VOLVER A NUESTRO PRIMER AMOR

“Has dejado tu primer amor”

Apocalipsis 2:4

***

Tan importante como sea la doctrina, la obediencia, la fidelidad, la santidad, las buenas obras, etc., en la vida cristiana, mas la perla de precio mayor en la cadena de gracia alrededor de nuestros cuellos (si podemos decirlo así), es nuestro amor para el Señor Jesucristo. Todas las otras cosas quizás sean verdad en nuestro vidas hasta cierto punto, pero si nuestro amor para el Señor esta faltando de cualquier manera, entonces lo que el apóstol Pablo dice en 1 Corintios 13 con respeto al amor será también verdad en nuestra relación con Él. En otras palabras, venimos "á ser como metal que resuena, ó címbalo que retiñe", “nada soy", y "de nada me sirve" (versos. 1-3). Lo puedo poner en otra manera: Si nuestro amor para el Señor Jesús no es verdaderamente la perla más encantadora alrededor de nosotros, entonces ¡todo el resto de las perlas son hechas de "pasta"!

Nuestro texto se refiere a nuestro “primer amor”; y yo podría preguntar, “¿Quién sería éste?” Seguramente, no debería ser un "qué". En cuanto a esto, algo o cualquiera que sería considerado ser nuestro primer amor en vez que el Señor Jesucristo nos haría culpables de haber dejado nuestro “primer amor”, quien debiera ser nadie otro sino que nuestro Salvador precioso, el amado Hijo de Dios, “el cual me amó, y se entregó á sí mismo por mí” (Gálatas 2:20) para morir por mis pecados para salvarme de ellos. Desde el momento en que yo lo encontré, y por la fe Él llegó a ser mi Redentor glorioso, mi testimonio debe de ser como la de la Sulamita del Cantares de Salomón cuando se le preguntó: “¿Qué es tu amado más que otro amado, Oh la más hermosa de todas las mujeres? ¿Qué es tu amado más que otro amado, Que así nos conjuras?” mi respuesta debe ser, “Mi amado es blanco y rubio, Señalado entre diez mil…y todo él codiciable. Tal es mi amado, tal es mi amigo, Oh doncellas de Jerusalem” (5:9, 10, 16).

¿Nos atrevemos preguntarnos nosotros mismos, “¿Qué tanto verdaderamente amó al Señor Jesucristo?” ¿Puedo contestar diciendo que lo amó con todo mi corazón, con toda mi alma, con toda mi mente, y con toda mis fuerzas (Mateo 22:37)? ¿Es Él mi todo y en todo (Colosenses 3:11) lo que amó, aún hasta al punto de la muerte (Apocalipsis 12:11)? Sí, ¿verdaderamente lo considero ser mi "primer amor" en toda mi vida; y esto porque AHORA yo lo amó porque Él primero me amó (1 Juan 4:19)? De hecho, ¿sería mi amor para el Señor tan intenso y tan poderoso que con respecto a cualquier amor que tenga por cualquiera, inclusive mi propia familia, sería como "aborrecimiento" (Lucas 14:26)? Amados, no hay ninguna otra conclusión o cualquier otra opción: Mi amor para el Señor Jesús debe de ser primero y encima de cualquier otro amor que yo quizás tenga para cualquiera o por algo que sea en mi vida. Cuándo esto es verdad para cualquier creyente entonces todo lo demás caerá en su lugar, inclusive la manera que vivimos. El amor para el Señor Jesús es aquello que moverá nuestros corazones para obedecerle, para complacerle, para servirle, para seguirle, para glorificarle, para serle fiel, y para testificar de Él. Si esto no es verdad de nadie de nosotros que profesamos de amarlo, entonces tenemos que escudriñar honestamente nuestros corazones y hallar quién o qué es nuestro "primer amor".

Pero noten, amados, que el Señor nos puede acusar con habiendo dejado nuestro "primer amor" y decir todavía de nosotros como lo hizo con estos miembros de la iglesia: “Yo sé tus obras, y tu trabajo y paciencia; y que tú no puedes sufrir los malos, y has probado á los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado por mi nombre, y no has desfallecido” (vv.2, 3). En otras palabras, el Señor puede hablar muy recomendablemente de nosotros y podemos ser todavía culpables de haberlo abandonado como nuestro “primer amor”. Ah, podemos ser muy fervientes en la iglesia y por el amor del evangelio y mas no tener una intimidad con Él porque lo hemos "dejado" como nuestro “primer amor”. El griego aquí es muy interesante: Significa enviar adelante, hacer marchar, empujar (Diccionario del griego de Strong’s), que da la idea de echar fuera de nosotros nuestro amor para Él; o por lo menos, poniéndolo en asidero mientras concentramos en servirle. Llegamos a ser como Marta que estaba más interesada en servirle que en sentarse a sus pies, como María lo hizo (Lucas 10:38-42). ¿Que tal de nosotros? ¿Somos culpables de eso? ¿Puede tener el Señor esto contra nosotros que a pesar de estar en la iglesia cada vez las puertas son abiertas y somos muy activos en los ministerios de la iglesia, y mas estar todavía desprovisto de una relación íntima de amor con el Señor? 

Usted sabe, esto es un cuadro de un cristiano reincidido. De hecho, esto es precisamente lo que el Señor mismo dice a estos cristianos que han hecho: “Recuerda por tanto de dónde has caído…” (v.5), es decir, de donde te haz disminuido. Aunque las razones no son dadas que causaron el disminuir de la relación íntima y cercana de ellos con el Señor (porque puede ser cualquier cosa, tal como el pecado, la negligencia, el descuidado, la frialdad del amor, y de otras cosas); no obstante, ellos habían “caído” de esa relación eminente de amor que ellos tuvieron previamente con Él. Siempre que eso sucede, entonces nuestros corazones ya no están más fijo sobre Él, nuestros pensamientos no más permanecen en Él; y seguramente, ya no más estamos mirando a Él sino sólo cuando es conveniente. Nuestras oraciones llegan a ser solo palabras, Su Palabra llega a ser tediosa, el amor para los hermanos llega a ser solo una obligación; y puede estar seguro de otra cosa, nuestro interés por las almas perdidas ya no es más importante. Ah, amado pueblo de Dios, ¡tenemos que admitir tristemente que esto es verdadero de mucho de la cristiandad de hoy!

Pero nota la condescendencia misericordiosa de nuestro Señor y Salvador precioso al exhortarnos: "Recuerda…, y arrepiéntete, y haz las primeras obras" (v.5). Usted sabe, Él podría justamente apagar nuestro testimonio y quitarnos del lado, como Él amenaza de hacerlo al fin de este versículo, mas Él nos dice primero lo que necesitamos que hacer para ser restaurado a esa relación de amor que teníamos con Él antes que nos caímos de él. Primero, "recuerda", es decir, acuérdate en tu mente y piensa acercas de cómo era cuando primero te enamoraste con Jesús y SOLO tenías ojos para Él y TODO lo que querrías hacer era de complacerle y decir a otros de Él. Sobre todo, "recuerda" Su "gran amor" para ti, que lo causó que se diera a sí mismo por ti en la cruz, y que, Él te ha amado con "amor eterno"; y en hacerlo, que te traiga a Él, y por Su gracia te cause que te enamores profundamente con El una vez más. En segundo lugar, Él dice también debemos de “arrepentirnos”; y esto no es que llegamos a ser simplemente más "religioso" o llegamos a ser más activo en la iglesia. No, el arrepentimiento aquí incluye una pena interna de un corazón quebrantado y un espíritu contrito por amar algo o alguien más que a Él, de lo frío de nuestro amor para Él y de la dureza del corazón a El, culpándonos por causa de ello y pidiendo perdón por ello. Por supuesto, en el tercer lugar, esta clase de arrepentimiento verdadero se demostrará por nosotros en hacer “las primeras obras”. Son ésas "primeras obras" que son producidas por el amor y es el resultado del Señor Jesús siendo nuestro “primer amor”. Otra vez, volveremos y empezamos de nuevo de vivir sirviéndole con una delicia y un fervor en que “nosotros le amamos á él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Amén.

Ahora, vamos a considerar algo que debíamos tomar muy gravemente. Sabemos que "misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia"; y podemos decir verdaderamente que Él “no ha hecho con nosotros conforme á nuestras iniquidades; ni nos ha pagado conforme á nuestros pecados” (Salmo 103:8, 10), pero todavía lo podemos limitar en nuestras vidas, no sólo por Él retirándose de nosotros, pero también por Él quitándonos de Su camino. Creo que esto ha sucedido, no sólo a iglesias, pero también a cristianos. Él nos advierte que si nosotros no “recordamos”, no nos “arrepentimos”, y hacemos “las primeras obras”, entonces Él hará lo siguiente: “Pues si no, vendré presto á ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido” (v.5). Debíamos nunca olvidarnos: Nuestro Dios es un Dios celoso, y Él no tolera a Sus pueblo que tengan a alguien o algo antes de Él en sus vidas, donde Él ya no es nuestro “primer amor”. El nos advierte aquí que si nosotros no volvemos atrás a Él y lo amamos sobre cualquiera o algo, Él nos quitará para que ya no seamos una luz en el mundo, que debíamos ser si Él es nuestro “primer amor”. Quizás podría ser que una iglesia, o aún cristiano, podrían persistir en un sentido físico, pero el poder y la influencia como "cristianos" ya no existe porque la Luz de Cristo y Su Evangelio ha sido apagada por el mismo Señor; y noten, que Él lo hará “presto”. ¡Eso es el peligro de la reincidencia en nuestras vidas si dejamos nuestro “primera amor”!

Ah, que la gracia de Dios nos guarde de caernos del Señor y permitir a cualquiera o algo que venga entre nosotros y el Señor Jesús. Que seamos capacitados cada y todos los días para ver a nuestro “Rey en su hermosura” y que Él es “todo…codiciable” que debiera atraernos a Él y amarlo con todo nuestro ser. Amados, hay TODO en nuestro Señor Jesús que debe llenar nuestros corazones con el amor para Él, y que no hay absolutamente NADA en Él que nos debe causar de voltearnos de Él. No sólo debemos de verlo en Su Persona gloriosa, pero también en TODO lo que Él hizo para salvar pecadores tales como somos aparte de Él. ¡Considere Sus sufrimientos y Su muerte en la cruz, y cómo debe ablandar nuestros corazones y llenarlo con amor para él! Ah, qué puédanos aprender a ser como la mujer pecadora de Lucas 7:37-50 que vino al Señor Jesús “y estando detrás á sus pies, comenzó llorando á regar con lágrimas sus pies, y los limpiaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus pies, y los ungía con el ungüento” (v.38) de su amor. Además, El agregó “que sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho; mas al que se perdona poco, poco ama” (v.47). ¡Qué el perdón de sólo un pecado en nuestro vidas nos cause de amarlo mucho al humillarnos a sus pies! Amén.