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A NUESTRO PRIMER AMOR
“Has dejado
tu primer amor”
Apocalipsis 2:4
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Tan importante como sea la doctrina, la obediencia, la
fidelidad, la santidad, las buenas obras, etc., en la vida cristiana,
mas la
perla de precio mayor en la cadena de gracia alrededor de nuestros
cuellos (si
podemos decirlo así), es nuestro amor para el Señor
Jesucristo. Todas las otras
cosas quizás sean verdad en nuestro vidas hasta cierto punto,
pero si nuestro
amor para el Señor esta faltando de cualquier manera, entonces
lo que el
apóstol Pablo dice en 1 Corintios 13 con respeto al amor
será también verdad en
nuestra relación con Él. En otras palabras, venimos "á ser como metal que resuena, ó címbalo
que retiñe", “nada
soy", y "de nada me sirve"
(versos. 1-3). Lo puedo poner en otra manera: Si nuestro amor para
el Señor
Jesús no es verdaderamente la perla más encantadora
alrededor de nosotros,
entonces ¡todo el resto de las perlas son hechas de "pasta"!
Nuestro texto se refiere a nuestro “primer
amor”; y yo podría preguntar,
“¿Quién sería éste?” Seguramente, no
debería ser un "qué". En cuanto
a esto, algo o cualquiera que sería considerado ser nuestro
primer amor en vez que
el Señor Jesucristo nos haría culpables de haber dejado
nuestro “primer amor”, quien debiera ser nadie
otro sino que nuestro Salvador precioso, el amado Hijo de Dios, “el cual me amó, y se entregó á
sí mismo por
mí” (Gálatas 2:20) para morir por mis pecados para
salvarme de ellos. Desde
el momento en que yo lo encontré, y por la fe Él
llegó a ser mi Redentor glorioso,
mi testimonio debe de ser como la de la Sulamita del Cantares de
Salomón cuando
se le preguntó: “¿Qué es tu amado
más que
otro amado, Oh la más hermosa de todas las mujeres?
¿Qué es tu amado más que
otro amado, Que así nos conjuras?” mi respuesta debe ser, “Mi amado es blanco y rubio, Señalado entre
diez mil…y todo él codiciable. Tal es mi amado, tal es mi amigo,
Oh doncellas
de Jerusalem” (5:9, 10, 16).
¿Nos atrevemos preguntarnos nosotros mismos,
“¿Qué
tanto verdaderamente amó al Señor Jesucristo?”
¿Puedo contestar diciendo que lo
amó con todo mi corazón, con toda mi alma, con toda mi
mente, y con toda mis
fuerzas (Mateo 22:37)? ¿Es Él mi todo y en todo
(Colosenses 3:11) lo que amó,
aún hasta al punto de la muerte (Apocalipsis 12:11)? Sí,
¿verdaderamente lo
considero ser mi "primer amor"
en toda mi vida; y esto porque AHORA yo lo amó porque Él
primero me amó (1 Juan
4:19)? De hecho, ¿sería mi amor para el Señor tan
intenso y tan poderoso que
con respecto a cualquier amor que tenga por cualquiera, inclusive mi
propia
familia, sería como "aborrecimiento"
(Lucas 14:26)? Amados, no hay ninguna otra conclusión o
cualquier otra opción:
Mi amor para el Señor Jesús debe de ser primero
y encima de cualquier otro amor que yo quizás tenga para
cualquiera o por algo
que sea en mi vida. Cuándo esto es verdad para cualquier
creyente entonces todo
lo demás caerá en su lugar, inclusive la manera que
vivimos. El amor para el
Señor Jesús es aquello que moverá nuestros
corazones para obedecerle, para
complacerle, para servirle, para seguirle, para glorificarle, para
serle fiel,
y para testificar de Él. Si esto no es verdad de nadie de
nosotros que
profesamos de amarlo, entonces tenemos que escudriñar
honestamente nuestros
corazones y hallar quién o qué es nuestro "primer
amor".
Usted sabe, esto es un cuadro de un cristiano
reincidido. De hecho, esto es precisamente lo que el Señor mismo
dice a estos
cristianos que han hecho: “Recuerda por
tanto de dónde has caído…” (v.5),
es decir, de donde te haz disminuido. Aunque las razones no son dadas
que causaron
el disminuir de la relación íntima y cercana de ellos con
el Señor (porque
puede ser cualquier cosa, tal como el pecado, la negligencia, el
descuidado, la
frialdad del amor, y de otras cosas); no obstante, ellos habían “caído” de esa relación eminente de amor
que ellos tuvieron previamente con Él. Siempre que eso sucede,
entonces
nuestros corazones ya no están más fijo sobre Él,
nuestros pensamientos no más permanecen
en Él; y seguramente, ya no más estamos mirando a
Él sino sólo cuando es
conveniente. Nuestras oraciones llegan a ser solo palabras, Su Palabra
llega a
ser tediosa, el amor para los hermanos llega a ser solo una
obligación; y puede
estar seguro de otra cosa, nuestro interés por las almas
perdidas ya no es más
importante. Ah, amado pueblo de Dios, ¡tenemos que admitir
tristemente que esto
es verdadero de mucho de la cristiandad de hoy!
Pero nota la condescendencia misericordiosa de nuestro
Señor y Salvador precioso al exhortarnos: "Recuerda…,
y arrepiéntete, y haz las primeras obras" (v.5). Usted
sabe, Él podría
justamente apagar nuestro testimonio y quitarnos del lado, como
Él amenaza de
hacerlo al fin de este versículo, mas Él nos dice primero
lo que necesitamos
que hacer para ser restaurado a esa relación de amor que
teníamos con Él antes que nos
caímos de él. Primero, "recuerda",
es decir, acuérdate
en tu mente y piensa acercas de cómo era cuando primero te
enamoraste con Jesús
y SOLO tenías ojos para Él y TODO lo que querrías
hacer era de complacerle y
decir a otros de Él. Sobre todo, "recuerda"
Su "gran amor" para ti, que
lo causó que se diera a sí mismo por ti en la cruz, y
que, Él te ha amado con "amor eterno"; y en
hacerlo, que
te traiga a Él, y por Su gracia te cause que te enamores
profundamente con El
una vez más. En segundo lugar, Él
dice también debemos de “arrepentirnos”;
y esto no es que llegamos a ser simplemente más "religioso" o
llegamos a ser más activo en la iglesia. No, el arrepentimiento
aquí incluye
una pena interna de un corazón quebrantado y un espíritu
contrito por amar algo
o alguien más que a Él, de lo frío de nuestro amor
para Él y de la dureza del corazón
a El, culpándonos por causa de ello y pidiendo perdón por
ello. Por supuesto,
en el tercer lugar, esta clase de
arrepentimiento verdadero se demostrará por nosotros en hacer “las primeras obras”. Son ésas "primeras
obras" que son producidas
por el amor y es el resultado del Señor Jesús siendo
nuestro “primer amor”. Otra vez, volveremos y
empezamos de nuevo de vivir sirviéndole con una delicia y un
fervor en que “nosotros le amamos á él,
porque él nos amó
primero” (1 Juan 4:19). Amén.
Ahora, vamos a considerar algo que debíamos tomar
muy
gravemente. Sabemos que "misericordioso
y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en
misericordia"; y
podemos decir verdaderamente que Él “no
ha hecho con nosotros conforme á nuestras iniquidades; ni nos ha
pagado
conforme á nuestros pecados” (Salmo 103:8, 10), pero
todavía lo podemos
limitar en nuestras vidas, no sólo por Él
retirándose de nosotros, pero también
por Él quitándonos de Su camino. Creo que esto ha
sucedido, no sólo a iglesias,
pero también a cristianos. Él nos advierte que si
nosotros no “recordamos”, no nos “arrepentimos”,
y hacemos “las primeras obras”, entonces
Él hará lo siguiente: “Pues si no,
vendré presto á ti, y quitaré
tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido” (v.5).
Debíamos
nunca olvidarnos: Nuestro Dios es un Dios celoso, y Él no tolera
a Sus pueblo
que tengan a alguien o algo antes de Él en sus vidas, donde
Él ya no es nuestro
“primer amor”. El nos advierte aquí
que si nosotros no volvemos atrás a Él y lo amamos sobre
cualquiera o algo, Él
nos quitará para que ya no seamos una luz en el mundo, que
debíamos ser si Él
es nuestro “primer amor”. Quizás
podría ser que una iglesia, o aún cristiano,
podrían persistir en un sentido
físico, pero el poder y la influencia como "cristianos" ya no
existe
porque la Luz de Cristo y Su Evangelio ha sido apagada por el mismo
Señor; y
noten, que Él lo hará “presto”.
¡Eso
es el peligro de la reincidencia en nuestras vidas si dejamos nuestro “primera amor”!
Ah, que la gracia de Dios nos guarde de caernos del
Señor y permitir a cualquiera o algo que venga entre nosotros y
el Señor Jesús.
Que seamos capacitados cada y todos los días para ver a nuestro “Rey en su hermosura” y que Él es “todo…codiciable”
que debiera atraernos
a Él y amarlo con todo nuestro ser. Amados, hay TODO en nuestro
Señor Jesús que
debe llenar nuestros corazones con el amor para Él, y que no hay
absolutamente
NADA en Él que nos debe causar de voltearnos de Él. No
sólo debemos de verlo en
Su Persona gloriosa, pero también en TODO lo que Él hizo
para salvar pecadores
tales como somos aparte de Él. ¡Considere Sus sufrimientos
y Su muerte en la cruz,
y cómo debe ablandar nuestros corazones y llenarlo con amor para
él! Ah, qué
puédanos aprender a ser como la mujer pecadora de Lucas 7:37-50
que vino al
Señor Jesús “y estando detrás
á sus pies,
comenzó llorando á regar con lágrimas sus pies, y
los limpiaba con los cabellos
de su cabeza; y besaba sus pies, y los ungía con el
ungüento” (v.38) de su
amor. Además, El agregó “que sus muchos
pecados son perdonados, porque amó mucho; mas al que se perdona
poco, poco ama”
(v.47). ¡Qué el perdón de sólo un pecado
en nuestro vidas nos cause de
amarlo mucho al humillarnos a sus pies! Amén.