TODAS
LAS COSAS SON POSIBLES PARA DIOS
(Marcos 10:27)
Pedro hace la pregunta, "¿Y quien
podrá salvarse?” (Marcos 10:26) en oír al
Señor
Jesús decir que “más fácil es pasar
un
camello por el ojo de una aguja, que el rico entrar en el reino de Dios"
(v.25). Entonces el Señor en responder contesta, "Para
los hombres es imposible; mas para Dios, no; porque todas
las cosas son posibles para Dios” (v.27). Como puede ver, hay por
lo menos
dos cosas que se destacan en esta Escritura, amados, a saber, 1) la
desesperanza del hombre, y 2) el optimismo de Dios. En el contexto de
nuestro
texto, vemos que el hombre no puede salvarse; pero para lo que
es
imposible para el hombre, no es imposible con Dios. Al contrario, lo
que el
hombre no puede hacer para sí mismo, Dios lo puede hacer para
él; porque como
es declarado: "Todas las cosas son
posibles para Dios”.
Entonces, reconociendo esto, si el pueblo de Dios son
de experimentar el Avivamiento Verdadero en estos últimos
días, nuestra única
esperanza es de mirar a Dios por ello…, si, más bien, ¡el
clamar a Él que por
Su misericordia nos envíe uno! Él es el ÚNICO, que
no sólo puede romper todas
las barreras, pero también Él es el ÚNICO que
puede suministrar todo que
necesitamos para uno. De hecho, nuestro corazón y actitud deben
de ser como del
Salmista que confesó: “¿A quién tengo
yo
en los cielos? Y fuera de ti nada deseo en la tierra” (73:25).
Pero aún
entonces nosotros nos encontramos tan lentos y despiadado que si
Él por Su
gracia no voltea nuestros corazones a Él, puede ser dicho de
nosotros como se
queja Isaías: “Y nadie hay que invoque tu
nombre, que se despierte para tenerte” (64:7); o peor, “Extendí
mis manos todo el día á pueblo rebelde, el cual anda por
camino no bueno, en pos de sus pensamientos” (65:2). ¿No es
esto verdad, oh
pueblo de Dios, como vemos alrededor de nosotros, mucho, de hecho,
muchísimo,
de lo qué es llamado cristiandad hoy en día, está
en un estado tan reincidido
que es difícil de hacer una diferencia “entre
los Egipcios y los Israelitas" (Éxodo 11:7); o “poder
discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo
limpio” (Levítico 10:10)?
Quizás algunos me acusarán de ser duro y
poco amante,
o aún criterio, por lo que dije; todavía, ¿quien
puede negar que necesitamos
que Dios nos visite como ora el
Salmista: “Oh Dios de los ejércitos,
vuelve ahora: Mira desde el cielo, y considera, y visita esta
viña (“Hiciste venir una vid de Egipto” [v.8],
es a saber, aquellos redimidos del mundo);
y la planta (Su pueblo) que plantó tu
diestra, y el renuevo que para ti corroboraste…Vida nos darás (revivirás), é invocaremos tu nombre” (80:14,
15,18)? ¿No podemos ver que Dios “aun á
las nubes mandó que no derramen lluvia sobre ella”
(Isaías 5:6), es decir,
Su “viña” (v.4), y todo lo que vemos
alrededor de nosotros es un pueblo seco y marchitante
que quizás reclaman tener un nombre que viven,
pero están muertos (Apocalipsis 3:1)? No sólo eso, me
parece que estamos todos
contentos con el estado presente de las cosas porque no hay
indicación, en
general por lo menos, que el pueblo de Dios están orando como
David: “Dios, Dios mío eres tú:
levantaréme á ti de
mañana: Mi alma tiene sed de ti, mi carne te desea, en tierra de
sequedad y
transida sin aguas; para ver tu fortaleza y tu gloria, así como
te he mirado en
el santuario” (Salmo 63:1,2).
Si esta es nuestra situación hoy,
¿significa esto que
no hay esperanza de todo para un Avivamiento para nosotros? No, pero
esta
esperanza puede ser sólo verdad si buscamos a Dios por ello,
como indicado antes.
Al mismo tiempo, necesitamos estar seguros que no buscamos al hombre
por ello. No
viene el avivamiento a causa de algún "predicador popular de
avivamientos", ni teniendo reuniones especiales de avivamiento, como es
tan comúnmente practicado hoy en algunos lugares. No, tenemos
que apartar la
mirada del hombre, y de los "artefactos" artificiales, para tratar de
inducir el avivamiento. Esto es así porque como nuestro texto lo
declara que es
imposible para el hombre hacer esas cosas que tienen que ver con Dios;
y
definitivamente, ¡el Avivamiento Verdadero es de DIOS! Pero si
miramos a Él con
quien “todas las cosas son posibles”,
entonces tenemos la esperanza que a pesar de todos los
obstáculos que el pecado,
el mundo, Satanás, e inclusive nosotros mismos,
levantarán contra el
Avivamiento, las lluvias vendrán si oramos como lo hizo
Elías; y Elías oró con
esperanza porque el Señor había prometido de enviar la
lluvia. Refiere a 1
Reyes 18:1, 41-45; compare Santiago 5:17, 18. ¿Puede orar usted
con esa
esperanza? "Clama á mí, y te
responderé, y te enseñaré cosas grandes y
dificultosas que tú no sabes" (Jeremías
33:3).
Finalmente, hermanos, vamos a creer a Dios… ¡vamos
a
creer que Él puede hacer lo imposible! Vamos a creer que
Aquél quien nos
levantó de la muerte del pecado para darnos una novedad de vida
en Él, puede
también levantarnos otra vez si nos hemos reincidido en el
pecado y a la
desobediencia; porque "cuando
cayere, no quedará postrado; porque Jehová sostiene su
mano" (Salmo
37:24). Vamos a clamar como Pedro cuando él quitó sus
ojos del Señor y empezó a
hundirse, “Señor, sálvame” (Mateo
14:30), y el Señor Jesús extendió la mano y lo
agarró; igualmente al vernos hundiéndonos
en la reincidencia, o somos hechos de ver nuestra condición
reincidida, clamamos
por misericordia y vemos la mano de la gracia de Dios
extendiéndose para
agarrarnos y traernos para atrás a Él. Vamos por fe ver a
nuestro Sumo
Sacerdote interceder por nosotros antes Dios para que cada uno que le
fue dado
no sea perdido sino que “medicinará
(nuestra) rebelión” (Óseas 14:4) como Él
prometió. Ah, amados, ¿no creen
ustedes que Aquél quien murió por nuestros pecados y
resucitó de los muertos no
permitirá que síguenos en la reincidencia; de otro modo
Él podrá decirnos, “Nunca os conocí;
apartaos de mí, obradores
de maldad” (Mateo 7:23)? ¡Yo necesito Avivamiento; Tú
necesitas
Avivamiento; necesitamos Avivamiento! Vamos orar creyendo a Dios por
ello,
¡quien hace lo imposible! Además, no sabes que “el
que aun á su propio Hijo no perdonó, antes le
entregó por todos
nosotros, ¿cómo no nos dará también con
él todas las cosas?" (Romanos
8:32). Qué necesidad más grande tenemos hoy de que Dios
aviva Su pueblo para
que se regocijan en Él (Salmo 85:6). Amén.