VOLVIENDO ATRAS

“Vuélvenos, oh Jehová, á ti, y nos volveremos: Renueva nuestros días como al principio” (Lamentaciones 5:21) 

Como saben, cada Año Nuevo muchos de nosotros hacemos resoluciones para ser una mejor persona en el año venidero con respecto al año pasado. Reconocemos que en muchos sentidos hemos venido muy corto de la clase de persona que debemos haber sido en nuestras relaciones con otras personas, especialmente dentro de nuestra propia familia. O quizás nuestras resoluciones tendrán que ver con tratar de deshacernos de algunos vicios que en algunas maneras nos dañan, incluyendo a otros. Pero no importa que quizás sea la razón, deseamos de ser mejores personas y así que resolveremos de hacerlo. Por supuesto, entendemos que a hacer resoluciones habrá algunas cosas que tendremos que renunciar, o cambiar algunas cosas en nuestras vidas. Cualquier cosa que sea, somos determinados a hacerlo; y así que empezaremos el Año Nuevo con la esperanza que triunfaremos.

¿Qué de los cristianos? ¿Debemos también acercarnos al Año Nuevo con la intención de hacer resoluciones porque tenemos que confesar que a reflejar atrás al "año viejo" nuestras vidas fueron tan poco cristiano en muchos sentidos? Creo que la mejor manera de describir esto sería en llamarlo una vida reincidida. Solamente en pensar de hacer resoluciones indica que esto es lo que nos ha sucedido; de otro modo, ¿por qué pensaríamos en ello? Oh, quizás digamos que todo lo que queremos es de hacer mejor. Bueno, eso puede ser verdad; pero todos tenemos que confesar que no es hacer resoluciones que nos hace mejores cristianos en el año venidero. Por el otro lado, si somos determinados en hacerlos, entonces que sea como el apóstol Pablo lo puso: “Hermanos, yo mismo no hago cuenta de haber lo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome á lo que está delante, prosigo al blanco, al premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13, 14). Si hacemos esto, entonces, por la gracia de Dios lo lograremos en Cristo Jesús. Amén. 

Pero temo, amados, en considerar del estado espiritual de lo que es llamado la cristiandad de hoy, hay una necesidad más grande que simplemente hacer resoluciones para el Año Nuevo. Permítame por favor de ser franco: Si somos honestos con nosotros mismos, lo que vemos alrededor de nosotros, si en las iglesias o en las vidas individuales de los que profesan ser cristianos, el Señor tiene mucho en quejarse de Su pueblo. Así como en los tiempos de Jeremías, el estado espiritual de Israel y Judá era tan deplorable que causó aún que Dios dijera a Su profeta que no orara por ellos: “Tú pues, no ores por este pueblo, ni levantes por ellos clamor ni oración, ni me ruegues; porque no te oiré” (7:16). Ellos se habían tan reincidido que Él los fue dejando a las consecuencias de sus pecados sin ninguna esperanza de restauración y ellos recibirían el justo merecimiento de su rebelión, como resulto más adelante. Lea Jeremías. Oh, ¡nos debe causar que temblemos en saber que Dios puede decir a Sus ministros que no oren por Su pueblo, lo que también nos dice que Él no oirá nuestras oraciones! ¿Podemos decir que esto podría ser verdad de la Iglesia hoy en día?

En los cinco capítulos de Lamentaciones el profeta Jeremías nos dice de cómo el pueblo de Dios se hallan a sí mismos a causa de sus pecados, de cómo Dios había tratado con ellos, en cómo el pueblo de Dios se han de someterse humildemente a sus sufrimientos con la esperanza de la misericordia, y de un volver atrás a Dios. Oh, es verdad que Dios tiene toda razón para tratar con nosotros severamente por nuestras reincidencias y de no oír nuestras oraciones; y todavía si podemos confesar sinceramente con David: “A ti, á ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos: Porque seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio” (Salmo 51:4), puédanos confesar con la fe de Job: “He aquí, aunque me matare, en él esperaré” (13:15). Sí, amado pueblo de Dios, nuestras reincidencias son hasta tal punto que Dios sería justo en lanzarnos lejos de Él y nunca jamás oír nuestras oraciones. Con todo, amados, podemos encontrar todavía la esperanza en las profundidades de la oscuridad de nuestros pecados si solamente admiraríamos hacia el cielo y oramos con el profeta: “Vuélvenos, oh Jehová, á ti, y nos volveremos: Renueva nuestros días como al principio” (Lamentaciones 5:21).

Pero primero note ante todo: No es el poder de nuestra voluntad en hacer una resolución que nos hace una mejor persona para el año venidero. Siempre ha sido el clamor del reincidente humillado en reconocer su impotencia total de cambiar su vida para lo mejor. Ya ven, lo que sucede en la reincidencia es que nos volteamos de Dios; y en hacerlo, seguimos detrás del pecado. Consecuentemente, nuestro corazón se endurece y nos deleitamos en sus placeres; y así que, viviremos para complacernos, y no tenemos cuidado de nadie más, especialmente para el Señor en nuestras vidas. Todavía, si Dios de Su misericordia es complacido para revelarnos nuestro estado desesperado, por Su gracia Él nos moverá a orar: "O Señor, yo soy impotente. Yo no puedo librarme, pero oh Señor, ¡qué te agrade de alargar tu mano y traerme para atrás a Ti!” Esto, el profeta confiesa en su oración: “Vuélvenos, oh Jehová, á ti”. En otras palabras, Dios tiene que voltearnos a Él; de otro modo, ¡nosotros no lo haremos! Por lo tanto, por mucho que hacemos resoluciones ellas no nos voltean atrás a Dios, lo cual nos haría mejores personas en Jesucristo y nos dará poder para andar como un cristiano debe andar; porque como el apóstol Juan nos dice: “El que dice que está en él, debe andar como él anduvo” (1 Juan 2:6).

Así que en segundo lugar vemos que si Dios nos voltea para atrás a Él, “nos volveremos”. Siempre que Dios haga una obra poderoso de gracia en nuestras vidas ella definitivamente cambiará nuestras vidas. Mientras que antes nos encontramos retirados lejos de Dios a causa de nuestras reincidencias, ahora en ser vueltos a Él encontramos que el poder de Su gracia irresistible es más que suficiente para revivirnos, para renovarnos, para restaurarnos y seguramente, para reformarnos. Lo qué la multiplicidad de resoluciones no puede hacer, estamos seguros que la gracia de Dios puede hacer lo imposible en nuestras vidas. No es simplemente un quizás ni si se puede, pero “nos volveremos”, ¡que implica también regresar a Él! En vez de continuar en la rebelión y la desobediencia haremos como el Hijo Pródigo, que no sólo desea de regresar, sino que regresará a su padre, como relacionado en Lucas 15: Me levantaré, é iré á mi padre…” (v.18); “y levantándose, vino á su padre (v.20). Ya ven, amados, cualquier tiempo que Dios nos voltea a Él, Él “obra así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13) para regresar a Él. Por eso hay siempre esperanza para el más vil y endurecido de los reincidentes; porque “cuando el pecado creció, sobrepujó la gracia” (Romanos 5:20). En otras palabras, amados, nosotros no podemos "pecar fuera" de la gracia de Dios; porque si pertenecemos verdaderamente a Él en Jesucristo Él no permitirá que nos volteemos de Él finalmente y fatalmente. ¡Aleluya!

Luego, terceramente, el profeta continúa orando: “Renueva nuestros días como al principio”. En la experiencia del avivamiento no es algo "nuevo" que es añadido a nuestra relación con Dios sino un "reedificar" de esa relación que fue rota debido a nuestras reincidencias. Eso es expresado por Jeremías en el capítulo 31, el verso 4, De nuevo te edificaré, y serás reedificada, Virgen de Israel” (Nueva Biblia de los Hispanos). El pecado ha empeorado y ha arruinado nuestra relación con el Señor, pero ahora deseamos de ser restaurados a lo que era al primero y en el principio cuándo la gracia divina bajo desde los cielos y le “plugo librar mi vida del hoyo de corrupción” (Isaías 38:17), y así que “las cosas viejas pasaron” y “todas son hechas nuevas…en Cristo” (2 Corintios 5:17). Pero ¡ay! ¡Encuentro que he “dejado (mi) primer amor” y ya no hago “las primeras obras" (Apocalipsis 2:4, 5)! ¿Qué puedo hacer? Oh, mi única esperanza es como el profeta ora: “Renueva nuestros días como al principio”. Amados, Él SOLO puede "reedificar" nuestras vidas cristiana; Él SOLO puede traernos para atrás a Él para que podamos andar con Él una vez más como hacíamos en amor y en obediencia a Su voluntad en nuestras vidas. ¿Somos resueltos en hacerlo así este Año Nuevo?

Es mi deseo más ferviente que nuestro Dios quien “levanta los muertos” (Juan 5:21) se agrade de levantar a Su pueblo como Él ha hecho tantas veces antes en Avivamiento y Despertamiento Espiritual. No es una pregunta de la habilidad y el poder de nuestro Dios para hacerlo, sino una cosa de cuántos de Su pueblo están dispuestos para orar: “Vuélvenos, oh Jehová, á ti, y nos volveremos: Renueva nuestros días como al principio” (Lamentaciones 5:21). Oh, cómo necesitamos tomar a corazón lo que el apóstol Pablo exhorta que el pueblo de Dios haga: "Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora nos está más cerca nuestra salud que cuando creímos. La noche ha pasado, y ha llegado el día: echemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de luz, andemos como de día, honestamente: no en glotonerías y borracheras, no en lechos y disoluciones, no en pendencias y envidia: Mas vestíos del Señor Jesucristo, y no hagáis caso de la carne en sus deseos" (Romanos 13:11-14). Sí, amado pueblo de Dios, ¡es tiempo que despertemos y de salirnos de la oscuridad total de nuestras reincidencias a la luz gloriosa de Su gracia en el Avivamiento! Oramos en el Nombre omnipotente de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Amén.

Por Lasaro Flores