tiempos, y no ser débil, es decir fallar en el corazón". Simplemente por esta Escritura podemos ver que la oración tiende a agotar nuestras fuerzas para que seamos propensos a renunciar orando. Si hacemos esto entonces no “oramos sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17); “constantes (estar serio hacia, eso es, (a una cosa) perseverar, ser constantemente diligente) en la oración” (Romanos 12:12); y “perseverad en oración” (Colosenses 4:2). Pero tal oración, amados, quiere decir que estamos en comunión intima con el Señor y apartado del pecado; porque “si en mi corazón hubiese yo mirado á la iniquidad, el Señor no me oyera” (Salmo 66:18); que andamos humildemente antes del Señor (“El deseo de los humildes oíste, oh Jehová” – Salmo 10:17); y todo nuestro tiempo es antes Él en oración (Salmo 55:17 – “Tarde y mañana y á medio día oraré y clamaré; y él oirá mi voz”).

Ahora, otra vez, la pregunta todavía tiene que ser contestada: ¿Queremos Realmente Un Avivamiento? Aunque mucho más pueda ser dicho con respecto a esta pregunta, sea suficiente para decir que el costo de nuestro tiempo, de nuestro orgullo, de nuestros pecados apreciados y de mucha oración debe proveer nuestra respuesta. No es una pregunta de ser teológico acerca de ello… ¡NO! Estas cosas tienen que ver con nuestra relación con el Señor como Su discípulo. Así como nos costó estas cosas en el principio para seguir al Señor, entonces ¿cuánto más ahora si nos encontramos haber reincidido y de haber dejarlo como nuestro “primer amor”? A través de las Escrituras encontramos a Dios llamando a Su pueblo a regresar a Él después que ellos hayan retrocedido en el pecado y la rebelión, pero no podemos y no lo haremos a menos que estemos dispuestos a pagar el costo alto que es requerido. “Si se humillare mi pueblo, sobre los cuales ni nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14). ¿Está usted dispuesto a hacer esto? ¿QUIERE REALMENTE USTED EL AVIVAMIENTO? 

Amados, hay mucho en nuestro Salvador precioso, el Señor Jesucristo, que nos debe hacer dispuestos a renunciar nuestra vida de reincidencia para ser reconciliado con Él. ¡Yo y usted nunca podemos hallar ninguna excusa o razón legítima por qué no hacerlo! En Él amándonos y entregándose por nosotros (Gálatas 1:4; 2:20) le costó más de lo que podemos imaginar (cf. 1 Corintios 2:9); no obstante, Él estaba dispuesto de hacerlo por Su gran amor que Él tiene por Su pueblo. Nosotros que reclamamos creer en Él no “le amamos á él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19), entonces ¿por qué nos volteamos contra El? En esencia eso es lo que hemos hecho en la reincidencia. Oh, quizás vayamos a la iglesia y hacemos muchas "actividades cristianas", pero siempre que mis tiempos están en mis manos, y no hay humildad en mi vida, y tengo mis chiquitos pecados queridos; y ciertamente por la mayoría, no hay mucha oración, si acaso hay, entonces tenemos que confesar que ya no estamos siguiendo a Jesús, mucho menos, viviendo para Jesús. ¿ES ESO NUESTRO CASO EN EL PRESENTE? Oh, míralo en la cruz del Calvario y por la fe apela Su sangre preciosa para la limpieza y el perdón de todos tus pecados y regresa atrás a Él con un corazón roto y arrepentido por haber volteadote de Él. También, mira la tumba vacía de donde Él fue “resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25) y apela Su justicia, que nos hace la “justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21); y por lo tanto podemos venir con la confianza a Su trono de la gracia para la restauración de nuestra alma (Salmo 23:3). Pero entonces pon los ojos al cielo y mirarlo como nuestro abogado antes el Padre para reconciliarnos a Él como “la propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 2:1, 2). Ahora, teniendo TODO esto en el amado Hijo de Dios, cómo contestamos la pregunta: ¿QUEREMOS REALMENTE UN AVIVAMIENTO?

Oh, quizás nos encontramos en el desierto de reincidencia y cualquier cosa que encontramos allí no nos ha satisfecho de todo; pero pueda ser nuestra oración como la de David: "Dios, Dios mío eres tú: levantaréme á ti de mañana: Mi alma tiene sed de ti, mi carne te desea, En tierra de sequedad y transida sin aguas; Para ver tu fortaleza y tu gloria, Así como te he mirado en el santuario. Porque mejor es tu misericordia que la vida: Mis labios te alabarán. Así te bendeciré en mi vida: En tu nombre alzaré mis manos. Como de meollo y de grosura será saciada mi alma; Y con labios de júbilo te alabará mi boca" (Salmo 63:1-5). Sí, también vamos orar como Jeremías: “Vuélvenos, oh Jehová, á ti, y nos volveremos: Renueva nuestros días como al principio” (Lamentaciones 5:21). “¿No volverás tú á darnos vida, Y tu pueblo se alegrará en ti?” (Salmo 85:6). Sí, “Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, En medio de los tiempos hazla conocer; En la ira acuérdate de la misericordia” (Habacuc 3:2). Pueda ser esto nuestra oración si queremos realmente un avivamiento en Cristo Jesús. Amén.