DIOS SE HA RETIRADO DE SU PUEBLO

“Andaré, y tornaré á mi lugar hasta que conozcan su pecado, y busquen mi rostro. En su angustia madrugarán á mi”

(Oseas 5:15) 

Es verdad que Dios ha prometido nunca dejar y abandonar a Su pueblo; y verdaderamente que palabra consoladora esa es, especialmente en tiempos de la oscuridad y la duda que quizás pasemos por alguna razón u otro. Todavía, tenemos que decir que cada hijo de Dios tiene a la vez u otra experimentado la "soledad" sintiendo que el Padre celestial los ha abandonado. Pero eso es cuándo la fe en la fidelidad de Dios se agarra de las promesas de Dios que no hay absolutamente nada que puede separar jamás uno de Sus hijos de Su amor “que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:39); porque como Pablo dice: “Si fuéremos infieles, él permanece fiel” (2 Timoteo 2:13). Es decir, aún cuando nuestra fe está en su más bajo, nuestra esperanza puede sólo descansar en Su fidelidad; y esto porque Él no puede contradecirse a Sus promesas. Pero una advertencia: Esto no significa que podemos continuar en el pecado y abusar Su gracia; de otro modo sufriremos las consecuencias por hacerlo; y ¡esto severamente!

No obstante, tenemos que confesar que nosotros que reclamamos el Nombre de Cristo reincidimos; y según el capítulo 5 de Oseas pueden ser muy graves. Va más allá de mi alcance para hacer una presentación detallada de esto, pero permíteme por lo menos hacer algunas referencias con lo que Dios había acusado a Su pueblo: “Porque ahora, oh Ephraim, has fornicado, y se ha contaminado Israel. No pondrán sus pensamientos en volverse á su Dios, porque espíritu de fornicación está en medio de ellos, y no conocen á Jehová” (vv. 3, 4); “Contra Jehová prevaricaron, porque hijos extraños han engendrado…” (v. 7); “Y verá Ephraim su enfermedad, y Judá su llaga: irá entonces Ephraim al Assur, y enviará al rey Jareb; mas él no os podrá sanar, ni os curará la llaga” (v. 13). Qué cuadro tan gráfico de mucho de la cristiandad de hoy: La mundanería, es decir el amor para el mundo, y para las cosas que están en el mundo (1 Juan 2:15; Santiago 4:4) es muy evidente. También, la infidelidad de cristianos al Señor y a Su voluntad en sus relación con los incrédulos, o en casarse con los incrédulos o en dar a nuestros hijos en el matrimonio a los incrédulos, que va en contra de Su Palabra (Deuteronomio 7:3, 4; 2 Corintio 6:14-18). Además, e incluso cuando los cristianos son hechos conscientes de su "enfermedad" y "llaga", en vez de buscar al Señor y Su ayuda, especialmente de Su Palabra, que es aquella "sana doctrina" que puede sanar nuestras reincidencias, ellos miran a ésos que cosquillearán los oídos y harán a uno se sientan bien por el momento (Jeremías 3:22; 2 Timoteo 4:3, 4).

Ahora, permíteme que dé por lo menos cuatro maneras que podemos saber que Dios se ha retirado de nosotros: Primero, en nuestra vida de oración. Cuántos de nosotros no ha experimentado que por más que oramos, más ellos simplemente solo rebotan como del techo. Bien, considere Isaías 59:2 – “Mas vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar su rostro de vosotros, para no oír”; porque como David dice: “Si en mi corazón hubiese yo mirado á la iniquidad, El Señor no me oyera” (Salmos 68:15). Usted lo puede creer: ¡Si vivimos una vida reincidida, Dios no oirá nuestras oraciones en que Él se ha retirado de nosotros! En segundo lugar, en nuestro estudio de la Biblia. Podemos estudiar fervorosamente la Biblia y más nos encontramos no aumentando en el conocimiento de la Palabra de Dios. A pesar de leer las palabras de las Escrituras, e incluso entendiéndolas, nos quedamos todavía desprovisto de la sabiduría y comprensión espiritual de la verdad preciosa de Dios. El pecado en nuestras vidas prevendrá en ser enseñados por el Espíritu Santo y tener nuestra comprensión abierta para poder entender Su Palabra. Terceramente, en nuestro andar diario con el Señor. Es preguntado: “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de concierto?" (Amos 3:3). Es verdad que en la reincidencia nos apartamos del Señor, pero también es verdad que Dios se retirará de nosotros si andamos en el pecado simplemente porque Él no puede tener la comunión con nosotros en nuestro pecado. Cuartamente, en nuestro testigo del Señor Jesucristo al perdido. Somos ordenados de ser llenados del poder del Espíritu Santo para que sea eficaz. Pero el pecado en nuestras vidas apagará el poder del Espíritu en que no traerá ninguna convicción a los que damos testimonio. Por lo tanto, cuando estas cuatro cosas son verdades en nuestras vidas entonces podemos asumir correctamente que Dios se ha retirado de nosotros; y lo que Dios dijo a Su pueblo de antepasado es también pertinente para nosotros hoy: “Andaré, y tornaré á mi lugar hasta que conozcan su pecado, y busquen mi rostro. En su angustia madrugarán á mi” (Ósea 5:15).

Con esto en cuenta, vamos a considerar la seriedad de nuestra reincidencia; y como hemos notado ya, causaremos que Dios se retire de nosotros: “Andaré, y tornaré á mi lugar”. Ah, para pensar en la atrocidad de Dios retirándose de nosotros a causa de nuestro pecado nos debe hacer recordar esas palabras terribles que el Señor Jesús gritó mientras en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46). Si nuestros pecados causaron que nuestro Salvador precioso pronunciara tales palabras, ¿por qué debemos pensar que nuestra suerte sería mejor si Dios retirara Su presencia de nosotros? Qué no llegue al grano como se dice en el versículo 6 – "Con sus ovejas y con sus vacas andarán buscando á Jehová, y no le hallarán; apartóse de ellos" (Oseas 5).

Pero todavía note en nuestro texto que hay una palabra de esperanza que aunque Él retirará Su presencia de Su pueblo a causa del pecado de ellos, es hasta que conozcan su pecado”, dice el Señor. Es decir, mientras nos quedamos impenitentes y no confesamos nuestros pecados, Él se ausentará de nosotros. No nos engañemos en pensar que Dios nos recibirá y nos dará la bienvenida mientras al continuar en nuestros pecados. Es solo "si confesamos nuestros pecados”, que “él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad" (1 Juan 1:9); porque “él que encubre sus pecados, no prosperará: Mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13). Esto puede significar también reconocer nuestra culpa y que merecemos ser castigados por nuestras reincidencias, ¡que tenemos que confesar son muchas!  <>También, note que esto está con respecto a, “y busquen mi rostro”. Si somos sinceramente arrepentidos de nuestros pecados y reconocemos que somos culpables de ellos, entonces necesitamos el perdón. Pero, ¿a dónde podemos ir para obtenerlo, si no a Quien hemos ofendido? En nuestra culpa venimos buscando el rostro, es decir, el favor de Aquél quien sólo nos puede perdonar; porque como hemos notado previamente que “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad” (1 Juan 1:9). Pero por supuesto, esto sólo puede ser verdad en el Señor Jesucristo, porque es “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (v. 7). Nunca podemos esperar ser reconciliados con Dios y ver Su rostro aparte de Su gracia en Cristo Jesús; por mucho que muchas lágrimas derramemos, por mucho que se angustien nuestros corazones, no importan cuánto sufrimos a causa de nuestros pecados… ¡NO! Tenemos que voltearnos a Él y poner la mirada en Su gracia y misericordia que nos es dada en Cristo Jesús. Amén. 

Otra cosa que se nos dice en nuestro texto es que “en su angustia madrugarán á mi”. Aquí vemos lo que la reincidencia hace a nosotros…, causa la “angustia”, es decir, la "turbación" en nuestras vidas. Esto puede ser verdad en muchos sentidos y por medios diferentes. Nos puede afectar físicamente y temporalmente, pero también espiritualmente. Cualquiera cosa que pueda ser, podemos saber con seguridad que la mano de Dios es implicada en ello. Pero, ¿saben qué? Debíamos estar agradecidos que sufrimos la aflicción en nuestras reincidencias; porque eso es lo que Dios utiliza para traernos atrás a Él. Como David dice: “Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba”; “Bueno me es haber sido humillado”; “…Y que conforme á tu fidelidad me afligiste” (Salmos 119:67, 71, 75). Si Dios hubiera de dejarnos en nuestros pecados sin la aflicción, ¡nosotros nunca nos volveríamos a Él! Pero una vez que Dios comienza de tratar con nosotros, lo que Él hará si somos Sus hijos (ref. a Hebreos 12:5-15), usted puede estar seguro que nosotros lo haremos con toda diligencia y seriedad. ¡No hay un momento de malgastar!

Así, en conclusión, amado pueblo de Dios, no vamos a asumir y presumir en nuestro Dios. Sí, Él prometió que absolutamente nada "nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos 8:39); no obstante, nuestros pecados lo pueden causar que se retire de nosotros; y eso puede ser peligroso para nuestras almas. Usted ve, si Él lo hace debido a nuestra reincidencia, ¿cómo podemos ver Su rostro si andamos en tinieblas? Y de muy seguro, ¿cómo podemos saber que Él estará allí cuando "decidimos" de hacerlo? porque como Él advierte a ésos en capítulo 5 de Oseas: “Con sus ovejas y con sus vacas andarán buscando á Jehová, y no le hallarán; apartóse de ellos” (v.6). Ah, no vamos a esperarnos otro momento, vamos a hacer lo que somos aconsejados por Isaías: "Buscad á Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos; y vuélvase á Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar" (55:6, 7). Sí, vamos a mirar a Jesús, en quien podemos tener el perdón de todos nuestros pecados, y la certeza de ello porque Él resucitó de los muertos y hace la intercesión por nosotros ante Dios para traernos atrás a Él. Entonces, y sólo entonces, podemos estar asegurados que Él se acercará a nosotros. “Allegaos á Dios, y él se allegará á vosotros” (Santiago 4:8). Amén.