DIOS
SE HA RETIRADO DE SU PUEBLO
“Andaré,
y
tornaré á mi lugar hasta que conozcan su pecado, y
busquen mi rostro. En su
angustia madrugarán á mi”
Es verdad que Dios ha prometido nunca dejar y
abandonar a Su pueblo; y verdaderamente que palabra consoladora esa es,
especialmente en tiempos de la oscuridad y la duda que quizás
pasemos por alguna
razón u otro. Todavía, tenemos que decir que cada hijo de
Dios tiene a la vez u
otra experimentado la "soledad" sintiendo que el Padre celestial los
ha abandonado. Pero eso es cuándo la fe en la fidelidad de Dios
se agarra de
las promesas de Dios que no hay absolutamente nada que puede separar
jamás uno
de Sus hijos de Su amor “que es en Cristo
Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:39); porque como
Pablo dice: “Si fuéremos infieles, él
permanece fiel” (2
Timoteo 2:13). Es decir, aún cuando nuestra fe está en su
más bajo, nuestra
esperanza puede sólo descansar en Su fidelidad; y esto porque
Él no puede
contradecirse a Sus promesas. Pero una advertencia: Esto no significa
que
podemos continuar en el pecado y abusar Su gracia; de otro modo
sufriremos las
consecuencias por hacerlo; y ¡esto severamente!
No obstante, tenemos que confesar que nosotros que
reclamamos el Nombre de Cristo reincidimos; y según el
capítulo 5 de Oseas
pueden ser muy graves. Va más allá de mi alcance para
hacer una presentación detallada
de esto, pero permíteme por lo menos hacer algunas referencias
con lo que Dios había
acusado a Su pueblo: “Porque ahora, oh
Ephraim, has fornicado, y se ha contaminado Israel. No pondrán
sus pensamientos
en volverse á su Dios, porque espíritu de
fornicación está en medio de ellos, y
no conocen á Jehová” (vv. 3, 4); “Contra
Jehová prevaricaron, porque hijos extraños han
engendrado…” (v. 7); “Y verá Ephraim su
enfermedad, y Judá su
llaga: irá entonces Ephraim al Assur, y enviará al rey
Jareb; mas él no os
podrá sanar, ni os curará la llaga” (v. 13).
Qué cuadro tan gráfico de
mucho de la cristiandad de hoy: La mundanería, es decir el amor
para el mundo,
y para las cosas que están en el mundo (1 Juan 2:15; Santiago
4:4) es muy
evidente. También, la infidelidad de cristianos al Señor
y a Su voluntad en sus
relación con los incrédulos, o en casarse con los
incrédulos o en dar a
nuestros hijos en el matrimonio a los incrédulos, que va en
contra de Su Palabra
(Deuteronomio 7:3, 4; 2 Corintio 6:14-18). Además, e incluso
cuando los
cristianos son hechos conscientes de su "enfermedad"
y "llaga", en vez de
buscar al Señor y Su ayuda, especialmente de Su Palabra, que es
aquella "sana doctrina" que puede sanar
nuestras reincidencias, ellos miran a ésos que
cosquillearán los oídos y harán
a uno se sientan bien por el momento (Jeremías 3:22; 2 Timoteo
4:3, 4).
Ahora,
permíteme que dé por
lo menos cuatro maneras que podemos saber que Dios se ha retirado de
nosotros: Primero, en nuestra vida de
oración. Cuántos de nosotros no ha experimentado
que por más que oramos, más ellos simplemente solo
rebotan como del techo.
Bien, considere Isaías 59:2 – “Mas
vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro
Dios, y
vuestros pecados han hecho ocultar su rostro de vosotros, para no
oír”;
porque como David dice: “Si en mi corazón
hubiese yo mirado á la iniquidad, El Señor no me oyera” (Salmos
68:15).
Usted lo puede creer: ¡Si vivimos una vida reincidida, Dios no
oirá nuestras
oraciones en que Él se ha retirado de nosotros! En segundo
lugar, en nuestro
estudio de la Biblia. Podemos estudiar fervorosamente la Biblia y
más nos
encontramos no aumentando en el conocimiento de la Palabra de Dios. A
pesar de
leer las palabras de las Escrituras, e incluso entendiéndolas,
nos quedamos
todavía desprovisto de la sabiduría y comprensión
espiritual de la verdad
preciosa de Dios. El pecado en nuestras vidas prevendrá en ser
enseñados por el
Espíritu Santo y tener nuestra comprensión abierta para
poder entender Su Palabra.
Terceramente, en nuestro andar diario con
el Señor. Es preguntado: “¿Andarán
dos juntos, si no estuvieren de
concierto?" (Amos 3:3). Es verdad que en la reincidencia nos
apartamos
del Señor, pero también es verdad que Dios se
retirará de nosotros si andamos en
el pecado simplemente porque Él no puede tener la
comunión con nosotros en
nuestro pecado. Cuartamente, en nuestro
testigo del Señor Jesucristo al
perdido. Somos ordenados de ser llenados del poder del
Espíritu Santo para
que sea eficaz. Pero el pecado en nuestras vidas apagará el
poder del Espíritu
en que no traerá ninguna convicción a los que damos
testimonio. Por lo tanto,
cuando estas cuatro cosas son verdades en nuestras vidas entonces
podemos
asumir correctamente que Dios se ha retirado de nosotros; y lo que Dios
dijo a
Su pueblo de antepasado es también pertinente para nosotros hoy:
“Andaré, y tornaré á mi lugar hasta
que
conozcan su pecado, y busquen mi rostro. En su angustia
madrugarán á mi” (Ósea
5:15).
Con esto en cuenta, vamos a considerar la seriedad de
nuestra reincidencia; y como hemos notado ya, causaremos que Dios se
retire de
nosotros: “Andaré, y tornaré á mi
lugar”.
Ah, para pensar en la atrocidad de Dios retirándose de nosotros
a causa de
nuestro pecado nos debe hacer recordar esas palabras terribles que el
Señor Jesús
gritó mientras en la cruz: “Dios mío,
Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo
27:46). Si nuestros pecados
causaron que nuestro Salvador precioso pronunciara tales palabras,
¿por qué debemos
pensar que nuestra suerte sería mejor si Dios retirara Su
presencia de
nosotros? Qué no llegue al grano como se dice en el
versículo 6 – "Con sus ovejas y con sus vacas
andarán
buscando á Jehová, y no le hallarán;
apartóse de ellos" (Oseas 5).
Otra cosa que se nos dice en nuestro texto es que “en su angustia madrugarán á mi”.
Aquí
vemos lo que la reincidencia hace a nosotros…, causa la “angustia”,
es decir, la "turbación" en nuestras vidas.
Esto puede ser verdad en muchos sentidos y por medios diferentes. Nos
puede
afectar físicamente y temporalmente, pero también
espiritualmente. Cualquiera
cosa que pueda ser, podemos saber con seguridad que la mano de Dios es
implicada en ello. Pero, ¿saben qué? Debíamos
estar agradecidos que sufrimos la
aflicción en nuestras reincidencias; porque eso es lo que Dios
utiliza para
traernos atrás a Él. Como David dice: “Antes
que fuera yo humillado, descarriado andaba”; “Bueno me es haber sido
humillado”; “…Y que conforme á tu fidelidad me afligiste” (Salmos
119:67,
71, 75). Si Dios hubiera de dejarnos en nuestros pecados sin la
aflicción, ¡nosotros
nunca nos volveríamos a Él! Pero una vez que Dios
comienza de tratar con
nosotros, lo que Él hará si somos Sus hijos (ref. a
Hebreos 12:5-15), usted
puede estar seguro que nosotros lo haremos con toda diligencia y
seriedad. ¡No
hay un momento de malgastar!
Así, en conclusión, amado pueblo de Dios,
no vamos a
asumir y presumir en nuestro Dios. Sí, Él prometió
que absolutamente nada "nos podrá apartar del amor
de Dios,
que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos
8:39); no obstante,
nuestros pecados lo pueden causar que se retire de nosotros; y eso
puede ser
peligroso para nuestras almas. Usted ve, si Él lo hace debido a
nuestra
reincidencia, ¿cómo podemos ver Su rostro si andamos en
tinieblas? Y de muy
seguro, ¿cómo podemos saber que Él estará
allí cuando "decidimos" de
hacerlo? porque como Él advierte a ésos en
capítulo 5 de Oseas: “Con sus ovejas y con sus
vacas andarán
buscando á Jehová, y no le hallarán;
apartóse de ellos” (v.6). Ah, no vamos
a esperarnos otro momento, vamos a hacer lo que somos aconsejados por
Isaías: "Buscad á Jehová mientras
puede ser
hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el
impío su camino, y el
hombre inicuo sus pensamientos; y vuélvase á
Jehová, el cual tendrá de él
misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar"
(55:6,
7). Sí, vamos a mirar a Jesús, en quien podemos tener el
perdón de todos
nuestros pecados, y la certeza de ello porque Él resucitó
de los muertos y hace
la intercesión por nosotros ante Dios para traernos atrás
a Él. Entonces, y
sólo entonces, podemos estar asegurados que Él se
acercará a nosotros. “Allegaos á Dios, y
él se allegará á
vosotros” (Santiago 4:8). Amén.