¿QUEREMOS
REALMENTE UN AVIVAMIENTO?
Me atrevo decir que la mayoría de los cristianos
profesos contestarían en lo afirmativo diciendo "Sí".
Pero temo que para
la mayoría de ellos su punto de vista de Avivamiento
sería basado por la mayor
parte en las emociones o sentimientos. En otras palabras, ¡su
pensar del Avivamiento
sería considerado simplemente una "experiencia religiosa" que
sería
limitada a cosas que deben ser "normales" en la vida cristiana, es
decir orando, estudiando la Palabra de Dios, yendo a la iglesia o ser
activos
como "cristianos"! Así que si ellos hubiesen "experimentado"
Avivamiento, entonces estas cosas quizás sean aumentadas en sus
vidas porque
sus emociones y los sentimientos han sido suscitados con respecto a
ellos; y
así que darían más tiempo a ellas. Por supuesto,
¡por un tiempo ellos andarían
en un "alto espiritual" porque han sido "avivados"! Mas la
pregunta es: ¿Han sido verdaderamente avivados?
Pero la pregunta que necesitamos realmente contestar
por ahora es esta: ¿Queremos realmente un avivamiento? Si
entendemos verdaderamente
de qué consiste un avivamiento verdadero, ¿verdaderamente
desearíamos y
oráramos fervorosamente por ello? La razón porque debemos
hacer estas
preguntas, amados, es porque el avivamiento verdadero no es simplemente
ir a
unos servicios especiales y oír a un "predicador de
avivamiento"; al
contrario, es una obra poderosa de Dios que sólo Él puede
producir. ¡Las
Sagradas Escrituras y la historia tienen probado que siempre que el
avivamiento
verdadero sucede las vidas del pueblo de Dios son cambiados
radicalmente! Entonces,
eso significa que hay un "costo" implicado en cualquier tiempo que un
avivamiento ocurre. En otras palabras, habrá cosas que nos
costarán si queremos
que el avivamiento suceda en nuestras vidas. Esa es la razón por
la pregunta:
¿Queremos realmente un avivamiento?
En Lucas 14 leemos de dos ilustraciones que el
Señor
Jesús da del costo para ser Su discípulo. Primero, note
cuánto cuesta si
queremos verdaderamente ser Sus discípulos: "Si
alguno viene á mí, y no aborrece á su padre, y
madre, y mujer, é hijos, y
hermanos, y hermanas, y aun también su vida, no puede ser mi
discípulo. Y
cualquiera que no trae su cruz, y viene en pos de mí, no puede
ser mi discípulo"
(vv.26, 27). En otras palabras, amados, no
podemos permitir ninguna fijación terrenal; y en cuanto a
eso, ninguna
relación terrenal, que venga entre nosotros y el Señor
Jesús para seguirlo, y para aprender
de Él, que es lo que es significado en ser Su discípulo.
¡Hay mucho que renunciar y que nos costará si queremos
verdaderamente ser
considerados Sus discípulos! En otro lugar Él pone de
esta manera: “Si alguno quiere venir en pos de
mí, niéguese á sí mismo, y
tome
su cruz cada día, y sígame” (Lucas
9:23).
Pero considera también la otra ilustración:
“¿O cuál rey, habiendo de ir á
hacer
guerra
contra otro rey, sentándose primero no consulta si puede salir
al encuentro con
diez mil al que viene contra él con veinte mil? De otra manera,
cuando aun el
otro está lejos, le ruega por la paz, enviándole
embajada”
(vv.31, 32). La
idea que vemos aquí es que en llegar a ser a un discípulo
del Señor Jesucristo entramos
en una guerra…, una guerra contra el pecado, contra el mundo,
contra el
diablo
y sus huestes. Nosotros no los podemos vencer en nuestro
propio…,
necesitamos
que ser “confortaos en el Señor, y en la
potencia de su fortaleza” (Efesios 6:10). Pero para que esto
sea
verdad,
amados, necesitamos que rogar “por la
paz”; y esta “paz” tiene que
ser,
no con “otro rey”, sino con Dios para
que estemos en Su lado; de otro modo, ¡seremos deshechos! Por lo
tanto, es
imprescindible que consideremos las fuerzas de nuestros adversarios y
sus
números si queremos ser un discípulo del Señor
Jesús, porque es sólo cuando
tenemos la paz con Dios que podemos “sufrir
trabajos como fiel soldado de Jesucristo”; porque "ninguno que
milita se embaraza en los negocios de la vida; á fin de agradar
á aquel que lo
tomó por soldado" (2 Timoteo 2:3, 4). Note lo que nos
cuesta: Nosotros
no debemos de ser “ahogados de los
cuidados y de las riquezas y de los pasatiempos de la vida” y
ser "cargados…de los cuidados de esta vida”
(Lucas 8:14; 21:34).
Ahora, amados, los principios implicados aquí con
respecto al discipulado (como dije antes), pueden ser aplicados
también al
Avivamiento. Permítame preguntarle: ¿Qué tanto,
(en cuanto a eso, NOSOTROS),
estamos dispuestos a renunciar para que Dios nos envíe un
Avivamiento? Es
verdad que el Avivamiento tiene que venir porque le complace a Dios de
Su beneplácito
de enviarnos uno, es decir de Su gracia; no obstante, es también
verdad que Dios
utiliza medios para hacerlo; y estos medios es lo que Su pueblo que son
llamados
por Su Nombre están haciendo para obtener Avivamiento; que son
los efectos de
Su gracia sobre ellos. ¡Yo nunca he leído en las
Escrituras, y en la historia
de los Avivamientos, que ellos simplemente vienen de dondequiera! De
hecho, ¡a
través de las Escrituras somos ordenados lo que habemos de hacer
si nos encontramos
reincididos y nos hemos apartado de nuestro Dios por causa de nuestros
pecados
y la rebelión! 2 Crónicas 7:14 – “Si
se
humillare mi pueblo, sobre los cuales ni nombre es invocado, y oraren,
y
buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo
oiré
desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su
tierra”; Jeremías 3:22 – “Convertíos,
hijos rebeldes, sanaré vuestras rebeliones. He aquí
nosotros venimos á ti; porque tú eres Jehová
nuestro Dios”; y Ósea 14:1, 2,
4 – “Conviértete, oh Israel, á
Jehová
tu
Dios: porque por tu pecado has caído. Tomad con vosotros
palabras, y convertíos
á Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el
bien, y daremos becerros
de nuestros labios…Yo medicinaré su rebelión,
amarélos de voluntad: porque mi
furor se apartó de ellos".
Habiendo dicho eso, vamos ahora considerar algunas
cosas que magnificará cuánto nos costará si
deseamos verdaderamente el
Avivamiento. Es mi esperanza que en hacerlo así esto nos
hará ver que si no
estamos dispuestos para renunciar todo, entonces no podemos esperar que
Dios
nos suministre nuestra necesidad; y qué necesidad más
grande hay, amados, de
que Dios mande a las nubes a llover una vez más sobre Su pueblo,
de enviar a
Sus lluvias de bendición como Él ha hecho tantas veces
antes. Pero también, es
mi esperanza que nos causará de enamorarnos con Él al ver
a nuestro Rey en Su
belleza y nos haga dispuestos a renunciar cualquier cosa y todo por
Él y por
amor del Evangelio. Qué puédanos ver que a pesar del gran
costo que nuestro
Salvador precioso tuvo que sufrir y darse “á
sí mismo por nuestros pecados para librarnos de este presente
siglo malo,
conforme á la voluntad de Dios y Padre nuestro”
(Gálatas 1:4), Él todavía
lo hizo a causa de Su gran amor por nosotros. Ah, pueblo precioso de
Dios,
vamos mirar atrás a la Cruz y oír esas palabras
compasivas que Él pronunció
cuando Él oró al Padre: “Padre,
perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas
23:34).
Verdaderamente,
amados, eso es lo que la reincidencia nos hace… ¡nos
entorpece
tanto que no podemos
ver nuestra necesidad! Pero todavía, si ponemos los ojos en
Jesús, quien es el
autor y el consumador de nuestra fe, entonces sabemos que podemos
renunciar
cualquier cosa por Él, ¡no importa el costo! Amén.
*************************************************************************************************
Ahora, vamos a considerar algunas cosas que nos
costarán y lo que tenemos que renunciar si queremos realmente un
avivamiento.
Por supuesto, verá que estas cosas son verdaderamente prácticas… ellas no son simplemente cosas
que
tienen que ver con
nuestros sentimientos y emociones. Oh, podemos ir por todos rumbos
concordando
y reclamando que necesitamos el avivamiento y el despertamiento
espiritual,
pero la pregunta es, "¿Qué estamos haciendo acerca de
ello"? ¿Podemos
decir que al mirar la condición espiritual de la Iglesia hoy en
día, inclusive
la nuestra propia, nos hace tan concernidos y desesperado acerca de
ello, que
nos causa querer renunciar cualquier cosa para ser un instrumento, o
ser
cualquier medio, Dios utilizará para el Avivamiento y el
Despertamiento
Espiritual? ¿Puedo decir, con un corazón quebrantado y
espíritu contrito, exclamar
a Aquél quien sólo puede causar a las nubes que lluevan
otra vez, "Aquí
estoy, oh Señor; utilíceme como Tu vaso de misericordia,
no sólo para el bien
de Tu pueblo y de los pecadores perdidos, pero sobre todo, para Tu
gloria? ¡Doy
mi todo a Ti para que Tú puedas utilizar mi todo para Ti!
¡Amén!"
En contestar la pregunta si realmente queremos un
avivamiento, así que entonces, tenemos que considerar el
elemento del tiempo. ¿Qué tanto tiempo
estamos
dispuesto de gastar para clamar a Dios por un avivamiento? Si nuestros tiempos están en Su mano, ¿tenemos el
derecho de dividir esos tiempos en
algún tiempo para Él y lo demás para nosotros?
Amados, ¡temo que nosotros los
cristianos hacemos eso! Es verdad que nuestro tiempo durante el
día implica un
trabajo y otras responsabilidades legítimas; no obstante, es, y
debe ser, bajo
el contexto de “En (la mano de Dios)
están mis tiempos” (31:15). Pero
siempre que malgastamos y perdemos el tiempo en las actividades que
tienen que
ver con amando los deleites más que amando a Dios (2 Timoteo
3:4); y sí, en las
“comodidades temporales de pecado” (Hebreos
11:25), entonces NO PODEMOS decir sinceramente que “en
(la
mano de Dios) están mis
tiempos” (Salmo 31:15). ¿Qué tanto tiempo
gasto
mirando la televisión?
¿Qué tanto tiempo utilizo para la recreación? En
cuanto a eso, ¿cuánto tiempo
malgasto haciendo nada para el Señor? O aún, ¿para
mi propio bienestar
espiritual? Pero para desear verdaderamente el avivamiento, no
sólo para mí
personalmente, pero también para el pueblo de Dios, ¡me va
costar mi tiempo! Por
lo tanto, cada minuto; si, cada segundo de mi vida pertenece a mi
Salvador
precioso; y tanto como Él estuvo dispuesto para dar Su TODO por
mí, entonces yo
debo estar dispuesto a darle todo mi tiempo a Él; ¡por
más que sea el costo!
En el segundo
lugar, nos costará nuestro orgullo.
Lo qué es verdad en el discipulado es también verdad para
el avivamiento. Para
aprender del, y para seguir al, Señor Jesús, la humildad
es requerida. Para ser
Su discípulo, el pecador arrepentido y creyente dirá con
Pablo: “Señor, ¿qué quieres que
haga?” (Hechos
9:6); que sólo puede ser verdad de uno que ha sido humillado. El
orgullo es ése
pecado que dirá a Dios, "Yo lo puedo hacer de mi propio; y
cualquier cosa
que necesito lo proveeré de mi mismo". Es de ser como
ésos de la iglesia
de Laodicea que se jactaban: “Yo soy
rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa” (Apocalipsis
3:17). Pero la esencia de nuestro texto en Lucas 14 es la
repudiación del
"Yo, el Mí y el Yo mismo" para ser un discípulo verdadero
de Cristo: “Cualquiera de vosotros que no renuncia
á
todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo” (v.33).
El orgullo
prevendrá eso; por el otro lado, para ser humilde es de
reconocer que toda
nuestra suficiencia para hacer lo que es requerido de nosotros tiene
que venir
de la gracia de Dios; porque la promesa es:
“Dios resiste á los soberbios, y da gracia á los
humildes” (Santiago 4:6).
Ya ven, amados, son “las riquezas de su
gracia” (Efesios 1:7) que nos da la suficiencia para terminar
lo
que
comenzamos en Cristo y nos da la victoria en Él. ¡Aleluya!
En 2 Crónicas 7:14 donde somos dichos que ciertas
cosas tienen que suceder antes que
Dios nos envíe un avivamiento, el primero es que debemos de
humillarnos: “Si se humillare mi pueblo, sobre los
cuales
ni nombre es invocado,…” es indicio del cristiano
reincidido.
Proverbios
14:14 nos dice que “de sus caminos será
harto el apartado de razón (el
reincidente)”, que es un cuadro de
uno que está lleno de orgullo. Subsiguientemente, el orgullo
prevendrá el avivamiento;
y la razón es que nos mantendrá de orar, de buscar el
rostro de Dios y de
apartarnos de nuestros malos caminos, como expresado en 2
Crónicas 7:14. Temo
que esto es el gran pecado de hoy en la gran mayoría parte de
los que profesan
ser cristianos que puede ser dicho de ellos como fue dicho de Israel: “Y la soberbia de Israel testificará contra
él en su cara: y no se tornaron á Jehová su Dios,
ni lo buscaron con todo esto”
(Óseas 7:10). Sí, Dios ha ordenado a las nubes de no
llover sobre Su pueblo (Isaías
5:6) y como Él amenazó a Su pueblo antiguo, así
que Él lo esta haciendo con
nosotros hoy en día a causa de nuestra rebelión: “Y quebrantaré la soberbia de vuestra fortaleza,
y
tornaré vuestro
cielo como hierro, y vuestra tierra como metal”
(Levítico
26:19). Pero cuán
diferente es si nosotros nos humillamos antes de Él: “Porque
así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo
nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el
quebrantado
y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de
los humildes, y para
vivificar el corazón de los quebrantados”
(Isaías
57:15).
¿Por qué? ¡Porque el tiempo y el orgullo son esas amadas fijaciones y relaciones de nuestras vidas que tanto amamos! Lo qué el Señor dijo en Lucas 14 acercas de renunciar estas cosas para ser Su discípulo, podemos decir también que si queremos verdaderamente el avivamiento entonces tenemos que renunciar estas cosas; más específicamente, ¡tenemos que romperlas de nosotros! Oh, ¡cómo nos dolerá hacerlo! Es verdad que el Señor Jesús no tenía pecado y nunca pecó y no podría pecar; no obstante Él sufrió mucho cuando “vino al mundo para salvar á los pecadores” (1 Timoteo 1:15) en que Él, “siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual á Dios: Sin embargo, se anonadó á sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante á los hombres; y hallado en la condición como hombre, se humilló á sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:6-8), no solo dejó la gloria que tenía con el Padre, pero también entró el Tiempo para dar TODO DE SU TIEMPO para hacer la voluntad del Padre como Él dijo: “No busco mi voluntad, mas la voluntad del que me envió, del Padre” (Juan 5:30). ¿Somos nosotros, pues, dispuestos a renunciar nuestro tiempo y orgullo, en el cual nos gloriamos, para buscar el rostro de Dios para un avivamiento? Sí, nos dolerá en descartarlos de nosotros porque nuestro propio pecado nos luchará por ellos; pero ¡oh! ¡La promesa de la victoria de “Dios, por Jesucristo Señor nuestro” (Romanos 7:25)! Ya ven, amados, el avivamiento es simplemente regresar a aprender del, y de seguir al, Señor Jesucristo cada y todos los días de nuestras vidas, andando en el Poder de la Cruz y de Su Resurrección gloriosa. Amén.
********************************************************************************************
A
continuar, en el
tercer lugar, encontramos que si queremos realmente el avivamiento,
nos
costará nuestros pecados apreciados.
Si nota en nuestro texto de Lucas 14 que el Señor Jesús
hace referencia que en
ser Su discípulo tenemos que "aborrecer"
nuestras relaciones de familia, e incluso nuestra propia vida (Lucas
14:26)
para serlo. Esto significa simplemente, amados, que si llegamos a ser
verdaderamente
Su discípulo, entonces nuestro amor para Él es de tal
intensidad que cualquier
amor que tengamos para cualquiera puede ser, en un sentido, ser llamado
“aborrecer”. No es que no
"amamos" nuestras familias, pero cuando el
Señor Jesucristo viene a ser “el todo, y
en todos” (Colosenses 3:11) en nuestras vidas, entonces
Él es nuestro “primer amor”
(Apocalipsis 2:4); y eso
significa que Él es “primero” en
nuestras
vidas en comparación con todo el resto de nuestras relaciones,
inclusive los
mencionados en Lucas 14:26. Por lo tanto, lo que esto significa es que
si
queremos seguir a Jesús, tenemos que dar nuestras espaldas a
nuestros “amados”, inclusive estar
dispuestos a
morir a nosotros mismos; especialmente mucho más, si en
cualquier manera ellos
interponen o han de impedir vivir para y servir al Señor
Jesucristo encima
sobre cualquiera o cualquier cosa.
En Proverbios 14:14 leemos que “de sus
caminos será harto el apartado de razón” (el
reincidente);
y eso, amados, incluirá esos pecados en nuestro vidas tan
apreciados que los adherimos
a nuestros corazones; o ellos tienen tanto control sobre nuestras
vidas, que
sería casi imposible de voltearnos de ellos, que es requerido
para el avivamiento,
según 2 Crónicas 7:14 – “Se
convirtieren
de sus malos caminos”. En Hebreos 12 leemos acerca “del pecado que nos rodea” (v.1), es decir,
un pecado que tan fácilmente
rodea nuestras vidas porque lo mantenemos tan cercas a nosotros en que
tanto
nos encantamos en el. De hecho, hay pecados que quizás estamos
dispuestos a
renunciar, pero oh, ¡no toques el primer amor de mi vida! Puede
ser cualquier
pecado en particular, mas ¡cuántos de nosotros mantenemos
"harenes"
de pecados en nuestras vidas! ¿Puede ser dicho de muchos
cristianos reincidentes
que son como Salomón, que “amó,
á…muchas
mujeres extranjeras” (1
Por eso en contestar nuestra pregunta, ¿Queremos
Realmente Un Avivamiento?, tenemos que decir que nos costará
nuestros pecados
apreciados. Seguramente tenemos que dar nuestra espalda a todo pecado;
pero oh,
¡qué inclinado somos de mantener por lo menos ése
que es "el amor de mi
vida"! Pero el principio del discipulado de Lucas 14 es también
verdad
para el avivamiento: Tenemos que renunciar todo pecado, inclusive
nuestros pecados
más apreciados, si queremos realmente un avivamiento. En “convertirnos de (nuestros) malos caminos” significa
eso: No dice algunos de ellos, sino ¡TODOS
nuestros “malos caminos”! En volvernos a
Dios, damos
nuestra espalda a todo pecado, ¡por más que lo amamos!
Así que la pregunta
tiene que ser contestada de su lado: ¿Está USTED
dispuesto a renunciar a cada pecado en su vida para el
avivamiento? ¿Aún ese pecado en particular que es tan
apreciado por usted? No
se haga ilusiones: Así como no podemos ser discípulos de
verdad del Señor
Jesucristo si alguien o algo está entre nosotros, así que
Dios no nos mandará
Avivamiento y Despertamiento Espiritual si el pueblo de Dios no
está dispuesto
de “convertirse de sus malos caminos”
(2 Crónicas 7:14).
Finalmente, encontramos que en el cuarto
lugar, nos costará mucha
oración. Si nota en nuestro texto de Lucas 14 que el rey que
hacía guerra
contra un rey más fuerte es ilustrado mandando a un embajador a “rogar por la paz” (vv.31, 32). Creo que
podemos referirnos a esto como "orando". Si esto es verdad en el
discipulado, que después de considerar el costo alto de ser un
seguidor del
Señor Jesucristo y que estamos en guerra con Él a causa
de nuestro pecado, oramos
“por la paz”, que podemos obtener si
estamos dispuesto a hacer tiempo por
ello, estar dispuestos a humillarnos
para pedirlo; y por supuesto, estar dispuesto a renunciar a cualquiera
o lo que
sea que lo prevendrá, ¿cuán verdadero es
también para el Avivamiento? En hecho,
cada discípulo verdadero de Cristo confesará que en
rendirse a Él como Señor y
Salvador, todo empezó con la oración. En ese mismo
momento de renunciar TODO
para seguirlo, no sólo lo vimos como el Único y
Todo-Suficiente Salvador por
nuestros pecados, pero también como el Único SEÑOR
quien era digno de ser
obedecido; y esto nos causó orar: “Dios,
sé propició á mí pecador” (Lucas
18:13), y “Señor, “qué quieres
que haga” (Hechos 9:6).
Por lo tanto, amados, podemos decir
inequívocamente,
que si realmente queremos Avivamiento; nos costará mucha
oración. No hay manera
podemos aminorar este requisito, mucho menos descuidarlo. Es
sólo después de mucha oración que
Dios, de Su gracia
libre y soberana, nos bendecirá con avivamiento. ¡Esa es
la promesa que nos es
dada en 2 Crónicas 7:14, 15! Pero encontrará en las
Escrituras que mucha oración
tiene un costo alto; porque ¡hay mucho que tenemos que renunciar
si queremos
realmente el avivamiento! Pero temo que mucho de lo que es llamado
"oración"
por profesantes cristianos es realmente "oración sin orar", como
referido por
Ahora,
otra vez, la pregunta todavía tiene que ser
contestada: ¿Queremos Realmente Un Avivamiento? Aunque mucho
más pueda ser
dicho con respecto a esta pregunta, sea suficiente para decir que el
costo de
nuestro tiempo, de nuestro orgullo, de nuestros pecados apreciados y de
mucha
oración debe proveer nuestra respuesta. No es una pregunta de
ser teológico
acerca de ello… ¡NO! Estas cosas tienen que ver con
nuestra relación con el
Señor como Su discípulo. Así como nos costó
estas cosas en el principio para
seguir al Señor, entonces ¿cuánto más ahora
si nos encontramos haber reincidido
y de haber dejarlo como nuestro “primer
amor”? A través de las Escrituras encontramos a Dios
llamando a Su pueblo a
regresar a Él después que ellos hayan retrocedido en el
pecado y la rebelión,
pero no podemos y no lo haremos a menos que estemos dispuestos a pagar
el costo
alto que es requerido. “Si se humillare mi
pueblo, sobre los cuales ni nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi
rostro,
y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde
los cielos, y
perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2
Crónicas 7:14). ¿Está usted
dispuesto a hacer esto? ¿QUIERE REALMENTE USTED EL AVIVAMIENTO?
Amados, hay mucho en nuestro Salvador precioso, el
Señor Jesucristo, que nos debe hacer dispuestos a renunciar
nuestra vida de reincidencia
para ser reconciliado con Él. ¡Yo y usted nunca podemos
hallar ninguna excusa o
razón legítima por qué no hacerlo! En Él
amándonos y entregándose por nosotros
(Gálatas 1:4; 2:20) le costó más de lo que podemos
imaginar (cf. 1 Corintios
2:9); no obstante, Él estaba dispuesto de hacerlo por Su gran
amor que Él tiene
por Su pueblo. Nosotros que reclamamos creer en Él no “le amamos á él, porque él nos
amó primero” (1 Juan 4:19), entonces
¿por qué nos volteamos contra El? En esencia eso es lo
que hemos hecho en la
reincidencia. Oh, quizás vayamos a la iglesia y hacemos muchas
"actividades
cristianas", pero siempre que mis tiempos están en mis manos, y
no hay
humildad en mi vida, y tengo mis chiquitos pecados queridos; y
ciertamente por
la mayoría, no hay mucha oración, si acaso hay, entonces
tenemos que confesar
que ya no estamos siguiendo a Jesús, mucho menos, viviendo para
Jesús. ¿ES ESO
NUESTRO CASO EN EL PRESENTE? Oh, míralo en la cruz del Calvario
y por la fe
apela Su sangre preciosa para la limpieza y el perdón de todos
tus pecados y
regresa atrás a Él con un corazón roto y
arrepentido por haber volteadote de Él.
También, mira la tumba vacía de donde Él fue “resucitado para nuestra justificación” (Romanos
4:25) y apela Su
justicia, que nos hace la “justicia de
Dios en él” (2 Corintios 5:21); y por lo tanto podemos
venir con la confianza
a Su trono de la gracia para la restauración de nuestra alma
(Salmo 23:3). Pero
entonces pon los ojos al cielo y mirarlo como nuestro abogado antes el
Padre
para reconciliarnos a Él como “la
propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 2:1, 2).
Ahora, teniendo TODO
esto en el amado Hijo de Dios, cómo contestamos la pregunta:
¿QUEREMOS
REALMENTE UN AVIVAMIENTO?
Oh, quizás nos encontramos en el desierto de
reincidencia y cualquier cosa que encontramos allí no nos ha
satisfecho de
todo; pero pueda ser nuestra oración como la de David: "Dios, Dios mío eres tú: levantaréme
á ti de mañana: Mi alma tiene
sed de ti, mi carne te desea, En tierra de sequedad y transida sin
aguas; Para
ver tu fortaleza y tu gloria, Así como te he mirado en el
santuario. Porque mejor
es tu misericordia que la vida: Mis labios te alabarán.
Así te bendeciré en mi
vida: En tu nombre alzaré mis manos. Como de meollo y de grosura
será saciada
mi alma; Y con labios de júbilo te alabará mi boca" (Salmo
63:1-5).
Sí, también vamos orar como Jeremías: “Vuélvenos,
oh Jehová, á ti, y nos volveremos: Renueva nuestros
días como al principio” (Lamentaciones
5:21). “¿No volverás tú
á darnos vida, Y
tu pueblo se alegrará en ti?” (Salmo 85:6). Sí,
“Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los
tiempos, En medio de los
tiempos hazla conocer; En la ira acuérdate de la
misericordia” (Habacuc
3:2). Pueda ser esto nuestra oración si queremos realmente un
avivamiento en
Cristo Jesús. Amén.